BUENA MEMORIA, TERCERA ENTREGA

SALIR DEL INFIERNO: SOBREVIVIR A LOS CENTROS CLANDESTINOS DE DETENCIÓN

A 50 años del último golpe de Estado, nos propusimos generar un material documental sobre la memoria del Terrorismo de Estado que rescate experiencias locales: los mecanismos de la represión, la resistencia de los familiares y la supervivencia de quienes quedaron para relatar el horror. En esta entrega, la palabra de sobrevivientes.

Texto y entrevistas: Agustina Díaz | Video: Isidro Alazard
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La última dictadura militar significó el avasallamiento absoluto de todas las garantías constitucionales y de los principios más básicos del Estado de Derecho. Los secuestros, la clandestinidad de los lugares de detención y las condiciones que allí imperaban fueron la condición necesaria para la desaparición masiva de personas. A partir del 24 de marzo de 1976 el terror se impuso como norma, pero la República Argentina, desde hacía años, vivía en un franco retroceso en materia democrática, lo cual iba desdibujando las fronteras entre el derecho y el crimen.

Con el golpe del 76 los secuestros y detenciones se volvieron frecuentes y contribuyeron a acrecentar el miedo. El aislamiento social fue creciendo al ritmo del “no te metas” y el “algo habrán hecho”. Violentos operativos irrumpían por la madrugada en los hogares de las víctimas, otros fueron llevados a plazas, calles, puestos de trabajo, lugares de estudio e iglesias. Quienes fueron privados de su libertad, en muchos casos, pasaron a integrar la lista de personas desaparecidas.

A veces eran detenciones individuales, en otras oportunidades se llevaban a varios miembros de un mismo grupo familiar o a un grupo de militantes sociales, políticos o gremiales. En Gualeguaychú, familias como las Guastavino, Angerosa, Pargas y Marroco tuvieron a dos víctimas de la represión clandestina dentro de sus senos.

La red de represión fue tan extensiva que hasta se registraron secuestros y detenciones al interior de las propias dependencias militares. Soldados, oficiales y jóvenes en el cumplimiento del servicio militar obligatorio fueron “chupados” mientras se hallaban en cumplimiento de sus funciones. Según el registro de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conaddep), estos secuestros alcanzaron el 0.4% del total denunciado. Entre esas detenciones se encuentra la de Jorge Felguer, por entonces un joven “colimba” que había integrado la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) durante su paso por el colegio secundario.

Unos 814 Centros Clandestinos de Detención fueron identificados en la Argentina y, por supuesto, Entre Ríos no estuvo ajenos a ellos. Se trató de una intrincada estructura burocrática y una logística represiva que alcanzó a todo el territorio nacional y sus miles de habitantes. Allí, las condiciones de detención fueron extremas. Las víctimas ignoraban su paradero, y sus familias, sometidas a un enorme padecimiento, también.

Gualeguaychú cuenta con más de veinte ex presos/as políticos/as que guardaron condición de detenidos/as desaparecidos/as y que sobrevivieron a la cárcel, la tortura y los simulacros de fusilamiento. Con mucho esfuerzo, al recobrar la libertad cada sobreviviente se fue rearmando, como pudo. 

Salir no era fácil, por las secuelas y por el estigma social que rondaba sobre quienes volvían. Mientras algunos regresaban a la vida, otros seguían desaparecidos. Mientras unos volvían a abrazar a sus familias, había miles de familias con los brazos aún vacíos. 

El “algo habrán hecho”, el miedo a vincularse, los prejuicios, las condenas sociales y los oídos sordos de una sociedad que aún no estaba preparada para escuchar la verdad de lo que había ocurrido obligaron a guardar silencio.

Pero, a pesar de que la dictadura en su intención refundadora quiso trastocar todas las relaciones sociales, romper todo compromiso y destrozar irreversiblemente los vínculos de amistosa solidaridad, no lo logró. Con el paso de los años, se fueron escribiendo nuevos capítulos de vida en las historias que la dictadura quiso colmar de dolor y muerte. El amor, la militancia, los hijos y los nuevos caminos fueron curando las viejas cicatrices.

Recién en el año 2005, cuando se derogaron las leyes de impunidad y la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó su inconstitucionalidad, se abrió el camino para la justicia y la verdad, y por fin, después de tantos años, las voces de los sobrevivientes fueron imprescindibles en la construcción del rompecabezas de nuestra historia, que merece ser resarcida y reparada.

Sin sus testimonios, sin sus recuerdos (aunque profundamente dolorosos) habría sido imposible obtener justicia por aquellos que no volvieron jamás. Incluso, cientos de familias pudieron construir los últimos momentos de la vida de sus familiares detenidos desaparecidos gracias a lo que los sobrevivientes pudieron recordar.

Buena Memoria es el ciclo de entrevistas documentales de La Mala. El Capítulo 1 se trató de “El exilio”, y el Capítulo 2 de “La cárcel y los sitios de memoria en Gualeguaychú”.

En esta tercera entrega conversamos con Jorge Felger, Hugo Angerosa, Daniel Irigoyen y Cristina Lucca, ex detenidos desaparecidos durante la última dictadura militar. Con sus testimonios continuamos construyendo esa historia nacional y local que debemos conocer para seguir pensando nuestro presente; con sus palabras seguimos hilando en el telar de la buena memoria, esa que se torna imprescindible como base sólida hacia el futuro.

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