La semana comenzó con una movilización en uno de los ingresos a la ciudad. Fue en la puerta del Parque Industrial Gualeguaychú (PIG) donde los más de cien trabajadores despedidos de Unión Bat y sus familias reclamaron el reingreso a la fábrica.
El sábado pasado, en la nota titulada “Sin trabajo, sin jubilación y sin futuro” , abordamos el drama que están atravesando los más de cien trabajadores que, de la noche a la mañana, se quedaron sin empleo en el Parque Industrial Gualeguaychú (PIG), luego de que la firma Unión Bat S.A. resuelva despedir a la totalidad de sus empleados contemplado en el Convenio Colectivo.
El lunes al mediodía, tras el no acatamiento de la empresa a la conciliación obligatoria dictada por la Secretaría de Trabajo y Seguridad Social de Entre Ríos, continuaron los reclamos. En la puerta del PIG, hubo quema de cubiertas, banderas, bombos, redoblantes y mucho humo negro. El tránsito nunca se cortó por completo. La Policía sí lo redireccionó a la altura de la rotonda del Cristo, a unos quilómetros del lugar. Mientras tanto, en la segunda rotonda la demanda era una: “Queremos trabajar”.
Allí estuvo La Mala, abriendo el micrófono para que los trabajadores -algunos con diez, otros con 15 y 20 años de antigüedad en la planta que produce baterías- pudieran contar, en primera persona, la difícil situación que están atravesando.
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El intendente de Santa Elena, una pequeña localidad en el departamento La Paz, recientemente expulsado del Partido Justicialista de Entre Ríos, disparó munición gruesa contra la dirigencia peronista. Amado y odiado por propios y extraños. Todavía poco conocido por fuera del partido de Juan Perón. Un bicho raro que dice lo que casi nadie dice en el esquema de poder de la provincia.
“Julio tiene una celebración no necesariamente relacionada a organizar una reunión. Celebramos huellas, citas, distancias, lecturas. Le damos brillo al azar y hacemos más visible el mundo de otras personas construyendo un hogar”, dice Carolina Bittel. Habla de la amistad.
Un diente de oro, un interrogatorio fallido. El drama que apenas se palpa se hace digerible y liviano en las líneas escritas por Claudio Puntel. El dibujo, como es costumbre, es de Diego Abu Arab.