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EL CARNAVAL Y LA POLÍTICA

CUERPO Y DANZA DE MUJER: LA MILITANCIA BRASILERA QUE QUEBRÓ EL ALGORITMO

En el último tramo de la campaña de Lula en Brasil se quemaron todos los libros de marketing político. Tras la derrota en primera vuelta, la estrategia abandonó a los “especialistas” para entregar las riendas al pueblo. El rol de las grandes pasistas y reinas de batería, de Evelyn Bastos a Emilce Parga, un recorrido sobre mujeres de danza y voz.

Edición 158 - 31 de octubre de 2026
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31 de octubre de 2026 • Reloj 13'

El carnaval de Río de Janeiro es uno de los espectáculos más fastuosos e impresionantes del mundo. En el 2026 desfilaron entre las 12 escuelas del Grupo Especial y las 16 escuelas de la Série Ouro unas 62 mil personas vestidas con sus fantasías y trajes, y fueron 8 millones de espectadores quienes las vieron desfilar.

La inversión artística de todos los conjuntos fue de 35 millones de dólares y el impacto económico de la temporada de carnaval representó más de mil millones de dólares para la ciudad de Río y alrededores. 

Sin embargo, la columna vertebral de una de las mayores industrias culturales del mundo se asienta en una cultura popular de matriz afro que debió enfrentar el prejuicio, la discriminación, el racismo y hasta las prohibiciones. Fueron las periferias excluidas las que construyeron la belleza artística inigualable que hoy se exporta a los cinco continentes, y parte de la lucha actual de las comunidades afrobrasileñas es resistir frente a la mercantilización de una cultura que parieron y les pertenece. 

Es imposible desligar al carnaval del samba e imposible separar al samba de su matriz afro, tanto en términos estéticos como espirituales. Los orígenes del samba se rastrean en las últimas décadas del siglo XIX, cuando el sistema esclavista y monárquico del Imperio del Brasil entró en descomposición. Tardíamente, 13 de mayo de 1888, mediante la Lei Áurea (Ley Áurea), firmada por la princesa Isabel, hija del emperador Pedro II, Brasil se convirtió en el último territorio americano en abolir la esclavitud. 

Un año más tarde, nacieron los Estados Unidos del Brasil, dándole un carácter algo más moderno a la organización política de los territorios que habían pertenecido a la corona portuguesa, pero que seguían encarnando la estratificación racial y social de muchas maneras.

El candomblé, el umbanda y otras tradiciones religiosas y espirituales de matriz africana fueron condenadas, prohibidas, ridiculizadas y criminalizadas por largos años, pero mientras más fuerte era la persecución, más persistente fue la resistencia.

CUERPO Y VOZ DE MUJER

Nadie que guste de la cultura del samba y del carnaval carioca ignora la figura de Evelyn Bastos, una mujer afrobrasileña de 33 años que se ha constituido en símbolo de potencia por mucho más que la fuerza invencible de sus piernas al bailar. Evelyn nació en una familia sencilla del morro de Mangueira, una zona de barrios populares donde se viven las mismas dificultades sociales, económicas y habitacionales que en otras favelas de Río. Y fue allí, en ese mismo territorio signado por problemas estructurales y luchas persistentes, donde un día nació Grêmio Recreativo Escola de Samba Estação Primeira de Mangueira, conocida como Mangueira, una de las escuelas más importantes del Carnaval de Río, donde Evelyn brilla como una superestrella.

La belleza imponente de Evelyn y su destreza para bailar la posicionaron como ícono de la mujer brasilera. Sensual y fuerte, su cuerpo parece ser un instrumento más de la batería que preside como reina desde que tenía 20 años. Pero Evelyn no estaba dispuesta a quedarse en el lugar que le queda cómodo a los demás: muchas veces es el lugar del silencio. La bailarina destacada y funcional a un espectáculo multimillonario, abrió camino para su imagen sea la voz que recorriera al mundo para incomodar y para mostrar la otra arista del Brasil que ama, baila y milita.

“El candomblé, el umbanda y otras tradiciones religiosas y espirituales de matriz africana fueron condenadas, prohibidas, ridiculizadas y criminalizadas por largos años”

En 2019, en el ensayo técnico de Mangueira en el sambódromo (Marquês de Sapucaí), Evelyn usó un traje en el que aparecía vestida con cadenas y un bozal tapando su boca. Su representación estaba vinculada a la historia de Anastasia, una mujer negra, esclavizada, que se había resistido a los abusos sexuales de un hombre blanco y que, por castigo, fue obligada a llevar un collar y una máscara de hierro que le cubría la boca. 

