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EL DESEMPLEO AVANZA

SIN TRABAJO, SIN JUBILACIÓN Y SIN FUTURO

Por WhatsApp. Así despidieron a más de cien trabajadores del Parque Industrial Gualeguaychú. No se trata más que del resultado de una economía que transiciona hacia la desindustrialización y la primarización. Las graves consecuencias del modelo en decenas de familias de Gualeguaychú y la crisis de la política.

Ilustración: Diego Abu Arab
Edición 141 - 4 de julio de 2026
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Se puede explicar de muchas maneras. Se puede decir que la indiscriminada apertura de importaciones quita competitividad a algunos sectores de la industria nacional, que no pueden competir con las baterías importadas de china o con los pollos (¡los pollos!) que llegan desde Brasil.

Se puede decir que es parte de un cambio de paradigma que viene a poner al país en el lugar que los poderosos del mundo le asignaron hace mucho tiempo: el de simple exportador de materias primas (agro y, ahora, minería) hacia los mercados desarrollados del mundo.

Se puede decir que la dependencia de los dueños del comercio internacional es el lugar que nos tocó, porque somos pobres y sudamericanos, y que debemos aceptar tal sumisión de la mejor manera posible.

También se puede decir que no es para tanto, que los argentinos sabemos sufrir y pasarla mal; que siempre nos levantamos y volvemos a empezar, y que lo que no te mata te fortalece. Sí, se pueden decir millones de cosas más o menos digeribles para quien pretende tratar de entender una realidad tan grave como compleja. Pero ¿cómo se digiere quedarse sin trabajo de la noche a la mañana?

Esto es lo que les pasó a los 112 trabajadores del Parque Industrial Gualeguaychú (PIG) que fueron despedidos hace unos días. Primero fue la firma Unión Bat S.A. la que echó a 101 empleados, la totalidad de sus trabajadores contemplados en el Convenio Colectivo. La planta local fue paralizada en su totalidad desde ese momento.

“¿Cómo se digiere quedarse sin trabajo de la noche a la mañana?”

Los damnificados fueron informados primeramente a través de un mensaje de WhatsApp y luego, ya en la planta del PIG, a través de una escribana.

“No hay ventas”, fue el argumento de los empleadores. Lo llamativo de esta situación es que la empresa no arrastraba conflictos laborales/sindicales, como tantas otras. Los empleados venían cobrando su quincena con un par de días de retraso, sí, pero nada grave en comparación con otras realidades.

Eso fue un viernes. El lunes las malas noticias llegaron desde la firma Laboratorios Pyam: habían despedido a 11 trabajadores. Esta empresa sí venía con problemas hace un tiempo y había sido noticia hace algunos meses por la desvinculación de ocho de sus operarios. Un desenlace con final anunciado.

Ante esta situación, el Sindicato del Personal de Industrias Químicas y Petroquímicas de Zárate realizó la denuncia en la Secretaría de Trabajo y Seguridad Social de Entre Ríos. Desde donde, horas después, dictaron la conciliación obligatoria por 15 días hábiles para ambas firmas. En el caso de Pyam, la misma fue acatada inmediatamente y los trabajadores pudieron retornar a sus puestos laborales, pero los despedidos de Unión Bat no tuvieron la misma suerte, ya que la empresa les impidió el ingreso a la planta del PIG.

“En el medio, la CGT local hizo lo que mejor le sale a la política últimamente: difundir un comunicado de prensa”

Las negociaciones entre los despedidos, el sindicato y las empresas van a continuar durante las semanas próximas. En el medio, la CGT local hizo lo que mejor le sale a la política últimamente: difundir un comunicado de prensa. ¿Es lo mejor que tienen para hacer?

La oposición peronista, en tanto, reclama soluciones al intendente y al gobernador, en un acto de puro reflejo político: ¿qué Municipio podría contrarrestar la tendencia de un modelo económico de país que vira hacia la desindustrialización?

La discusión pasa, en todo caso, por quién paga el costo político de un modelo que, en el pueblo en que vivimos, sin mirar más allá, deja, de un momento a otro, a 112 familias sin su sustento diario. En una ciudad de poco más de 100 mil habitantes.

Discusión de la política (del periodismo y de quienes gustan de dar el debate público) que poco interesa a quien ha perdido su trabajo después de 10, 15 o 20 años y ve escurrirse entre sus manos la posibilidad de una jubilación más o menos digna.

El drama es hoy. Y es el drama de las mayorías, que nada tienen que ver con los abultados patrimonios y salarios de la política (partidaria y sindical) que desde la comodidad de sus despachos bien calefaccionados se solidarizan con las desgracias de quienes se aferran con uñas y dientes a sus trabajos, montando campamentos en las puertas de las fábricas durante las heladas noches de invierno.

El drama es tener 40, 50 o 60 años y saberse descartado, sin jubilación y sin futuro. Pedir empatía al gobierno libertario que celebra el recorte y los despidos sería un acto de pura ingenuidad y estupidez, pero la empatía de comunicados de prensa y de redes sociales de quienes alimentan su capital político en la defensa de los trabajadores tampoco alcanza, casi que no sirve para nada. Es expresión de la crisis que, también, atraviesa la política argentina. Mientras tanto, los despidos siguen. 

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