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CAUSA NACIONAL

MALVINAS: UN GIRO DE 180° QUE INCOMODA

La bandera desplegada por los jugadores de la selección y la reacción popular mostró que Malvinas es una causa nacional que atraviesa el corazón del pueblo argentino. Ese contexto obligó al gobierno a revisar su polémica postura en materia de política exterior y soberanía. La última cadena nacional impresionó a propios y ajenos. Aquí, algunas puntas para pensar lo que está pasando.

Ilustración: Diego Abu Arab
Edición 150 - 5 de septiembre de 2026
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5 de septiembre de 2026 Reloj 11'

No cabe dudas que la jugada política de Javier Milei es audaz e inteligente. Efectivamente, la mayoría de los puntos señalados en la cadena nacional del 3 de septiembre remarcan lo esperado en un Jefe de Estado argentino que pretenda defender la causa nacional de soberanía sobre las Islas, causa que excede (o debería exceder) cualquier diferencia política.

Fiel a su estilo, Milei sostuvo con firmeza exactamente lo contrario de lo que ha manifestado públicamente por años, a la vez que mostró decisión política de realizar acciones totalmente contrapuestas a todas sus medidas de gobierno. Así es como sus palabras descolocan a propios y ajenos, y todo el arco político se ve obligado a pensar con mucha delicadeza qué decir para no ser tildado de necio, incoherente o vende patria. 

En las propias filas de LLA la postura malvinera de Milei deja muy mal parado a gran parte de su Gabinete y a sus punteros digitales, quienes se dedicaron estos años a relativizar, minimizar y hasta ridiculizar la causa Malvinas para sostener el lineamiento de su líder. 

Hace dos meses fue la propia ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, la que salió a defender la decisión de la FIFA de prohibir de banderas en el partido Argentina – Inglaterra y se refirió al “mapita de Malvinas”, entre otras barbaridades que se coleccionaron durante tres años de gobierno. 

Sin lugar a duda, lo que genera resquemos y desconfianza en el arco opositor, más vinculado a la defensa del reclamo de soberanía, es el contexto en el que se inserta el discurso de Milei y la inscripción de sus acciones en una agenda política más amplia, que está muy lejos de ser razonable y custodiar la soberanía nacional. 

SALIR DEL SESGO

¿Es creíble el interés malvinense del gobierno? ¿Es coherente con el resto de su planteo político? La nueva línea discursiva ¿tiene vínculo con el alineamiento acrítico a la gestión de Donald Trump? ¿Forma parte de la disputa de EEUU con sus aliados de la OTAN? ¿Importa eso si los anuncios constituyen un paso adelante en la causa?

Por otra parte ¿Es justo rechazar el discurso presidencial y las medidas anunciadas sólo por oposición partidaria? ¿Se pueden ver oportunidades para el avance de la causa? ¿Hay forma de construir un consenso de unidad nacional sin reparos? ¿El gobierno aceptaría el acompañamiento crítico de la oposición o cualquier observación sería motivo de ruptura?

Repasemos y contextualicemos algunos de los puntos fundamentales de la cadena nacional.

  1. “El reclamo es justo. Las islas son nuestras y nos las arrebataron”

Efectivamente, la República Argentina tiene sobrados argumentos históricos, geográficos, políticos y jurídicos para mantener vigente el reclamo de soberanía sobre Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes. 

De allí la necesidad de una sólida y estable política de Estado de reivindicación soberana en todos y cada uno de los foros internacionales. Cada acción, palabra u omisión de quienes forman parte de los gobiernos del Estado argentino sientan precedentes que son observados por la cancillería británica y el resto de la comunidad internacional.

Es por ello es que múltiples declaraciones por parte del presidente Milei como presidente y de los miembros de su Gabinete han sentado pésimos antecedentes. Por dar un ejemplo: la manifiesta declaración de admiración de Milei hacia Margaret Thatcher fue un tiro en el pie en la demanda que lleva la Argentina contra Reino Unido por el hundimiento del General Belgrano como crimen de guerra (según lo establecido en el derecho internacional) ocurrido el 2 de mayo de 1982, cuando fue atacado por las fuerzas inglesas mientras se encontraba en zona de exclusión. También fueron públicas las declaraciones en las que justificó los derechos británicos en las Islas a causa de que Argentina perdió la guerra.

  1. “Los isleños no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación”

El argumento de la autodeterminación es parte de la construcción discursiva del Reino Unido para justificar la ocupación. La población de las islas es implantada y es una población militarizada. Para tener noción de su conformación, antes de la guerra de 1982 la guarnición militar inglesa en Malvinas era un destacamento de 80 marines y en la actualidad se trata de una de las bases británicas de mayor magnitud con proyecciones continentales. 

En múltiples ocasiones, portando la investidura presidencial, Milei se expresó a favor del derecho a la autodeterminación de los isleños en entrevistas y discursos que recorrieron el mundo. Su nueva postura es importantísima y correcta, pero no contrarresta ni diluye los precedentes que él mismo generó. 

  1. “Esta noche firmaré un decreto para facilitar las sanciones contra las empresas”

En el año 2011, el Congreso Nacional de la República Argentina sancionó la Ley N° 26.659, la “Ley sobre actividades de exploración y explotación de hidrocarburos en la Plataforma Continental Argentina”, impulsada por el entonces diputado Pino Solanas. Dos años más tarde, a través de la Ley 26.915, la norma original no solo expandió sus objetivos, sino que endureció considerablemente las sanciones a las empresas que actuaran sin autorización y a las que asistan con prestar servicios, contratar o realizar operaciones económicas, financieras, logísticas o técnicas para esas empresas.

