La Ley 25.542 permite y resguarda la democratización de la edición de los libros, evita la concentración del mercado editorial en pocos grupos empresariales y fundamentalmente abraza la diversidad de lecturas en muchos espacios independientes distribuidos en todo el territorio de nuestro país.
Eliminarla es parte de una política que no considera a los libros como bienes culturales y que los piensa en una góndola como cualquier producto de supermercado. El proyecto presentado avala la destrucción de pequeñas editoriales y librerías independientes a favor de grandes cadenas y plataformas de venta.
¿Por qué se habla tanto de un precio fijo si todos queremos acceder a ofertas?
Al igual que el lobo se disfraza de abuela en Caperucita, los amigos de la destrucción ponen del lado de los malos a las editoriales con una estrategia de oferta engañosa.
Hoy el precio del libro es el mismo en cualquier lugar donde lo busquemos, porque ese valor incluye a toda la cadena editorial: escritores, ilustradores, imprenteros, distribuidores y libreros. Es una decisión tomada hace años como parte de una estrategia de defensa del libro, que desplaza la mirada hacia el catálogo, hacia la diversidad de lecturas y ediciones que se pueden ofrecer y también elegir.
La desregulación no abarata todos los libros, hace oferta con algunos títulos que le gustan a la plataforma y encarece o hace desaparecer a todos los demás. ¿Cuántos libros puede mostrarnos como fascinantes el algoritmo de plataformas multiventas o grandes supermercados? Pocos.
Cuando no hay diferencias de precios, los lectores eligen una editorial y una librería por muchas más razones. Las librerías no son solo comercios. Cada librero/a realiza una curaduría o selección de lecturas, ofrece asesoramiento y emprende la búsqueda hermosa de lograr el encuentro de las personas con un libro. A eso se le llama librodiversidad. Por eso, si no competimos por el precio, el acento se pone en el puente que es posible tender entre las lecturas y las personas, contribuyendo junto a bibliotecas y escuelas al trabajo de ampliación de universos culturales de forma comprometida.
“En el copioso mundo de los relatos quienes escriben, ilustran, diseñan (junto a quienes recomendamos y vendemos) narran como un acto de magia”. Teresa Andruetto dice que esa magia, supone un esfuerzo para lograr que lo que vemos e imaginamos se vuelva visible para otros. Los relatos nos permiten, desde el comienzo de los tiempos, variadas formas de permanencia y de resistencia.
Con las lecturas intervenimos el mundo. Descubrimos tesoros con mapas que están trazados no sólo con la oferta y la demanda. No es lo mismo descubrir un libro junto a la caja de un supermercado, que poder acceder y dialogar ante una diversidad de lecturas del mundo como parte de la experiencia del encuentro con otras personas.
Inmortalizó Lewis Carroll: “Y Alicia se levantó y comenzó a correr, pensando, mientras corría, en lo maravilloso que había sido su sueño (…) Conservaría a través de los años adultos, el corazón simple y afectivo de la niñez; congregaría a otros niños a su alrededor, y a ellos también les brillarían los ojos al escuchar muchas extrañas historias de sus labios, tal vez incluso este mismo sueño del País de las Maravillas”.

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