Por tres años decenas de ciudades españolas intentaron resistir el golpe de Estado encabezado por Franco y otros generales. Ese período llamado guerra civil tiñó de sangre a España y dejó una cicatriz inmensa, imborrable, imposible de disimular.
El llamado bando republicano se dividió en estrategias de acción que fueron desde la resistencia al fascismo a la profundización de una revolución que no se privó de excesos. Pero lo cierto es que, poco se ha hablado de la resistencia heroica de ciudadanos que sin armas defendieron como pudieron a sus pueblos y familias.
Miles de exiliados salieron de España, algunos de ellos terminaron en los campos de concentración del nazismo. Otros lograron cruzar el océano y algunos llegaron a la Argentina.
Terminada la resistencia, Franco impuso una dictadura férrea que tuvo un saldo, nunca precisado, de más de cien mil desaparecidos. Esos que aún quieren escapar del olvido cada vez que se conoce una fosa común. Presos, asesinados, mutilados, violadas, desaparecidos. Y para consolidar la España católica, se combatió al catalán y al euskera (el idioma vasco) y se crearon correccionales y centros clandestinos.
La dictadura franquista no cayó, ni la hicieron caer. Cuando el dictador murió el trabajo de reestructuración de la sociedad española ya estaba hecho. Silencio, olvido, impunidad.

La irónica puerta del «no pasarán» de la resistencia republicano frente al avance del franquismo
Más de medio siglo después, el Estado español no construyó políticas de memoria ni promovió el juzgamiento de los criminales de lesa humanidad. De allí, el respeto y el reconocimiento de las organizaciones, académicos y juristas españoles especializados en Derechos Humanos (DDHH) por nuestro país.
Sin embargo, a pesar de la ausencia de memoria estatal, la memoria de los pueblos busca las formas de colar su dolor y resistencia. Y en esos agujeritos de memoria, aparece el recorrido de Mónica, con sus postales y sus fotos.
La Madrid que recibe millones de turistas y que se muestra como una de las capitales más dinámicas de Europa, fue una ciudad destruida por el bombardeo de los golpistas. Y las esquirlas están allí, aunque ninguna placa recuerde aquellos tiempos en los que el ejército masacraba a su propio pueblo.
En esta entrevista, Mónica nos cuenta de su experiencia y nos hace pensar, como un espejo, en nuestra propia historia.

El edificio de la Presidencia de la Comunidad de Madrid vestido de festejos por el mundial. Durante el franquismo fue un centro clandestino de detención donde cientos murieron, fueron torturados y mutilados. No hay ninguna placa o referencia que lo recuerde
– ¿Cómo nació la Ruta de la Memoria?
– Durante todos los años que viví en Argentina, después de haber vivido cinco años en Barcelona, siempre estuve muy pendiente de la historia y la política española. Por aquel tiempo, 2011, se suscitó el movimiento de protesta que se conoció como “los indignados” y después el surgimiento de Podemos. Todo ese momento de tantos cambios lo empecé a linkear con las cosas que iba viendo mientras cursaba la carrera de sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Una vez recibida, empecé a trabajar en el Museo Sitio de Memoria ex ESMA y de allí fui armando nuevas ideas sobre la construcción de memoria. Se me ocurrió hacer algo similar, pero en Barcelona, flasheaba con volver, pero no me animaba a dejar todo. Así fue como un amigo que hacía tours turísticos por Buenos Aires me dijo ‘¿por qué no te armás un recorrido de la guerra civil española en Buenos Aires y agarrás Avenida de Mayo?’ Me pareció una idea espectacular y, finalmente, el proyecto piloto terminó siendo un éxito. Muchísimas personas se enteraban del recorrido por las redes sociales o el boca en boca. Por cuatro años realicé la ruta de memoria por el centro porteño, lo que me dio impulso para venir a Madrid en junio del 2025.
– ¿Por qué Madrid?
– Es una ciudad que tiene mucha cultura en cuanto a memoria histórica. Todas las ciudades la tienen, pero en Madrid hay un nicho muy importante. Las personas que vienen al recorrido son, mayoritariamente, de Madrid y la mayoría tiene algún familiar represaliado, es decir, algún familiar que pasó por una cárcel o por un campo de concentración o que está en una fosa común a causa de los crímenes del franquismo. La ruta está construida por los pocos símbolos públicos que hay de recordación de los graves crímenes de Estado del franquismo. La dirigencia política pactó la impunidad y la sociedad quedó atada por el silencio.