Bajo esas leyes, en 2012 fueron declaradas ilegales las actividades de la empresa Rockhopper Exploration, de origen británico, y en 2022 las acciones de la empresa Navitas Petroleum, de capitales israelíes.

La polémica se volvió a disparar hace algunos meses cuando trascendieron los detalles del megaproyecto petrolífero offshore “Sea Lion”, liderado por ambas empresas y ubicado aproximadamente 220 kilómetros al norte de las Islas. Un proyecto que implica no sólo el avasallamiento de la soberanía argentina y la apropiación ilegal de sus recursos sino enormes riesgos sobre el mar argentino y su biodiversidad. 

Por largos meses, el silencio del gobierno respecto al proyecto generó muchísimo malestar, sobre todo porque la empresa titular de la mayor parte del proyecto (65%) es Navitas Petroleum, de capitales israelíes, país con el que Milei tiene una relación de total alineamiento e incondicional apoyo. 

Fue el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata y la Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas los que presentaron ante el Juzgado Federal de Río Grande una acción preventiva y solicitaron una cautelar para frenar las actividades antes que provoque daños irreversibles. 

Por otro lado, el mismo día que el presidente argentino salió por cadena nacional estuvo reunido con su par chileno, José Antonio Kast, líder político de un país que parece aliado a las incursiones petrolíferas en Malvinas. 

Desde aquel país, Milei se fue en ponderaciones al dictador Augusto Pinochet, un personaje más que controversial para los argentinos. Gracias a la mediación papal, en 1978 Argentina y Chile evitaron ir a la guerra por el conflicto del Beagle, y fue durante la Guerra de Malvinas que Pinochet brindó apoyo a las acciones bélicas inglesas.

Pero la cuestión delicada no remite solo al pasado, por estos días la ciudad chilena de Punta Arenas busca convertirse en un centro de abastecimiento para Sea Lion. Ni una mención sobre el tema por parte del presidente argentino en suelo chileno; ninguna mención en la transmisión de la cadena nacional. 

Claudio Radonich, alcalde de Punta Arenas, ha impulsado públicamente el proyecto que busca establecer la conexión marítima-comercial directa entre las Islas Malvinas y la ciudad que gobierna. De hecho, en los próximos días está prevista una rueda de negocios allí, con el objetivo de avanzar en la conformación concreta de esa cadena de suministros. La apuesta es clara: convertir a la región chilena en un proveedor estratégico de la infraestructura, el transporte y los servicios que demandará la petrolera Sea Lion.

“La protección de los recursos hídricos, energéticos y ambientales jamás fue preocupación del gobierno que cree que el mercado debe regular sus formas de explotación/conservación”

  1. “No vamos a permitir la explotación de nuestros recursos”

El retroceso legal y administrativo en materia de control soberano de los recursos argentinos es inédito en la gestión libertaria. 

Leyes como el RIGI y el Super RIGI han abierto las puertas a concesiones a privados (extranjeros) por 30 años en sectores estratégicos, como recursos hídricos, energéticos y territoriales. Si algún día la Argentina, o sus estados provinciales, quiere reclamar sobre ellos serán tribunales extranjeros los que diriman nuestros asuntos.

Aún peor fueron los intentos de reforma impulsados en el proyecto presentado como “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada” , cuyo tratamiento fue cancelado tras las manifestaciones populares en el marco del mundial de fútbol y que finalmente fue sancionada sin que se pudiera avanzar con los artículos que abonaban a la flexibilización jurídica para la extranjerización de la tierra.

La protección de los recursos hídricos, energéticos y ambientales jamás fue preocupación del gobierno que cree que el mercado debe regular sus formas de explotación/conservación. Las políticas impositivas desplegadas, además, hablan de extensiones a las multinacionales poderosas y a la promoción de mecanismos para “lavar” la evasión.

Los recursos de Malvinas son del pueblo argentino, pero las Malvinas, asimismo, son mucho más que sus recursos.

“No es cierto que el pueblo no le puede doblar el brazo a los poderosos, aunque esos sean los que lamen las botas del imperio que nos quiso arrodillar”

LA CAUSA NACIONAL

La traumática experiencia de la Guerra de Malvinas en medio de la última dictadura militar, el saldo de muertes jóvenes, el tratamiento injusto a los sobrevivientes y la posterior “desmalvinización” de la sociedad argentina nos hacen poner en alerta cuando escuchamos a alguien que desde el poder convoca a la unidad nacional por la causa de soberanía, especialmente cuando se trata de un dirigente incoherente que públicamente expresó su ignorancia sobre el tema.

Sin embargo, la causa Malvinas es una causa nacional y patriótica, que late en una fibra sensible y sencilla del alma del pueblo argentino. Ese pueblo que lloró como un niño en un partido de fútbol, en el que se jugaba mucho más que una semifinal y que obligó al gobierno a no tratar la Ley de Tierras, a sacar los artículos que promovían la extranjerización y, ahora, al presidente a desdecirse de todos sus exabruptos.

Que sea de abajo para arriba esta vez. Que la relativización de la causa o la falta de compromiso con ella le salga demasiado caro a cualquier dirigente político argentino. Y que después podamos ir por más. 

No es cierto que el pueblo no le puede doblar el brazo a los poderosos, aunque esos sean los que lamen las botas del imperio que nos quiso arrodillar.

Malvinas Argentinas, causa nacional.  

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