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EL SECTOR CULTURAL Y LA IDEA DE DEMOCRACIA

EL TRASLADO DEL CCG, UNA OPORTUNIDAD PARA PENSARNOS

El lunes pasado se aprobó en el Concejo Deliberante de nuestra ciudad una ordenanza que habilita el traslado del Centro Cultural Gualeguaychú “Luis María Luján” al predio del ex Frigorífico. El lugar será cedido a un privado. Algunas consideraciones al respecto.

Edición 149 - 29 de agosto de 2026
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29 de agosto de 2026 Reloj 11' de lectura

El Centro Cultural Gualeguaychú (CCG) “Luis María Luján” se puso sobre la mesa en la conversación pública en los últimos días y esta vez no fue por la realización de un evento cultural, sino por su traslado.

El edificio es el lugar donde fue creado en 2016 el primer centro cultural público de la ciudad. Hasta esa fecha, había estado en manos privadas, desarrollándose allí actividades gastronómicas. Después de un proceso de vaciamiento y abandono, de la que son responsables tanto la gestión actual como la anterior, el lugar cierra sus puertas como centro cultural, para abrírselas a la inversión privada. “Hay dos o tres privados interesados en hacer cuestiones gastronómicas en el lugar”, adelantó días atrás el intendente Mauricio Davico, en una entrevista.

Desde su inauguración a la fecha, el CCG ha contenido un sinfín de actividades artísticas y culturales de las más diversas en relación a las propuestas y a los públicos. Sus años de mayor auge se sitúan previo a la pandemia, cuando contaba con una programación amplia y prácticamente sin baches, la cual era llevada a cabo fundamentalmente por hacedores culturales de la ciudad. Su formato de funcionamiento, con sus más y sus menos, fue adaptándose a las circunstancias. 

En términos estructurales el edificio nunca estuvo en condiciones óptimas para su funcionamiento, de hecho, en los años de mayor actividad tenía serias fallas que inclusive ponían en riesgo a trabajadores y público.

En este sentido, siempre se ha encarado la mejora edilicia desde una perspectiva de reducción de costos: de eso, en lo cultural sabemos bastante. Por otro lado, de un tiempo a esta parte, el CCG ha ido mermando su volumen de actividad llegando a reducirse a un pequeño puñado de talleres y como espacio de reunión para áreas de gobierno y para algunas organizaciones de la sociedad civil.

En ese contexto, la actual gestión de gobierno estaba llevando a cabo reparaciones importantes (no tanto económicamente, pero sí en lo que hace al uso del espacio). Ya sea en la reparación de techos, el CCG se llovía y mucho; la colocación de una cisterna para mejorar el funcionamiento de los baños o la colocación de aberturas nuevas. Sin embargo, de un momento a otro se frenaron los trabajos. “No sigan, que parece que trasladan el CCG”, fue la orden.

Soy trabajador cultural y como a muchas otras personas me llegó la información sobre este traslado. Fue todo realmente rápido y, en diálogo con esa comunidad cultural que siempre está a mano para defender lo de todos, nos pusimos a buscar información sobre lo que estaba sucediendo. Así, nos reunimos en el mejor lugar donde lo podíamos hacerlo, en el mismísimo CCG. Una gran oportunidad para pensarnos, porque mover las cosas hace ruido y porque desde lo cultural (también) sabemos de movimientos.

¿Qué entendemos por espacio público? ¿Que la administración de gobierno tenga la potestad y los mecanismos para manejar los espacios públicos significa que puede hacer lo que quiera, cuando quiera? ¿Tiene nuestra comunidad el músculo suficiente para construir democracia más allá de la participación electoral? ¿Nos interesa dar debates? ¿Para qué?

Los espacios, sean públicos o privados, construyen identidad mucho más allá de los ladrillos. Cuando hablamos de patrimonio cultural se tiende a simplificar el concepto en lo material, pero lo que realmente condensa de sentido un espacio es el patrimonio inmaterial. El CCG es un ejemplo de ello. En sus peores condiciones edilicias fue cuando mayor actividad tuvo y hoy, que lejos está de encontrarse en óptimas condiciones, pero que algunas mejoras ha tenido, poco y nada sucede allí. Esto muestra que la cosa es más amplia que si entra chiflete por la ventana o no. Y también demuestra que la mejora en los patrimonios culturales no sólo se hace con dinero y con obras, también se hace con diálogo y construcción transversal.

“En sus peores condiciones edilicias fue cuando mayor actividad tuvo y hoy, que lejos está de encontrarse en óptimas condiciones, pero que algunas mejoras ha tenido, poco y nada sucede allí”

La crisis ya llegó, para la cultura también. En ese sentido, considero que a esta altura no hay mucho que explicar para entender el porqué de la caída de la oferta artístico-cultural de la ciudad. Vemos programaciones hasta mitad de mes, entradas de eventos a valores muy por debajo de los costos de realización e inclusive muchos shows con entrada libre.