Al año siguiente, volvió a lucir un emblema al momento del ensayo técnico. Otra vez utilizó todo el poder de su construcción mediática para ser voz de los sin voz. En aquella oportunidad, llevó un traje con el nombre “Maria das Dores” (una advocación católica de la Virgen María que llora a los pies de la cruz) y un velo con la frase “O morro não tem vez” (el morro no tiene lugar/oportunidad), donde estaban reproducidas las firmas de madres de 16 niños y jóvenes asesinados por balas perdidas en Río de Janeiro.

Ese año, frente a todas las cámaras del mundo, en el desfile de Mangueira, Evelyn decidió no bailar y fue delante de la batería representando a Jesús en un cuerpo de mujer negra, con túnica púrpura, corona de espinas y marcas de la crucifixión. Poniendo a disposición de la performance de denuncia su cuerpo de bailarina no bailó para reivindicar un Cristo identificado con los oprimidos, con las mujeres asesinadas por la violencia patriarcal y con las diversidades sexuales perseguidas. 

En cada ocasión las críticas no se hicieron esperar y la polémica se desató: “¿Por qué no se limita a bailar si eso es lo que tiene que hacer?” fue la frase inquisidora que apareció en cada oportunidad. Y frente a cada interrogatorio Evelyn volvió a hablar. Formada en educación física e historia, ha explicado la relación entre cuerpo, género, clase y raza. Ha criticado públicamente la mercantilización de espacios dentro de las escuelas que le corresponden por historia a las mujeres negras de las favelas y son entregados a influencers que no sólo ignoran la cultura del samba, sino que prejuzgan la espiritualidad del candomblé. 

En tiempos políticos Evelyn también se posicionó: los dedos en L y la estrella roja del Partido de los Trabajadores (PT) fueron su emblema en desfiles y ensayos.

Mangueira y otras escuelas de samba se pronunciaron públicamente en favor de Lula da Silva y las políticas de su gobierno en el contexto de ballotage contra Flavio Bolsonaro. No se limitaron a quedarse en comunicados, sino que salieron a las calles y a los icónicos Arcos de Lapa a hacer lo que mejor saben: poner a vibrar la tierra con sus tambores y la fuerza de sus pies.

Evelyn es una de las muchas mujeres exitosas del samba que no temieron en pronunciarse cuando sintieron que su comunidad, valores y cultura estaban amenazados. Asumir ese riesgo les valió cuestionamientos, pero su legado creció exponencialmente y hoy supera por mucho una secuencia de danza. Las niñas de la favela ven en ella y en tantas otras mujeres un ejemplo a seguir: el de bailar por la historia de su pueblo y de levantar la voz para defenderlo.

EMILCE PARGA, DE GUALEGUAYCHÚ AL MUNDO

Emilce Parga vive oficialmente en Río de Janeiro desde hace tres años, aunque su vínculo con la ciudad, su cultura y su idioma empezó en 2018. Ella es bailarina profesional y docente, y actualmente passista oficial de Paraíso do Tuiuti, una escuela de samba del Grupo Especial ubicada en el barrio de São Cristóvão. Oriunda de Gualeguaychú, hizo sus primeros pasos en la danza en la ciudad entrerriana y por años brilló como bailarina y responsable de puesta en escena del Carnaval del País. 

En Río también dirige una escuela de tango en Copacabana, junto a su marido, que es brasilero y lleva 28 años dedicado al tango y a la cultura argentina. “Mi vida y mi trabajo están atravesados por ese intercambio: enseñar, aprender y construir vínculos entre culturas. Y también por el ejercicio de entender qué significa participar de una cultura que me abrió tantas puertas y que tiene una historia que me precede”, contó. 

En estos años en la ciudad carioca, Emilce supo hacer de sus redes sociales un lugar de reflexión y no sólo de difusión de su trabajo. Y con el paso del tiempo, sus contenidos fueron relevando algo mucho más profundo que el brillo de los trajes y las luces del sambódromo que desde aquí admiramos. 

“Creo que hay que mirar a las escolas de samba más allá del espectáculo. Son espacios de pertenencia, de trabajo y de construcción comunitaria. El samba está profundamente ligado a la historia de la población negra y de los sectores populares de Brasil. Entonces, las discusiones sobre racismo, desigualdad, trabajo o acceso a derechos atraviesan la vida de quienes hacen el carnaval. Yo leo esos posicionamientos desde ahí. Dentro de cada escola conviven distintas miradas, pero hay decisiones políticas que afectan directamente las condiciones en las que sus comunidades viven y crean”, compartió la gualeguaychuense. Y continuó: “Quienes disfrutamos del carnaval también tenemos que poder mirar lo que hace posible esa fiesta: quién trabaja, en qué condiciones, quién recibe reconocimiento y quién queda invisibilizado. Esa dimensión también forma parte de la cultura que admiramos”.