Pequeña placa de 10 centímetros cuadrados que recuerda donde vivieron exiliados republicanos que pasaron o murieron en campos de concentración nazi. iniciativa de un matrimonio militante por la memoria
– ¿Por qué España no pudo construir una memoria pública más fuerte sobre lo que pasó?
– Creo que lo que lo impidió es, en primer lugar, que la dictadura duró 40 años y arrasó con la identidad de miles de personas. No fue una generación la que pasó por una dictadura, sino que fueron tres. Cuatro décadas de adoctrinamiento estatal, sumado a un terror permanente que deja secuelas hondas e irreversibles. A eso hay que sumarle, en segundo lugar, que la democracia que llegó a partir de la muerte de Franco tampoco tomó las riendas para hacer un análisis de lo que había ocurrido. Franco murió el 20 de noviembre del 1975, pero tras su muerte no se hizo una depuración de ninguna de las estructuras, ni partidarias, ni policiales, ni judiciales. Otro elemento a tener en cuenta, que aplica a cualquier país afectado por estos procesos, es que es más fácil tensionar críticamente el pasado en ciudades de grandes dimensiones, en las que las personas son “anónimas”, que en los pueblos más chicos, donde los hijos y nietos de los vencedores y de los represores siguen estando ahí. Recuerdo que planteábamos esto con el equipo de guías de la ex ESMA. ¿Hasta qué punto se puede afirmar que las políticas de memoria y el impacto que tienen en la sociedad son iguales en todas las provincias y ciudades argentinas?
– Cuando hablamos de esos años críticos de España, la historia, la literatura, el cine, el arte e incluso las familias de las víctimas hablan de guerra civil, pero vos discutís ese término para describir lo que sucedió ¿por qué?
– Porque, tal como lo dice la querella argentina contra los crímenes del franquismo, considero que son crímenes de lesa humanidad y genocidio. Crímenes de lesa humanidad porque comienzan con un golpe de Estado de las Fuerzas Armadas contra la población civil, y genocidio porque el objetivo fue destruir a determinados grupos sociales a través de la construcción del enemigo y del acorralamiento físico y moral de miles de personas. El concepto de guerra civil equipara a dos partes que no tienen la misma responsabilidad: la responsabilidad de las Fuerzas Armadas de los países es la de proteger a sus ciudadanos, no de atacarlos.

Muerto Franco, el régimen de represión continuó. Uno de los hechos más conocidos fue el de los abogados de Atocha, cuando un grupo de abogados laboralistas fueron masacrados por una patota parapolicial
– Sos militante de los DDHH y una profesional abocada a estos temas desde hace años ¿Cómo viviste todo lo que ha ocurrido en el contexto de la final del mundial de fútbol?
– Sentí una gran decepción, porque encontré mucha agresividad por parte de gente con la que comparto espacios vinculados a todo el tema de la memoria histórica. Sin embargo, creo que hay insistir y seguir construyendo memoria, porque miles de personas tanto en Argentina como en España, lucharon por crear sociedades más justas… la verdad es que muchos de los derechos que hoy nosotros tenemos son gracias a esas personas que hoy están en fosas comunes sin el digno y sagrado descanso que le quisieron dar sus seres queridos. En este momento del mundo, en el que las extremas derechas están avanzando tan fuertemente, con mucha más razón hay que levantar esas banderas y luchar con la misma convicción para tratar de que de que esa extrema derecha no vuelva a aplastarnos como pueblo.

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