Fue largo el proceso en que la comunidad artística, más bien vinculada a lo musical, logró consolidar hacia adentro la perspectiva de trabajo y se dejó de tocar gratis en bares, como sucedía hace quince años atrás. El contexto era de muy pocos espacios para la circulación cultural, por lo que un conjunto de trabajadores empezábamos a discutir hacia adentro y hacia afuera las condiciones de trabajo.

Actualmente, en un contexto en el que el dinero evidentemente no circula en la calle, es de mínima complejo producir culturalmente. Lo mismo le sucede a cualquier otro formato de trabajo que dependa de que la población tenga más dinero y no tantas deudas. En relación a las responsabilidades políticas sobre esto hay que decir que se las lleva el gobierno de Javier Milei y su política económica, pero también hay que decir que sin el respaldo de gobiernos provinciales y municipales esto no hubiera sido posible. Ahí la telaraña se amplía.

Agosto de 2018, fiesta aniversario de Clavarinhos


Por otro lado, el formato de uso de los espacios públicos ha ido mutando siempre y más aún con los cambios de gestión. Cada intendencia que asume considera que viene a refundar el Estado y desde esa perspectiva y desde un conocimiento que nadie sabe de dónde viene, cambian las reglas. Muchas veces sin acercar ningún diálogo con la comunidad afectada en ello. El traslado del CCG es ejemplo de ello.

Pero volviendo a las posibilidades y pautas de uso de los espacios, hay que decir que toda decisión tiene un impacto y que los reglamentos no son inocuos. Algunos estimulan la producción cultural y otros no, favorecen a ciertos sectores y a otros no. No existe reglamento que iguale, existen consensos o no; existen arbitrariedades o diálogo; existen sectores, distintos, muy distintos.

“Actualmente, en un contexto donde el dinero evidentemente no circula en la calle, es de mínima complejo producir culturalmente”

Volviendo al caso: el traslado del CCG en menos de una semana entró al Concejo Deliberante y fue aprobado por ordenanza. Quizás para una parte de la población este sea un acto administrativo más, pero para otra parte, la que sostiene la actividad cultural de la ciudad, evidentemente no, es mucho más que eso.

¿Se tendría que haber abierto el diálogo ante esta decisión?

Quienes entendemos a la democracia como una acción política diaria diremos que sí, que eso debería haber sucedido; quienes la reducen a un proceso electoral quizás puedan decir que se les votó para gobernar y tomar decisiones. Por eso éste también es un debate sobre cómo pensamos y, fundamentalmente, cómo construimos nuestra democracia.

Porque la democracia no es una palabra estanca ni una definición de libro, la democracia es la participación ciudadana que se ejerce todos los días y en ese hacer toma su forma. La democracia está construyéndose, siempre.

Ahora bien, aclarado por el propio Intendente el destino que tendrá el espacio donde funciona hasta hoy el CCG, me surgen algunas preguntas: ¿el traslado del mismo es sólo para tener un espacio adecuado para el funcionamiento de los dos talleres municipales que estaban, las reuniones de áreas y demás? ¿Se relanzará el CCG con mayor fuerza, apertura y recursos para la cultura de la ciudad? ¿O quizás tenga más que ver con liberar un espacio público y en ello terminar de vaciarlo de actividades y de sentido?

Este relato lo hemos aprendido quienes pasamos los 30 años, en los fatídicos años 90, el proceso más profundo de entrega de nuestra industria, recursos y soberanía sufrido en la Argentina, nunca superado, hasta ahora. Vaciar, dejar que se deteriore, cerrar y privatizar.

Días pasados, en otra entrevista, fue el subsecretario de Cultura, Luis Castillo, quien aseguró que se realizarán obras (como ampliaciones y realización de camarines) en el espacio del ex Frigorífico (donde, paradójicamente, también funcionaba un local gastronómico) para poder mudar el “Luis María Luján”. Pero ni dio fechas, ni abordó la modalidad de funcionamiento del refundado centro cultural municipal. Tampoco del rol que se pretende dar a la comunidad artístico-cultural que ha ocupado y ha hecho que funcione el espacio durante la última década.

Esta nota no aspira a generar claridad en relación a este hecho. Por el contrario, pretende generar más dudas, preguntas y ampliar la discusión. Porque poco y nada se habla de política, poco se repregunta y casi nada se debate. Ojalá que esta instancia sirva para movilizarnos. Mientras tanto, la cultura sucede, ahí está, gestando y transformando.

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