BUENA MEMORIA, CAPÍTULO 4

HIJOS: GURISES VÍCTIMAS DEL TERRORISMO DE ESTADO

Dijo el poeta “sólo una cosa no hay y es el olvido” y, por eso, en el año que recordamos los 50 años del último golpe cívico-militar, abrimos otra conversación atravesada por la ausencia. En este capítulo, una historia de alguien quien vivó la dictadura en primera persona.

Texto y entrevistas: Agustina Díaz | Edición audiovisual: Isidro Alazard
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A 50 años del golpe militar, como pueblo nos enfrentamos a la obligación histórica y moral de pensar aquel capítulo sombrío de nuestro pasado reciente. Un pasado que no sólo nos asombra por su dimensión, alcance y complejidad, sino que además nos consterna por su violencia y perversión.

Entre los renglones más oscuros, más inentendibles y crueles, se encuentra el de los niños y niñas que fueron secuestrados. Niños detenidos clandestina e ilegalmente, en ocasiones torturados con o junto a sus padres.

Entre cientos de casos, sólo un puñado pudo conocer su verdad y construir ese rompecabezas que otros rompieron, un rompecabezas del que robaron partes que no devuelven, esas partes que metieron dentro del pacto de silencio que aún hoy, medio siglo después, deciden continuar los represores.

LA BÚSQUEDA DE MATÍAS

La apropiación y desaparición de Matías Ayastuy Bugnone, siendo un bebé de 9 meses, no fue una excepción ni una particularidad. La sistematicidad del robo de niños y niñas fue parte de la planificación de la represión clandestina e ilegal de la dictadura.

El informe del “Nunca Más”, realizado por la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep), creado por el primer gobierno democrático con la intención de recabar información y testimonios probatorios del horror, tuvo que hacer un apartado especial sobre niños desaparecidos y embarazadas. Allí se señalan casos, producidos durante los años 1977 y 1979, en los que bebés de pocos meses fueron secuestrados en violentos operativos juntos con sus padres y medras, y llevados, incluso, a Centros Clandestinos de Detención , mientras que otros fueron llevados a casas cuna u hospitales.

Matías es hijo de Marta Elsa Bugnone y Jorge Ayastuy, detenidos desaparecidos desde el 6 de diciembre de 1977, en el marco del violento “Operativo Escoba”, un plan sistemático para eliminar la militancia del Partido Comunista Marxista Leninista, que durante la dictadura se destacó por la defensa de los Derechos Humanos y la denuncia de los crímenes de la represión. En el marco de los operativos, desaparecieron decenas de militantes, incluido niños y niñas de menos de cinco años de edad, algunos abandonados en la vía pública, otros entregados a hospitales.

Con la desaparición de los niños y niñas comenzaba en las familias una búsqueda desesperante que irrumpía toda cotidianidad. Ministerios, hogares, orfanatos, casas cuna, maternidades, hospitales, dependencias militares e iglesia eran parte del itinerario que sus abuelos, abuelas y tíos realizaban constantemente para dar con las criaturas arrancadas de sus padres y del seno familiar, arriesgando su propia vida.

Matías sobrevivió al operativo en el que fueron llevados sus padres porque ellos, como último gesto de amor, llegaron a pasarlo, a través del tapial del patio donde vivían, a la vecina de atrás. Horas más tarde, al darse cuenta de esto, los militares fueron a buscarlo, pero su delicado estado de salud los obligó a internarlo. Fue la valentía de una enfermera la clave para que la incesante búsqueda de su familia llegara a buen puerto.

Estela Bugnone y Guillermo Almeida tuvieron a su cargo la inmensa tarea de criar, junto a sus hijas, a Matías, tras la desaparición de Marta y Jorge. En su sencillez y amorosidad, ellos buscaron reparar, curar y proteger desde el amor y, sobre todo, desde la verdad a aquel bebé que el Terrorismo de Estado le había arrebatado casi todo.


En 1983 la dictadura terminó y la democracia se alcanzó tras años de luchas. El saldo humano fue trágico. Las elecciones, la entrega del poder político y la burocracia estatal por parte de las Fuerzas Armadas a los partidos políticos no significaron de manera automática el fin de las lógicas impuestas durante el Terrorismo de Estado. Las consecuencias del plan económico, el rompimiento de los lazos sociales, la desconfianza, la culpabilización de las víctimas, el negacionismo y la búsqueda de impunidad se continuaron. Pero también en aquellos primeros años parte de la sociedad que había ignorado lo ocurrido comenzó a conocer la magnitud de los hechos a través del trabajo de la Conadep y el Juicio a la Juntas. Y en ese contexto de lucha por la memoria, la verdad y la justicia, los niños y niñas recuperados iban creciendo y construyendo su propia historia.

HIJOS POR LA IDENTIDAD Y LA JUSTICIA CONTRA EL OLVIDO Y EL SILENCIO

Con esa fuerza resiliente tan propia de nuestro pueblo argentino, en medio de la impunidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final y de los indultos, hijos e hijas de desaparecidos y desaparecidas de todo el país comenzaron a organizarse y crearon Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio (HIJOS) con el objetivo de acompañar a las Madres y a las Abuelas, aportar a la restitución de la identidad de los hermanos y familiares, y reivindicar el compromiso histórico de sus padres y compañeros. Pero junto a la lucha política, y aún rodeado de los suyos, los hijos e hijas de detenidos desaparecidos debieron darse a la tarea de construir el semblante de sus padres y madres para construirse a ellos mismos.

En contraposición a la tenaz tarea de memoria, aún 50 años después de la imposición del terrorismo de Estado, el pacto de silencio de los criminales represores sigue intacto. Con la prolongación de su silencio se perpetúa parte de la impunidad y, sobre todas las cosas, el dolor de las familias que aún siguen buscando los restos de sus seres amados y las certezas de si sus hermanos o hermanas nacieron o no. Todos los días, cada día, los represores siguen eligiendo callar lo que a otros podría aliviar tan sólo un poco la tamaña tragedia vivida. El silencio priva a todo el pueblo de la posibilidad de construir esa memoria completa que con tanta hipocresía y malicia algunos vociferan.

LA HISTORIA ES NUESTRA Y LA HACEN LOS PUEBLOS

Marta Bugnone y Jorge Ayastuy abrazaron la militancia política desde su fe. Aunque la injusticia social no había golpeado personalmente sus vidas, sintieron como propio el dolor ajeno y comprometieron sus vidas en ello. Los “cristianos” les decían sus compañeros de militancia, por la forma comunitaria y solidaria que concebían la vida.

Cuentan los sobrevivientes que aún entre las espeluznantes paredes de los Centros Clandestinos de Detención donde fueron llevados, como el Atlético y el Banco, siguieron siendo esas personas comprometidas y amorosas que un día concibieron la vida de Matías. Y la vida de su hijo fue custodiada por aquella amorosidad que ellos supieron tejer: unas manos lo salvaron de aquel fatídico operativo, el coraje de una enfermera permitió su hallazgo y el tesón de sus abuelos, abuelas, tíos y tías lo llevó al seno del que jamás lo deberían haber arrancado.

La historia de Matías es suya y colectiva y, por eso, le agradecemos inmensamente por contárnosla para nuestro Proyecto Buena Memoria.

También son suyos y colectivos los nombres Marta y Jorge que, aunque quisieron desaparecer, allí está presente en la lucha de gran parte del pueblo argentino que, cincuenta años después, sigue marchando. Porque nuestro compromiso con la vida y la dignidad nos dice que “la vida de nuestros desaparecidos será vengada el día que nuestro pueblo sea feliz”.

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