Grabado y realizado en Gualeguay, el documental tiene como protagonistas a Bauti y Merlín, dos infancias trans, dos varones transpueblerinos que forman parte de la organización Diversidad Gualeguay. Junto a sus madres, Euge y Fabi, decidieron contar quiénes querían ser.
Así es como el film busca reflejar el proceso de acompañamiento diario, la escucha asertiva, el amor y las redes de contención que hacen más fácil los procesos tempranos. Se eligió como contexto las semanas previas a la segunda Marcha del Orgullo 2025 realizada en Gualeguay, una ciudad ultra conservadora, donde los discursos de odio se motorizan mucho más allá de las redes sociales.
Gualeguay es una ciudad de algo más de cincuenta mil habitantes, ubicada en el centro de Entre Ríos. Allí persisten muchas tradiciones pueblerinas y camperas que la hacen una localidad donde habita fuerte la entrerrianía y donde el trato entre vecinos es cordial y cálido.

Pero también en Gualeguay han ocurrido hechos de violencia que aún hoy nos sacuden como sociedad y que nos hacen pensar acerca de las lógicas de discriminación y exclusión que imperan aún en los pueblos más pequeños.
Hace algunos meses, Cecilia, una mujer trans de 47 años, murió en un caso que rápidamente quiso cerrarse como “accidente vial”, aunque todo indica que se trató de un transfemicidio. Según la reconstrucción de los hechos presentada por el Colectivo de Diversidad de Gualeguay, la noche de la muerte de Cecilia un camión con semirremolque se estacionó en la banquina y el conductor, una persona de 53 años, tuvo un intercambio sexual con ella. Al finalizar, el chofer subió al camión y Cecilia quedó esperando que el camionero fuera a buscar dinero para pagarle. Cuando ella advirtió que el conductor arrancó el camión sin pagarle trató de impedir que se vaya. El camionero pasó por encima de Cecilia con el camión, produciéndole la muerte en forma instantánea. Toda la secuencia fue registrada por imágenes de cámaras de seguridad de la zona.

En medio de las formas excluyentes en las que se construyen dinámicas de funcionamiento en algunos pueblos, «Ahora soy Pauti y Merlín» se posiciona desde una fuerte defensa de la Ley de Identidad de Género, hoy cuestionada y con modificaciones que afectan directamente a nuestras Infancias.
Max Gálligo, director de la película junto a Lautaro González Cristani, contó a La Mala: “El documental nace en el 2024, después de la primera Marcha del Orgullo en Gualeguay. Ese año fue la primera vez que salimos a la calle en una ciudad extrañamente conservadora. Éramos jóvenes y no tan jóvenes, aprendiendo sobre la marcha. Y en medio de todo eso aparecieron Bauti y Merlín con sus mamás, Eugenia y Fabiana, dos mujeres increíbles, y luego se fue sumando su familia completa”.
“Verlos marchar con esa decisión, en un contexto tan crudo… me movilizo la presencia de las infancias y su derecho a ser quienes son. A principios del año pasado la idea era hacer un video institucional para redes. Pero yo ya había hecho un documental acá, en Gualeguay, en 2021, Pamela. Símbolo de Resistencia. Así que me parecía importante dejar un registro más profundo de este proceso también”, expresó Gálligo. Y continuó: “Las mamás se re coparon con la idea y ahí arrancó todo. Soy productor de medios audiovisual, y se sumó Lautaro González, cineasta. Entre los dos empezamos a pensar este documental, con lo que se tenía de material. Es un proyecto 100% autogestivo, que salió adelante gracias al apoyo de organizaciones y sindicatos de Gualeguay que nos dieron una mano”.

