Lobo
Acecha en el páramo, bajo la ventisca nevada. Con ojos amarillos y pelaje grisáceo, oculta la profunda verdad del frío. Da miedo mirarlo por primera vez, pero su esencia es paciente: aguarda a que estés un poco más viejo, un poco más solo, un poco más derrotado, para invitarte a caminar la noche entre árboles cubiertos de nieve.
Intrusión
Sostuvo la carta con dedos temblorosos. Cada palabra amenazaba con derrumbar el frágil andamio de su cordura. La misiva dictaba:
«Estimado Sr. Espectro: Hemos recibido su pedido y procederemos a realizar la intervención solicitada a fin de expulsar a la intrusa que ocupa su hogar. Para ello, hemos enviado a nuestros mejores sacerdotes a fin de que tomen las medidas pertinentes. Atte. Asociación Sacerdotal de la Cripta. Calle Penumbra 661, Necrópolis».

Se dejó caer en la silla, fijos los ojos en el papel. Lo había leído, pero su mente se negaba a procesarlo.
De pronto, una serie de golpes contundentes en la puerta de entrada la arrancaron de su estupor.
En la cima
Siempre fui superior a la mayoría y no me apena decirlo; la modestia no es un rasgo que compartan los adelantados a su tiempo. De adolescente rompí todos los récords deportivos que existían; de joven adulto, ya había fundado mi propia empresa millonaria.
Sigo superándome, pues soy un ejemplo para las masas. Ahora mismo, mientras grabo y documento mi vida para mi próximo libro autobiográfico, escalo la montaña más alta del mundo. Ya estoy a mitad de camino y, en plena ascensión al filo de la cornisa nevada, organizo una conferencia de prensa a distancia para cuando llegue a la cima.

Como experto en todos los deportes importantes, siempre hago todo por mi cuenta; por eso me negué a la inútil asistencia de los guías y a las tontas advertencias climatológicas. Lo único que me guía es mi instinto; he llegado hasta aquí gracias a él.
Ahora se oye una serie de truenos en la distancia. No me amedrenta.
Veo con claridad una avalancha; viene directo hacia mí, devorándolo todo como un tropel desaforado.
─Jaja, mundo mediocre y envidioso… ¡Espero que el próximo esté a mi altura!

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