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PARA ADELQUI DEL DO

SEMBLANZA DE UN INDISPENSABLE

En tiempos de dirigencias mezquinas y mediocres cuesta encontrar nombres propios de los que se pueda hablar con orgullo. Adelqui Del Do fue uno. Su repentina muerte nos obliga a estas palabras, ahora tardías, pero no menos justas, porque él militaba las causas que son irrenunciables para quienes hacemos La Mala y por eso siempre lo sentiremos cercano.

Ilustración: Diego Abu Arab
Edición 153 - 26 de septiembre de 2026
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26 de septiembre de 2026 • Reloj 6'

Adelqui Del Do nació en Gualeguaychú. Hizo la primaria en Escuela Rocamora y la secundaria en la “ENET”, como se le decía por entonces a la Técnica Nº2 «Presbítero José María Colombo». Allí fue presidente de un incipiente centro de estudiantes, cuando algo de su impronta comenzaba a manifestarse.

Como miles de jóvenes de tantas generaciones, participó activamente de los Desfiles de Carrozas Estudiantiles. Tanto se comprometía con la tarea colectiva que una noche decidió quedarse soldando sin parar, aunque no tenía las herramientas adecuadas de protección, lesionándose los ojos.

Su imponente altura lo llevó al básquet y jugó por buen tiempo en Racing. Andaba en bicicleta y acampaba con sus amigos. En esas noches de contacto con el río y la naturaleza era el metal el que musicalizaba los encuentros. Tanto le gustaba el Heavy Metal que tuvo un programa de radio sobre el género, con escasa audiencia, sí, pero con apasionada producción.

Al terminar el colegio secundario se fue a Capital Federal. Se recibió en la Universidad de Buenos Aires como psicólogo para hacer una trayectoria brillante, no sólo por los muchos logros académicos que tuvo, sino por la forma de ejercer su profesión y hacer la diferencia.

Miles de personas nos egresamos de la universidad pública y no es tan claro que todos realmente seamos instrumentos de transformación de una sociedad argentina que pide a gritos ser transformada, porque sus injusticias imprimen un carácter de urgencia en el padecimiento de tantos hermanos y hermanas. Adelqui lo hizo, fue un hijo ejemplar de la universidad pública que amó, habitó, en la que enseñó y lideró. Puso su tiempo, energía y esfuerzos en proyectos colectivos y valientes que sentaron precedentes valiosos para todo lo que vendrá después.

Si bien Adelqui se especializó en Psicología Clínica, su interés siempre vio a la salud mental y los Derechos Humanos (DDHH) como una sola cosa y, desde esa perspectiva y convencimiento, se involucró en proyectos en los que podía estar próximo a ambos universos.

“Puso su tiempo, energía y esfuerzos en proyectos colectivos y valientes que sentaron precedentes valiosos para todo lo que vendrá después”


Dirigió el Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos “Dr. Fernando Ulloa”, dependiente de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, creado para recibir las consultas directas de las víctimas, de sus allegados y familias, en las cuales se provee información, orientación y contención emocional. Sus profesionales, además, acompañan a víctimas, testigos y querellantes en los diferentes momentos del proceso judicial para promover el protagonismo de su palabra.

El compromiso de Adelqui con los DDH lo llevó a involucrarse con colectivos históricamente excluidos y violentados.  Así fue como participó en “Vidas arrasadas”, una investigación promovida por el CELS, publicada en el año 2007, que denunció las condiciones de vida de personas internadas en instituciones psiquiátricas. El trabajo terminó documentando violaciones a los DDHH perpetrados contra aproximadamente 25.000 personas en condiciones, prácticamente, de detención en las instituciones psiquiátricas argentinas.

“Adelqui fue un cuadro político y un profesional anclado en la dignidad humana de esos que no abundan”


Como docente, Adelqui se hizo querido y respetado por sus pares y, sobre todo por los cientos de jóvenes que transitaron las aulas de la Facultad de Psicología de la UBA. Y fue un militante, por sobre todas las cosas, Adelqui fue un tipo comprometido con su tiempo y con todo lo que lo rodeaba. Integró la comisión directiva del sindicato de docencia de la UBA y estuvo en cada lucha en defensa de la universidad pública; fue miembro fundador de la agrupación “Enclaves” y formó parte del Tribunal de Ética de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires. Fue uno de los impulsores y coordinadores de la Diplomatura en abordajes sociocomunitarios de los consumos problemáticos con enfoque de DDHH que capacitó a más de cinco mil personas de todo el país, con una mirada profunda a contrapelo de las perspectivas delictivas y punitivitas sobre el tema.

Adelqui fue un cuadro político y un profesional anclado en la dignidad humana de esos que no abundan. Su formación académica, su compromiso político y su capacidad de trabajo serán irremplazables. El consuelo que nos queda frente a la pérdida de personas así es saber que hay muchísimas otras, que aún no conocemos, que están transformando un mundo que parece sostener el status quo frente a la injusticia.

Nos queda su ejemplo en tiempos aciagos, en los que es tan difícil conocer y reconocer a alguien que represente, que invite, que haga parte, que proponga y realice proyectos transformadores. Compañeros como Adelqui nos hacen sentir orgullo de las banderas que levantamos.

No tuvimos la suerte de tenerlo aquí, en Gualeguaychú, liderando un espacio, pero su laburo tuvo un alcance inmenso que trascenderá los límites que impondrá el tiempo y su ausencia. Nos reconforta si alguien lo conoce a partir de estas sencillas palabras que le hemos dedicado desde La Mala.

A su hijo, compañera y familia, nuestro abrazo. A él, nuestro mejor recuerdo.

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