– ¿Qué te impresionó, emocionó o movilizó a la hora de hacer el documental?
– Lo que más me movilizó fue lo natural y lo fácil que se dio todo el proceso, la confianza. Fue charlar con Euge y con Fabi y ponernos de acuerdo muy rápido. También con el Chino González, con quien dirigimos y pensamos esto con mucho amor y respeto. Desde el primer momento entendimos que era una temática sumamente importante. Sabíamos que iba a ser controversial por el contexto, por la ciudad conservadora en la que vivimos, pero eso no nos detuvo. En ese camino también apostamos a lo genuino. Más allá de las entrevistas que van a poder ver, que tienen un orden cronológico, no buscan enseñar, quisimos mostrar el proceso tal cual es y en eso también la previa a la segunda marcha: los preparativos, los medios, la organización. Todo lo que hay atrás y que hace a este documental. Algo que me emocionó fue ver no solo la conexión de Bauti, Merlin, sus familias y el equipo, sino en todas las personas que formaron parte. Gente que quiso poner su historia, contar un fragmento y dárselo al mundo para que otros conozcan otras realidades. Que es el objetivo.
– ¿Hubo detractores en el proyecto?
– Si te respondo desde el microclima: fue todo muy piola y nadie directamente nos planteó nada. Sí, sabemos que hay una parte de la sociedad que todavía se resiste, que no logra informarse o entender que hay otras formas y otras realidades, y sobre ellas los derechos conquistados y por conquistar. Eso se ve reflejado en los tiempos que corren. Por ejemplo, en cada publicación que hace algún medio de comunicación replicado en Facebook abundan los comentarios mal intencionados, que no sólo vienen desde la desinformación, sino que lo hacen a través de la violencia. Con el tiempo fuimos encontrando formas de manejarlo, por ejemplo, a los diarios de Gualeguay les pedimos por favor cierren los comentarios cuando publican algo sobre la comunidad o el documental. Porque no es algo que queremos que vean las infancias, y mucho menos las madres. Más allá de esas personas que emanan odio atrás de las redes sociales, desde el poder político o los medios de comunicación, uno hoy trata de fortalecer la comunidad que nos da mucha más seguridad, conciencia y nos alerta a defender nuestros derechos.

– ¿Qué valor tiene hacer este tipo de películas en estos tiempos?
– Este docu combina todo lo que está haciendo falta hoy: informar, abrazar, organizarse y mirarnos a la cara pese a las diferencias. También mostrar dos infancias transpueblerinas, con el condimento de vivir en una ciudad chica. No es solo una pieza audiovisual con un trabajo enorme de profesionales que amamos lo que hacemos, también muestra a una organización de diversidad de género que sale a la calle a luchar por sus derechos, a visibilizar, a mostrar este presente, reivindicando el pasado, y así intentar transformar el futuro. Y eso, en tiempos donde el odio está apoderado del día a día, me parece clave. No solo este documental, cada cosa que hagamos de forma organizada tiene ese valor. Todas las organizaciones de disidencias, de mujeres y DDHH, y cada persona que ve sus derechos cercenados tiene que poder salir a la calle, mostrar, visibilizar. Usar las redes sociales y los medios de comunicación a nuestro favor, entender que la comunidad LGTBIQ+ no somos seres cuantificables, de ataque o de estigmatización para tapar otras cuestiones que nos hacen daño. Este documental tiene un objetivo fundamental: proteger y defender nuestra Ley de Identidad de Género.
– Que está en peligro…
– La ley fue modificada a través del DNU 62/2025 y ahora prohíbe la hormonización y las cirugías para menores de 18 años, se sacó la rectificación de DNI sin juez y quitó la cobertura de obras sociales, prepagas y hospitales públicos. Por eso es sumamente necesario mostrar que existen lugares como el dispensario CAPS Celing Golding de la ciudad de Paraná. Que existen profesionales que acompañan, que están presentes. Que existen abogados que hacen amparos, si es que quieren cortar con un proceso de hormonización o de bloqueadores. Esperamos que las personas que puedan ver el documental se queden con las sonrisas, la felicidad y el amor de Bauti y de Merlín, siendo dos cuerpos subversivos para los tiempos que corren. Ellos son sujetos catalizadores de un montón de otras cuestiones. A través de sus madres nos traen una visión de la vida con escucha, aprendizaje, con mucho amor y acompañamiento.
La película se podrá ver en la Sala Sinergia de Gualeguaychú (Alem 367) el viernes 5 de junio, con un valor de entrada de $6000. Tras su proyección quedará abierto el diálogo y el debate para quienes asistan, un ejercicio vital y necesario en los tiempos que corren, en los que los gritos buscan imponerse y las luchas por el derecho a ser se quieren plantear como consignas del pasado.
Ficha técnica
Dirección: Max Gálligo y Lautaro González Cristani
Diseño gráfico: Ana Guerra
Colaboración musical: Gastón Matorra
Colaboración postproducción: Patricio Dellagiustina
