Como cada septiembre, las redes vuelven a poner en circulación un desafío que parece tan simple como polémico: pasar todo el mes sin masturbarse. El llamado “Septiembre sin fap” nació en internet como un juego, pero con el tiempo empezó a ser presentado también como una especie de prueba de voluntad, autocontrol e incluso como una promesa de mayor concentración, energía o testosterona.
Pero ¿qué hay realmente detrás del desafío? ¿Dejar de masturbarse durante un mes tiene algún beneficio? Por otro lado, ¿la masturbación puede convertirse en una conducta compulsiva? ¿Y qué pasa cuando estos desafíos llegan a adolescentes que todavía están descubriendo su sexualidad?
Para Mauricio Strugo, psicólogo y sexólogo clínico, el fenómeno está fuertemente vinculado con la lógica de las redes sociales y con la necesidad de pertenecer. “Septiembre sin fap” es, introdujo, un reto popular de internet en el que algunas personas intentan pasar todo el mes evitando la masturbación y, muchas veces, también el consumo de pornografía. Nació como un meme y como una prueba de autocontrol.
En el caso de los adolescentes, Strugo advirtió que el desafío puede adquirir otra dimensión: “ellos están en plena etapa de descubrimiento de su sexualidad, de su satisfacción, y para pertenecer a grupos de alguna manera quieren sentirse parte de esto. Entonces, tratan de cumplir con ciertos rituales, ciertos desafíos para ser parte de la comunidad o incluso hacerse viral. De esa forma, muchas veces también cometen desafíos bastante peligrosos”.
El sexólogo puso además el foco en la relación entre masturbación y pornografía. La pornografía, explicó, puede ser una herramienta, pero también puede convertirse en un consumo compulsivo y generar una percepción distorsionada de las relaciones sexuales. “Tengamos en cuenta que la pornografía son escenas preparadas, no reales, fantasiosas, que apuntan a una satisfacción muy rápida. Y si nosotros creemos que esa es la realidad, después nos podemos frustrar un montón cuando nos encontramos con personas reales. Cuando la pornografía se usa de manera compulsiva suele estar muy ligado a la masturbación, y eso, por supuesto, puede generar una adicción”.
“Ellos están en plena etapa de descubrimiento de su sexualidad, de su satisfacción, y para pertenecer a grupos de alguna manera quieren sentirse parte de esto”
Para Strugo, la clave no está en eliminar la masturbación sino en observar qué lugar ocupa en la vida cotidiana. “El autoerotismo, como un espacio de autoplacer, puede estar bueno. El tema es cuando esta práctica termina ocupando nuestras vidas y entonces se vuelve una compulsión”, advirtió el profesional.
“Si la persona lo tiene como un hábito cotidiano (lo hace dos o tres veces al día), puede generarle problemas en la concentración, no puede sostener un trabajo, vincularse con otras personas o realizar actividades cotidianas. Entonces, eso no está bueno”, resaltó el sexólogo. Además, remarcó que pedir ayuda profesional no debería estar asociado a la vergüenza: “La idea no es que esta práctica se corte o, de alguna manera, se censure, sino más bien que se acomode a una frecuencia que no interfiera en la calidad de vida de la persona”.
NO HAY UNA FRECUENCIA “NORMAL”
Desde otra perspectiva, Analía Urretavizcaya, psicóloga y sexóloga, miembro de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, del Psisyp y del Hospital de Clínicas, también ubica al “Septiembre sin fap” dentro de la lógica de los desafíos digitales.
“Es una iniciativa digital que propone no masturbarse por 30 días. Empieza como un juego, similar a otros desafíos virales que ya hemos visto, es impulsado en foros y se busca visibilidad y validación. En los adolescentes, suele funcionar como una forma de pertenencia a un grupo o una prueba personal de fuerza de voluntad”, define la profesional, pero advierte que no siempre es tan inocente, ya que “puede fomentar la desinformación, la culpa y la ansiedad en torno al desarrollo de la sexualidad y el placer propio”.
Para Urretavizcaya, no existen pruebas científicas de que dejar de masturbarse durante un mes produzca beneficios físicos o psicológicos en personas que no tienen una dependencia de esta práctica. Según ella, el desafío puede servir, en todo caso, como una oportunidad para reflexionar sobre los propios hábitos cuando existe la sensación de que la masturbación ocupa un lugar excesivo.
“Si la persona lo tiene como un hábito cotidiano (lo hace dos o tres veces al día), puede generarle problemas en la concentración, no puede sostener un trabajo, vincularse con otras personas o realizar actividades cotidianas. Entonces, eso no está bueno”
También rechazó la idea de que exista una cantidad universal de masturbación considerada “normal”. La frecuencia, explicó, depende de cada persona, de su deseo sexual, edad, estado de ánimo y disponibilidad de tiempo. En la misma línea que Strugo, la profesional planteó que el límite aparece cuando la conducta comienza a interferir con la vida cotidiana: responsabilidades, descanso, trabajo o relaciones interpersonales. También cuando la persona ya no lo hace por placer sino como respuesta frente a la ansiedad o una necesidad que siente que no puede controlar.
¿QUÉ PASA CON LAS PROMESAS DE MÁS TESTOSTERONA Y ENERGÍA?
Uno de los principales argumentos que circulan alrededor del “NoFap” es que la abstinencia permitiría aumentar la testosterona y, como consecuencia, mejorar la concentración, la energía, la seguridad o el rendimiento.
Urretavizcaya fue contundente al respecto: “La evidencia científica no respalda esas afirmaciones”. Según explicó, los niveles de testosterona se estabilizan rápidamente y la abstinencia no genera un aumento permanente.
Strugo, en cambio, mostró otra mirada sobre los efectos que puede tener una reducción de la frecuencia cuando existe un comportamiento compulsivo. En esos casos, sostiene que una persona puede recuperar capacidad de concentración, enfocarse en otras actividades y abrirse nuevamente a los vínculos. Por eso, más que pensar la cuestión en términos de “masturbación sí” o “masturbación no”, su planteo apuntó a qué lugar ocupa la práctica en la vida de cada persona: cuando el problema no es masturbarse, sino no poder dejar de hacerlo
Ambos especialistas coincidieron en que masturbarse no es un problema en sí. La preocupación aparece cuando existe pérdida de control o cuando la conducta empieza a afectar la calidad de vida. En esos casos, los dos entrevistados recomendaron consultar con un profesional de salud mental o sexología.
“Septiembre sin fap” puede ser un meme, un reto entre amigos o una excusa para probarse a uno mismo. Pero también puede abrir una conversación bastante más necesaria: qué entendemos por sexualidad saludable, cuánto de lo que consumimos en redes tiene sustento real y en qué momento una práctica placentera deja de ser algo que elegimos para convertirse en una conducta “que nos gobierna”.

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