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DE NAZIS, GENOCIDIOS Y MALVINAS

RACISMO, CAMPAÑA ANTIARGENTINA Y OTRAS YERBAS

Racismo y campaña antiargentina son dos términos que siguen dando vueltas tras el mundial de fútbol. Cierto es que a partir del despliegue de la bandera que rezó "Las Malvinas son argentinas", todo se recrudeció acelerado por las "magias" del algoritmo que se alimenta con odios, insultos y hate.

Ilustración: Diego Abu Arab
Edición 145 - 1 de agosto de 2026
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1 de agosto de 2026 Reloj 12' de lectura

Desde hace años, espacios culturales, académicos, militantes y educativos (también lo hemos hecho en La Mala) abordan el tema del racismo en nuestra sociedad ¿Cómo surge? ¿Cómo se reproduce o promueve? ¿Qué afectaciones tiene? Son algunas de las preguntas que han guiado la reflexión y la inquietud. 

Efectivamente, me atrevo a decir que la totalidad de las sociedades modernas presentan rasgos racistas en sus percepciones y sentidos comunes. Las consecuencias de esos racismos, o la violencia con la que se expresan es lo que ha hecho que se organicen distintas respuestas institucionales que van desde la promoción de su erradicación al castigo penal sobre esas prácticas.

Lo que resultó llamativo en este contexto es que los países que exportaron al mundo los fundamentos del racismo o los que por más tiempo lo consagraron legalmente en sus territorios son los que alzaron el dedo. La falsa acusación de que “Argentina es el país más racista del mundo” despertó una justificada ola de indignación en nuestro país. Sin embargo, que no seamos el país “más racista del mundo” no nos exime de vivir, convalidar y reproducir formas de discriminación racial que afectan la vida de miles de personas de múltiples maneras y que tenemos la obligación de revisar.

RACISMO IMPORTANDO, EUROCENTRISMO DESUBICADO

El racismo en nuestro país no sólo viene de las estructuras coloniales heredadas de tiempos hispánicos. Ya constituido el Estado Nacional argentino, hacia la segunda mitad del siglo XIX, los referentes de la elite dominante liberal promovieron valores eurocéntricos con la particularidad de que ni ellos eran europeos ni estaban en territorio europeo.

El “racismo importado” implicó que las perspectivas racistas (especialmente presentes en el colonialismo inglés y francés) fueran impuestas en las políticas desarrolladas por el Estado, la educación, la prensa y el sentido común. Así fue como la población originaria y afrodescendiente fue catalogada como primitiva, bárbara, inferior y poco evolucionada y, de allí, la ponderación por implantar población europea para conformar el pueblo argentino.

Por justicia a la historia argentina tenemos que decir que, a diferencia de lo que terminó imponiéndose e imperando, una parte importante de las elites revolucionarias que lideraron los procesos independentistas intentaron sentar las bases de una Argentina justa y libre para todos los hijos de su tierra, sin distinción de raza ni etnia.

En 1813, los territorios independizados del Río de la Plata declararon la libertad de vientres, cortando la transmisión de la esclavización como si fuera un gen irremediable.

Asimismo, líderes militares y políticos como Manuel Belgrano y José de San Martín valorización los aportes del “bajo pueblo” esclavizado por la estructura colonial y, especialmente, a los pueblos originarios que prestaron fiereza en la lucha contra los realistas. Incluso, como propuesta para la organización política y jurídica del país naciente, Belgrano planteó la constitución de una monarquía constitucional con un soberano inca.

En las estrofas del Himno Nacional Argentino que escribió Vicente López y Planes se rezaba:

“Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor”

Pero no conocemos esos versos, así como ignoramos tantas cosas más, porque la elite triunfante después de Caseros tendría otro proyecto para la organización nacional.

EL RACISMO EVOLUCIONISTA Y DEGENERATIVO

De Urquiza en adelante, con pocos matices, la sociedad argentina consolidaría una estructura social racializada. Los afrodescendientes, libertos a partir de la Asamblea del año XIII, formarían parte del pueblo bajo ocupando las zonas más aisladas de los pueblos o ingresando en los últimos escalafones del ejército. Muchos y muchas continuarían en condición de servidumbre en las casas de sus antiguos amos, porque salirse de allí era condenarse al hambre.

Si bien conceptualizar sucintamente al racismo es una misión prácticamente imposible, a grandes rasgos suelen explicarse dos formas en las que se ha desarrollado.

Por un lado, el racismo evolucionista, que opera por la inferiorización de sus víctimas, propio del colonialismo inglés y las ideas de teóricos como Spencer, Morgan y Tylor, en las que el hombre blanco y europeo es constituido como punto máximo de evolución y de allí la necesaria jerarquización social.

