La historia de Diamante siempre estuvo atravesada por el río. Desde el cruce del Ejército Grande comandado por Justo José de Urquiza rumbo a Caseros hasta el intenso movimiento generado por la actividad portuaria, el río fue protagonista de nuestro desarrollo económico, social e histórico.
No menciono estos hechos por nostalgia, lo hago para recordar que el río no es un elemento más del paisaje, fue el motivo por el cual Diamante creció y durante décadas ocupó un lugar estratégico en la provincia. Sin embargo, hoy pareciera que hemos decidido darle la espalda.
En los últimos meses volvió a ponerse sobre la mesa un tema central para el futuro del país y de nuestra región, la concesión por 25 años de la mal llamada “hidrovía” a Jan De Nul y los hermanos Neuss. Se trata de una decisión estratégica que influirá durante años sobre el comercio exterior, la logística y el desarrollo de las ciudades costeras. Además, puede tener un impacto ambiental preocupante para nuestros recursos naturales. Pero en Diamante el silencio es absoluto, no se ha escuchado una posición del intendente Ezio Gieco, tampoco del presidente del Ente Autárquico Puerto Diamante, Aldo Cardinalli, ni de concejales oficialistas u opositores, nadie del arco político se ha pronunciado. Al parecer, considerar que el principal recurso natural y económico de nuestra ciudad merezca un debate público no es una opción para ninguno.
“Diamante parece haber naturalizado vivir de espaldas a aquello que podría convertirse nuevamente en uno de sus principales motores”
Diamante hace tiempo dejó de pensar estratégicamente en su río, la ciudad continúa creciendo hacia el interior, mientras el frente costero permanece relegado. Basta recorrer la ciudad para advertir que el río dejó de ser el centro de nuestra planificación urbana.
Mientras otras ciudades integran su costa a la vida cotidiana y al desarrollo económico, Diamante parece haber naturalizado vivir de espaldas a aquello que podría convertirse nuevamente en uno de sus principales motores. Por eso es momento de mirar nuevamente al río y discutir qué queremos hacer con él y, sobre todo, con nuestro puerto.
Su desactivación no fue un hecho aislado, sino parte de un proceso que comenzó con la segunda reforma del Estado impulsada por el entonces presidente Carlos Saúl Menem. Desde esa época fue perdiendo protagonismo hasta quedar prácticamente fuera de la agenda pública.
Sin embargo, el potencial sigue estando para la poca actividad que tiene el puerto. Según informe del CFI sobre los movimientos portuarios de carga “no conteinarizada”, entre 2018 y 2022 la terminal de Cargill en Diamante se ubicó en segundo lugar de las terminales privadas que más toneladas cargaron, concentrando un 12% del movimiento portuario provincial.
Resulta llamativo que, aun con un puerto público prácticamente inactivo, Diamante siga siendo uno de los principales nodos portuarios de la provincia. Si eso ocurre con la infraestructura actual, es inevitable preguntarse cuánto podría aportar a la ciudad si existiese una política sostenida de recuperación y desarrollo de su puerto.
Sabemos que en Diamante conseguir trabajo en el sector privado resulta cada vez más difícil y que muchos jóvenes se ven obligados a buscar oportunidades en ciudades vecinas, entonces recuperar la actividad portuaria no debería ser visto como una cuestión meramente logística, sino como una política de desarrollo.
Un puerto realmente activo significa generación de empleo genuino, movimiento económico en toda la ciudad, oportunidades para empresas locales y mejores condiciones para atraer inversiones. Si a eso se le suma la recuperación del sistema ferroviario, Diamante podría integrarse a un esquema de transporte multimodal que permita reducir costos logísticos y potenciar la competitividad de la producción entrerriana.
“El puerto de Diamante es una infraestructura estratégica para toda la provincia y hay que aprovechar todo su potencial”
Hoy, gran parte de la producción de Entre Ríos no sale por nuestra provincia, alrededor de un 80% termina haciéndolo a través puertos como los que están ubicados en la zona del Gran Rosario, en la provincia de Santa Fe. Esa realidad debería preocuparnos, porque afecta significativamente nuestra actividad económica cuando en realidad están las condiciones necesarias para que esto se dé de otra manera, lo que se necesita es decisión política. El puerto de Diamante es una infraestructura estratégica para toda la provincia y hay que aprovechar todo su potencial, tiene una ubicación ideal a pocos kilómetros de Paraná, también muy cerca de la ciudad de Crespo, uno de los polos agroindustriales más importantes de la provincia, que además no para de crecer.
Por eso, si volvemos a mirar el río no solo fortaleceremos a Diamante, sino que también haremos un gran aporte para el desarrollo provincial.
Por todo esto es menester discutir un proyecto de ciudad para definir y tener bien claro hacia dónde queremos ir. ¿Queremos ser una ciudad que apueste al turismo? ¿Queremos recuperar el perfil productivo? ¿O queremos ser una ciudad que pueda integrar ambas aprovechando el río como eje de desarrollo?
Hoy, Diamante no tiene ninguna de esas características, pero si queremos dar un salto cualitativo, este debate debe involucrar a toda la comunidad diamantina, el río es nuestra identidad y no debemos olvidarnos de eso. No obstante, quienes deben impulsar ese debate, son quienes tienen poder de decisión. Porque de eso se trata hacer política, de abrir discusiones estratégicas y de construir consensos para lograr el bien común.

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