Instagram Facebook YouTube

CUENTO

CONFESIÓN

Ahora que me dice eso, me doy cuenta. Usted es el del diente de oro.  Sí, sí. No me discuta al pedo. O discuta lo que quiera, me da igual. Pero usted es el del diente de oro. Lo ví cuando se bajó del Falcon.  No, claro, ahora con la cara tapada no se le […]

Edición 142 - 11 de julio de 2026
Publicidad
11 de julio de 2026 Reloj 7' de lectura

Ahora que me dice eso, me doy cuenta. Usted es el del diente de oro. 

Sí, sí. No me discuta al pedo. O discuta lo que quiera, me da igual. Pero usted es el del diente de oro. Lo ví cuando se bajó del Falcon. 

No, claro, ahora con la cara tapada no se le ve el diente, ya sé. Pero cuando me gritó al bajarse del Falcon, le brilló algo dentro de la boca, su diente de oro. Cómo no iba a resaltar esa pieza, en medio de esa dentadura podrida, llena de partes huecas. 

Igual, es usted, no me quedan dudas. Ya sé, claro que ya no gano nada. No importa para usted ni para mí, no se preocupe, no tengo esperanzas en salir de aquí. 

Escúcheme. ¿Para qué me discute? No se haga el otario, míster. Lo reconozco por los brazos de mono, sólo que ahora le falta la pistola.

¿Qué casa?  No tengo casa. No insista que es inútil. ¿Para qué pregunta? No recuerdo nada. No tengo casa y tengo amnesia.

Amnesia, esa enfermedad que hace que uno olvide todo. 

Todo olvidé, créame. No recuerdo nada. ¿No me cree? Se me borró todo, hace mucho.  

Bueno, no importa si no me cree, ya sé que le pagan para desconfiar.

No tengo hijos. 

Que no tengo hijos. 

Vaya a esa escuela entonces, ya que sabe tanto. Dele, vaya y pregunte por mis hijos. Ahh, me está sanateando, ¿No? Lo conozco a usted.

Escúcheme, ¿no vió mi documento? Lo tenía en el bolsillo de la camisa, ustedes lo tienen. Busque mi documento, y de paso me dice cómo me llamo. Y muéstreme la foto, que no recuerdo cómo es mi cara cuando está deshinchada. 

“mdilidande, mdilidande, y dale con mdilidande” ¿Todo el mundo es militante para usted?

¿Qué imprenta? ¿Qué fierros? No empiece de nuevo, déjese de joder. No olvide mi amnesia, recuerde que olvidé el recuerdo. No pierda tiempo. 

No, con mi tiempo no pasa nada, ya perdí todo el que podría quedarme. No tengo saldo a favor.

¿De qué imprenta me habla? ¿Explosivos? ¿Con quién piensa que está conversando? Bueno, conversar, lo que se dice conversar, es un decir. ¿Quiere que conversemos? Sáqueme esa luz de la cara, por lo menos. 

No amenace más, que conmigo no le sirve. ¿Dónde más quiere que me duela? Busque, dele, busque. A ver si encuentra un pedazo de piel que no esté roto, quemado, llagado. 

Noooo, qué va a dolerme peor. Nada puede doler peor que ésto. Claro que no se aguanta, pero qué quiere? ¿Qué le mienta quiere? ¿Quiere comprar humo usted? Mire, voy a cantarle algo que es verdad: “el dolor mata, amigo. La vida es dura…” 

Ya sé que no es mi amigo, dios no permita. 

Ni yo tampoco soy su amigo, claro. Jamás se me ocurriría.

¿Y entonces qué? ¿Le parece poco? Le estoy diciendo algo que vale millones. Algo que nadie le va a contar. A ver si sus amigos o sus jefes son capaces de decirle una verdad así. Se lo dije gratis y sin que tenga que aplicar esa maquinita. 

¡Esa! La de las chispas. La de chamuscar carne. 

¿Cómo que no hace chispas? No quiera engrupirme. Yo siento las chispas. ¿Me va a decir que no huele la carne quemada? ¡Ahhhhh! No le gusta saber que esto duele de verdad. No mire para otro lado, tenga claro ésto. Su trabajo es hacer doler.

No se cague, compadre. No se me distraiga y no tiemble.

Las dos manos le tiemblan, mirese. 

Sí, yo también, por supuesto. Desde que me tiraron aquí, estoy temblando, no se lo voy a ocultar. ¿Quiere que no tiemble? Mojado, meado, revolcado en esta mierda de alambres y con ustedes que van a terminar despachandome. ¿Espera que no tiemble?  

Bueno, y deje de apuntarme, que ese dedo no está cargado.  

Siiii, si lo conozco a usted. Brazos largos de mono, pasos chuecos, dentadura estropeada y aliento podri… 

¿Si lo saben mis padres? ¿Si mis padres saben dónde estoy? ¿Qué? ¿Son las diez de la noche? ¡Jaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! ¿Usted qué sabe de padres? ¿Sabe quiénes son sus padres? 

¿En qué trabaja su padre? ¿Está jubilada su mamá?

Sí, me importa. Piense en ellos. ¿A usted no le importa? ¿Le importan mis padres y no los suyos? “mi viejecita adorada, que por santa merecía, señor juez, ser venerada”, ¿recuerda?

Si recuerda el tango, le pregunto. A su madre, ya me dijo que no recuerda. ¿En serio no la recuerda?

¿Y su mujer? Dígame.  ¿Sabe qué está haciendo ahora?

SI LLEGASTE HASTA ACÁ, NUESTRO CONTENIDO ES ÚTIL PARA VOS

SUSCRIBITE con aportes mensuales

DONÁ con aportes únicos

En esta edición también podés leer

SOBRE LA AMISTAD

“UN CORAZÓN QUE LATE EN OTRO CUERPO”

En el libro “Abc de la ternura», la letra A dice abrazo. “Un abrazo es un corazón que late en otro cuerpo”. Imagino que, si seguimos, la letra A también puede ser abrigo, arrullo, agua, afecto, aventura, aliento, aviones, aire y amistad. Si, amistad. Dicen que si hay poemas que lloran, hay palabras que laten […]

COSAS DE FAMILIA

CRECER CON DOS MAMÁS

Uma, una adolescente de 13 años, cuenta cómo es la vida puertas adentro de su propia familia, entre la escuela, los prejuicios que aún persisten y un día a día más cotidiano de lo que algunos imaginan.

FUEGO AMIGO (PERO NO TANTO)

DANIEL ROSSI, EL CUCO DEL PJ ENTRERRIANO

El intendente de Santa Elena, una pequeña localidad en el departamento La Paz, recientemente expulsado del Partido Justicialista de Entre Ríos, disparó munición gruesa contra la dirigencia peronista. Amado y odiado por propios y extraños. Todavía poco conocido por fuera del partido de Juan Perón. Un bicho raro que dice lo que casi nadie dice en el esquema de poder de la provincia.