Por otro lado, el racismo degenerativo, característico del imperialismo francés, que tendría derivaciones hasta en los proyectos eugenésicos de la Alemania nazi. Como podemos observar, la construcción de supuestos argumentos morales, jurídicos y científicos fueron inventados por aquellos que lo promulgaron e impusieron en el mundo y que ahora, como diría mi abuela, “se hacen las carmelitas descalzas”.

“La llamada “Campaña del Desierto” fue el paroxismo de todas las formas de racismo”

Por esta parte del mundo, la influencia inglesa signó no sólo el rumbo económico del Estado argentino naciente (agroexportador y dependiente) sino que influyó en las peores atrocidades que cometimos. La guerra genocida contra el Paraguay, los crímenes contra los pueblos y caudillos federales del noroeste y, más tarde, las campañas militares de exterminio de los pueblos indígenas patagónicos.

La llamada “Campaña del Desierto” fue el paroxismo de todas las formas de racismo. Asesinatos, traslados forzosos, separación de los miembros de los grupos étnicos para evitar su reproducción, exposición de seres humanos en museos y zoológicos (norteamericanos, belgas, franceses, alemanes y locales), disecaciones de cuerpos con fines “científicos” y campos de concentración fueron algunas de las prácticas desarrolladas. Y con ellas, la justificación, el silencio, la invisibilización y la negación.

Décadas más tarde, la “Campaña del Gran Chaco” haría su parte en el norte. A los asesinatos se sumó el sistema de reducciones que diezmó a las comunidades y sus culturas.

La “asimilización” de los indígenas que no fueron asesinados fue forzada y homogeneizadora. Podían vivir en tanto se mezclen lo suficiente que no se note su origen. No podían hablar sus lenguas, ni rezar a sus dioses, ni seguir con sus prácticas culturales, ni habitar sus tierras.

EL RACISMO ESTÉTICO

Con el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y los avances en la biología y la genética, los antiguos argumentos racistas se fueron abandonando. Pero, aunque el racismo clásico haya perdido adeptos, el racismo como forma de exclusión de los otros continúa operando con singular éxito.

“Los negros en Argentina no sólo son los afrodescendientes sino cualquier tono de piel un poco más oscuro que, sobre todas las cosas, integre los sectores populares”

El odio a “los cabecita negra” del conurbano que irrumpieron con el primer peronismo se ha continuado con el paso de las décadas. Los “negros” en Argentina no sólo son los afrodescendientes sino cualquier tono de piel un poco más oscuro que, sobre todas las cosas, integre los sectores populares.

Cuando el boxeador y militante de los derechos de los afroamericanos Muhammad Ali visitó la Argentina comió un asado con el dirigente sindical del peronismo José Ignacio Rucci. En medio de la cena, Ali preguntó a Rucci ¿Dónde están los negros? A lo que Rucci contestó: “acá los negros somos nosotros”.

En la actualidad, el racismo en nuestro país se refleja con rasgos clasistas y xenófobos a lo que se suma la operación simbólica de “extranjerizar” todo lo que no sea fácilmente reconocible como descendiente de migrantes europeos. Los rasgos y la cultura indígena siguen siendo desconocidos, invisibilizados y negados, como si fuera una excepción.

AUN ASÍ, MUCHO PARA SENTIR ORGULLO

Más allá de esta breve descripción histórica que habla de esos lados por donde “nos aprieta el zapato”, hay muchísimo por lo que debemos sentir orgullo.

Los miles de migrantes de la región que nos han elegido lo han hecho porque aún (y esperemos que así perdure) se conservan estructuras legales benevolentes para acceder a un conjunto básico de derechos civiles, sociales y políticos que no existen en casi ningún país del mundo.

Los novios, las familias, los amigos, los equipos de laburo integran a seres humanos de lugares y ascendencias distintas de manera natural.

Los argentinos somos una mezcla desordenada, caótica y espectacular que aún conserva cuotas de amor propio e irreverencia que nos hace alzar la voz y levantar un trapo mal pintado que le dice al mundo “nos han robado nuestra tierra, pero las Malvinas son nuestras”.

Han levantado su ensangrentado dedo acusatorio representantes de los países que parieron zoológicos humanos, que colonizaron e hicieron mierda a los pueblos del mundo o que sostuvieron leyes de segregación racial hasta hace pocos años atrás, los mismo que ven la forma de sacarse de encima a los inmigrantes pobres y guerreados del mundo que padecen las consecuencias de los modelos económicos y políticos que ellos orquestan desde su privilegio global.

Lamentablemente, y de eso nos tenemos que hacer cargo, el impresentable gobierno de Javier Milei contribuye mucho a la confusión. De allí que sectores respetables y progresistas del mundo piensen que el pueblo argentino se parece al desquiciado que lo gobierna. Por esa razón ahora nos vemos en la obligación de tener que explicarnos. Por esa razón, también, tenemos que pensar mejor a quién votamos.

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