Compartir sitio

CUIDAR EL FUTURO NO ES UN SLOGAN

LA TRAMPA DE LA ABUNDANCIA

La técnica en Gestión Ambiental Antonella Manzo Rodríguez ofrece una interesante reflexión sobre el ambiente, la vida y el futuro. ¿Por qué el agua que bebemos nos es infinita? ¿por qué el aire tampoco lo es? ¿qué es la trampa de la abundancia?

Edición 145 - 1 de agosto de 2026
Publicidad
1 de agosto de 2026 Reloj 6' de lectura

Cuando era chica, mi mamá compró muchísimos pinceles para pintar la casa. Con uno o dos hubiera bastado, pero ella compró como para que sus herederos tuviéramos resuelto el problema de por vida. Como yo era chica y entendía poco del mundo, cada vez que alguien necesitaba uno, yo decía orgullosa: «Yo tengo».

Muchos años después, volví a la casa de mi madre. Corría marzo de 2020 cuando decidí pintar las paredes. Al buscar los pinceles, no encontré ni uno. El tesoro que creía inagotable se había esfumado y, debido a las restricciones sanitarias, no había comercios abiertos para reponerlos. En ese instante choqué de frente con mi irresponsabilidad hacia el futuro: ese mañana se había convertido en presente y me encontraba con las manos vacías. Ahí lo entendí: la abundancia puede ser peligrosa porque nos nubla la vista.

Un recuerdo similar me lleva al 2001. Mi abuela llegó del trabajo y llamó a mi mamá con un entusiasmo inusual. Sacó del bolsillo un billete de dos pesos y se lo mostró con una sonrisa: —Mirá mija lo que conseguí—. En ese momento caí en la cuenta de cuánto tiempo hacía que no veía billetes, nos habíamos acostumbrado a los bonos de emergencia. Para una hija de los 90, que creció bajo la ilusión de que el peso o el dolar eran la única realidad, fue un golpe drástico. Algo que antes inundaba la cotidianidad se había vuelto una absoluta y escasa rareza, al punto de arrancar la sonrisa de mi abuela en días donde las sonrisas escaseaban tanto como el dinero.

Mientras leés esto, seguro se te vienen a la mente situaciones similares. Es parte de la naturaleza humana: damos demasiadas cosas por sentadas, todo el tiempo. Tomar un vaso de agua, bañarnos, ver aves volar, respirar… De hecho, el aire es lo primero que asumimos como garantizado. Actuamos como si el oxígeno que nos sostiene fuera infinito, ignorando que es el resultado de procesos ecológicos sumamente complejos y delicados. Vivimos como si el agua que nos permite la vida fuera inagotable y no el resultado del frágil equilibrio de nuestros ecosistemas.


Para la gran mayoría de nosotros, abrir una canilla y que salga agua potable es un acto automático. Pero, ¿en algún momento nos detenemos a pensar cuánto cuesta y sale potabilizarla? ¿Somos realmente conscientes del valor que tiene contar con una planta potabilizadora en nuestra ciudad?

Solo caemos en la cuenta de su importancia cuando el suministro se interrumpe y nos vemos obligados a comprarla. Nos queremos bañar, queremos limpiar y no podemos; queremos armar un mate o lavarnos los dientes y tenemos que recurrir al agua del bidón. Ahí sí cuidamos cada gota y usamos lo justo, porque recordamos que no es gratuita y que se puede terminar.

“Vivimos como si el agua que nos permite la vida fuera inagotable y no el resultado del frágil equilibrio de nuestros ecosistemas”

Para muchos resulta cómodo asociar las luchas ambientales a disputas político-partidarias o de un cierto sector; es la excusa perfecta para desligarse y no pensar. Y es que no pensar siempre es el camino más fácil.

Vivimos en una de las ciudades más hermosas del mundo, donde el río nos regala todo su esplendor. Sin embargo, a cambio pagamos el costo de las inundaciones, días en los que todos, en carne propia o ajena, sufrimos el impacto de la crecida.


Frente a esto, el monte nativo cumple un rol insustituible: regula el ciclo hídrico, absorbe las lluvias intensas y protege los suelos, previniendo y amortiguando el golpe de las inundaciones. Esto no es un eslogan ni una postura ideológica, es un servicio ecosistémico real.

El agua sostiene nuestra existencia, pero en exceso también nos la puede quitar. El equilibrio que logra la naturaleza para permitirnos estar vivos es infinitamente delicado y cuidarlo es nuestra responsabilidad.

Al final, el dilema es siempre el mismo: vivimos en el espejismo de que lo abundante es eterno. Nos pasó con aquellos pinceles de mi infancia que creíamos inagotables; nos pasó con los billetes en el 2001 cuando de pronto el dinero escaseó; nos pasa hoy cuando abrimos la canilla sin pensar en el milagro y el trabajo que hay detrás de cada gota de agua.


La abundancia no es una garantía del futuro, es solo una ilusión del presente. Si seguimos ignorando la fragilidad de nuestros ecosistemas, si seguimos talando el monte que nos protege de las crecidas o desperdiciando el agua como si la naturaleza fuera un pozo sin fondo, el despertar va a ser brusco. Y para cuando nos demos cuenta que la abundancia se terminó, ya no habrá bidón que alcance ni canilla que nos salve.

Cuidar lo que hoy nos sobra no es una bandera política ni una idea abstracta: es el acto de madurez más urgente que nos debemos como sociedad para que el mañana no nos encuentre, otra vez, con las manos vacías.

SI LLEGASTE HASTA ACÁ, NUESTRO CONTENIDO ES ÚTIL PARA VOS

SUSCRIBITE con aportes mensuales

DONÁ con aportes únicos

En esta edición también podés leer

DE NAZIS, GENOCIDIOS Y MALVINAS

RACISMO, CAMPAÑA ANTIARGENTINA Y OTRAS YERBAS

Racismo y campaña antiargentina son dos términos que siguen dando vueltas tras el mundial de fútbol. Cierto es que a partir del despliegue de la bandera que rezó "Las Malvinas son argentinas", todo se recrudeció acelerado por las "magias" del algoritmo que se alimenta con odios, insultos y hate.

COMEDORES ENTRERRIANOS

LA ALIMENTACIÓN ESCOLAR: UNA OPORTUNIDAD PARA PENSAR EL DESARROLLO

Los cambios presentados por el Gobierno de Entre Ríos respecto a la provisión de alimentos en los comedores escolares generó conversación, apoyos y críticas. El ingeniero agrónomo Lautaro Viscay aporta una interesante mirada al respecto.

SOBRE EL GENOCIDIO FRANQUISTA

CONSTRUIR MEMORIA, A UN LADO Y OTRO DEL CHARCO

Mónica Puertas es una socióloga argentina que creó una ruta sobre los crímenes del franquismo en Madrid. Hija de exiliados de la última dictadura y con la experiencia de su trabajo en la ex ESMA, hoy se atreve a inscribir memoria en una sociedad en la que impera el silencio.