La primera muerte en su familia se la contaron a la salida de la escuela y como no pudo ver al muerto, la ausencia construyó historias de ficción y fantasmas en sus cuadernos. La tristeza comenzó a sentirla a través de los ojos en lágrimas de otras personas.
Del primer velorio al que fue de niña, nació un cuento. El pueblo de los abuelos, las calles de tierra, la ronda de rezos, recuerdos en vida y llantos. Una caminata junto al cajón de madera, el olor a flores, a colonia y pintalabios con una intensidad a prueba de lagrimales.
La muerte aparece en la vida con más frecuencia de la que la nombramos y aunque se la piense en otra dimensión, es parte de ella. Sorprende, extraña o se convierte en un nudo en la garganta cuando lo que se lleva es parte de nosotros.
Dulce o truco en el disfraz de un vampiro, la espada que corta la historia de los villanos o un cuento donde el personaje vive sin su madre o su padre también son formas de hablar de la muerte con la gurisada, recordando que la oscuridad es el preludio a la luz.
Estirar la pata, comerse la partida de nacimiento, subir a una estrella, desocupar las alpargatas, irse a acariciar las nubes, a trabajar de fantasma, hacerse polvo o recuerdos son expresiones que nuestra lengua ha creado y usa para decir que alguien ha muerto.
Los libros son un soplo de aire, un abrazo, sonrisas de humor y más preguntas para incorporar a la muerte, no sólo nombrando la ausencia sino aquello que es nuevo y se transforma en nuestras vidas cuando aparece.
Desde Puente Naranja seguimos compartiendo lecturas. Lo maravilloso es que nunca se agotan. Esta vez, van cinco recomendaciones para la gurisada de 0 a 100 años (vale para zombies, fantasmas y momias) ¡No hay spoiler!
“Los libros son un soplo de aire, un abrazo, sonrisas de humor y más preguntas para incorporar a la muerte”
Vida del muerto, de David Wapner, ilustrado por Matías Trillo y editado por Calibroscopio. Este libro es humor, absurdo y belleza. En el pueblo de la historia hay un solo muerto y su trabajo consiste en ser velado y enterrado una y otra vez, cada vez que lo convocan. El difunto se cansa y se jubila para contemplar el cielo. Hasta ahí…
El corazón y la botella, de Oliver Jeffers, editado por Fondo de Cultura Económica. La historia nos presenta a una niña con infinita curiosidad y asombro por el mundo. Sin embargo, tras enfrentarse al vacío de una muerte, toma una decisión para protegerse del dolor: guarda su corazón dentro de una botella y se la cuelga al cuello. Sigue… con un relato filosófico y luminoso.
Árbol pájaro, de Rodrigo Folgueira, ilustrado por Poly Bernatene y editado por AZ. Un grupo de amigos juega en la plaza cuando descubren un pájaro inmóvil en el suelo. ¡Chan! En este relato, los niños se detienen frente a la muerte. Ante las dudas y los silencios, improvisan un ritual de despedida y reflexionan juntos.
Fantasman, de Jo Rivadulla editado por AZ. Este libro tiene la historia de una niña, la muerte de un abuelo y un amigo invisible. Es muy bello porque el relato acompaña una despedida transformando el dolor en un espacio de juego, memoria y ternura. Algo un poquito spoiler: podemos sentir al personaje con las manos.
¿Así es la muerte?, de Anna Juan Cantavella y Ellen Duthie, ilustrado por Andrea Antinori, editado por Iamiqué. Este libro informativo responde, para todos los mortales, 38 preguntas que formularon niñas y niños. No van a encontrar únicas verdades sobre qué pasa después de la muerte. Aquí se contraponen hipótesis científicas, tradiciones culturales, miradas religiosas, con la curiosidad de la gurisada. Cuando morimos, ¿todo el cuerpo se muere de golpe? ¿Por qué nos incomoda hablar de la muerte? ¿Por qué se dice descanse en paz y no descanse divertido?
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