En las últimas semanas, junto a otras grandes figuras de la cultura carnavalera, los contenidos digitales de Emilce mostraron su necesidad de expresarse y pronunciarse respecto al contexto social y político del Brasil que ama y en el que eligió vivir. En el marco de la tensión del ballotage presidencial, sus dedos también marcaron la “L” y el rojo se convirtió en mucho más que un color para ser un símbolo.

“Fue un proceso. En otros momentos elegí el silencio porque había cosas que no entendía y tampoco me ocupaba de entender. Con el tiempo empecé a reconocer que poder mantenerse al margen también puede ser un privilegio. El silencio también es político. Soy una mujer argentina que encontró en Brasil un espacio de trabajo, de aprendizaje y de pertenencia, y tengo oportunidades, posibilidades de viajar y de elegir que muchas personas nacidas acá no tienen. Eso me obliga a revisar mi lugar: qué recibo de esta cultura, cómo participo de ella y qué responsabilidad asumo frente a lo que pasa. Todavía tengo que aprender un montón del país y de la cultura en la que vivo, pero la coherencia para mí es importante. Que lo que digo públicamente tenga relación con los valores que sostengo en mi trabajo y en mi vida. Reconocer mis privilegios tiene que servirme para escuchar mejor y hacerme cargo de algo, además de nombrarlos”, sostuvo para esta nota. 

“Con el tiempo empecé a reconocer que poder mantenerse al margen también puede ser un privilegio. El silencio también es político”

Al reflexionar acerca del crecimiento en sus posicionamientos políticos y sociales, Emilce compartió una reflexión: “Durante mucho tiempo estuve muy concentrada en formarme, trabajar y encontrar mi lugar. Hoy también me pregunto por las condiciones que hicieron posible ese recorrido: hubo esfuerzo, sí, pero también oportunidades, personas que me abrieron puertas y ventajas que otras personas no tuvieron. Eso cambió mi manera de mirar el arte. Quién puede pagar una formación, quién dispone de tiempo para crear, qué cuerpos encuentran lugar en un escenario o quién puede vivir de su trabajo son preguntas que atraviesan lo que hacemos. Vivir en Brasil y trabajar con su cultura me exige escuchar, estudiar y revisar desde dónde hablo. En mis clases hablo de desarrollar criterio y de tener más libertad para elegir. Cada vez me resulta más necesario preguntarme por las condiciones concretas de esa libertad. Porque animarse importa, pero también hacen falta tiempo, recursos, derechos y oportunidades”.

Por supuesto, posicionarse políticamente implica tensionar lo que creemos y pensamos y también la falsa comodidad que nos da el silencio. Emilce, consagrada como bailarina, con varias giras mundiales que la llevaron a ciudades increíbles y recónditas, con una carrera exitosa, podría haber pensado que tenía más para perder que para ganar, pero la fuerza de su propia voz se impuso frente a las expectativas de aquellos que se incomodan con las mujeres que no callan.

“Mi posicionamiento fue creciendo a medida que esas preguntas empezaron a incomodarme también a mí. Quiero que tengan consecuencias en cómo enseño, con quién trabajo y qué elijo poner en escena”, expuso al respecto. En este sentido, para muchas de las mujeres que hace años sentimos inmenso orgullo del camino artístico de Emilce, su expreso compromiso con las causas populares y feministas nos hace sentir que somos más fuertes.

VOZ Y ALMA 

Hace algunas semanas en un programa radial de Gualeguaychú dos señores hablaron con tono de indignación acerca de cómo algunas mujeres del carnaval local osaban de hablar de temas políticos y de feminismo, a lo que percibían como una amenaza para el espectáculo y una acción incorrecta para alguien que tiene que limitarse a bailar. En pleno siglo XXI, dos señores debatían acerca del derecho y la correspondencia de las mujeres sobre hablar, expresarse y tener pensamiento político. 

Más allá del anacronismo, los dichos pueden expresar algo que nos recorre socialmente: el miedo a defender ideas por las consecuencias que puede arrastrarnos. Sin embargo, nada más antinatural para el carnaval que el miedo al disciplinamiento y la censura… sin valentía por romper los moldes, nada de lo que conocemos y aplaudimos hoy existiría. Los renglones de la historia del carnaval que nos enorgullece se escribieron porque muchas personas decidieron salirse de la norma.  

Así es como la experiencia brasileña nos alienta y alimenta. Porque el ejemplo inspirador de mujeres como Evelyn Bastos o Emilce Parga superan las banderas partidarias que han defendido. Son un recordatorio de que nuestra voz es necesaria para construir comunidad, tanto como la danza de nuestros pies para liberar el alma. 

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