“Hay chicos destinados a besar, a brillar y a patear pelotas de fútbol por millones de dólares. Este no es el caso del protagonista: un adolescente sin novia y con un cuerpo que apenas ocupa lugar en el mundo, que vive a la sombra de su mejor amigo Nata, un mujeriego carismático portador de los músculos y las agallas que a él le faltan. Lo único que el protagonista tiene claro es su devoción por Caldo de Cabra, la banda de metal más pesada y demencial que el marketing haya parido. Cuando anuncian su recital de despedida, Nata consigue entradas y lo arrastra en una odisea en micro hacia Buenos Aires, donde acamparán ante las puertas del festival entre metaleros, borrachos y adoradores del diablo, y donde el protagonista se enfrentará a su mayor deseo: dejar de ser él mismo”.
Este fragmento es parte de la sinopsis de la novela “Satán será heavy metal o no será”, de Leandro Puntin, con quien dialogamos para conocer más de la obra, ganadora de la primera convocatoria «Edita o reedita tu libro», organizada por el Círculo de Autores (una iniciativa del Registro de Escritores).
– Nos conocimos con “Sin Semáforos”, ahora estás presentando tu novela “Satán será heavy metal o no será”, ¿de qué viene?
– De todo un poco, aunque, más que nada, de una deuda personal que tenía con el tema de los recitales y festivales de rock internacional en Buenos Aires. En especial, de la ardua peregrinación a la que nos vemos forzados los del interior del país: al menos, desde mi pueblo en Entre Ríos, eran ocho horas de ida solo para arrimarte al estadio y, después, ocho de vuelta. Pero eso es apenas el hilo conductor. La verdadera esencia de la novela está —quiero creer— en el anhelo desesperado de ser algo que no somos y en cómo lidiamos con esas amistades que la vida nos arroja en la adolescencia y, en realidad, no elegimos.

– La presentás como “un viaje de autodescubrimiento”, ¿cuánto de autodescubrimiento propio tiene la novela?
– Bastante, como en el desarrollo de cualquier novela. Si bien el protagonista no soy yo, narrarla en primera persona sí me acercó a determinados momentos y conflictos que tuve que atravesar solo en la adolescencia; me enfrentó a ciertos fantasmas que, por suerte, ya no están, pero que fueron parte de ese gurí imberbe y antisistema que fui (medio que lo sigo siendo, pero ahora de adulto, con sobrepeso y una rodilla mala, ya no puedo andar trepando techos y pintando grafitis). Lo que busco a veces en mis novelas no es tanto autodescubrirme como entender, a través de mis personajes, por qué actuamos como actuamos. Y, hasta ahora, la respuesta sigue siendo la misma: porque no tenemos ni idea de lo que hacemos; nos empuja el contexto (familiar, político, cultural) y suerte con lo que salga, muchachos. No hay caminos marcados para nadie.
– Contame sobre el premio de la convocatoria «Edita o reedita tu libro», ¿de qué se trata?
– La Fundación La Balandra, en conjunto con el Círculo de Autores Argentinos, lanzó el año pasado el primer certamen de “Editá o reeditá tu libro”. Un jurado preseleccionó diez libros —tanto publicados como inéditos— y después el público se encargó de elegir, mediante votos, al ganador. En mi caso, la obra era inédita, así que la felicidad fue doble cuando me anunciaron.
“Me enfrentó a ciertos fantasmas que, por suerte, ya no están, pero que fueron parte de ese gurí imberbe y antisistema que fui”
– Además de la novela, cómo es tu día a día en Barcelona, ¿qué estás haciendo? ¿cómo te trata España?
– Mi día a día es lo más mecánico y aburrido que puede haber: me levanto (más bien, mi señora me despierta a las 8 AM), escribo, voy al gimnasio, vuelvo, escribo, voy a trabajar, escribo en mi mente mientras preparo cafés y focaccias como un autómata, vuelvo, ceno mientras pienso en lo que ‘escribí’ durante el trabajo y me acuesto. Y al otro día, lo mismo. Nada interfiere con mi rutina de escritura. Si tengo que ir al médico o hacer algún otro trámite, lo que vuela es el gimnasio, el almuerzo o, bien, llego tarde al trabajo. No recuerdo si te conté la primera vez que soy diseñador gráfico. Bueno, abandoné ese rubro por completo hace tres años y solo agarro trabajos de diseño si son portadas o maquetaciones de libros, que hago en mis días libres. También corrijo textos, pero no es lo principal. Siempre pongo mis textos por encima de cualquier otra cosa. España me trata bien, tanto que me dio una residencia por cinco años, y sin conocerme mucho. Al menos acá, en Barcelona, la movida es más tranquila: los negocios abren a las 10 u 11 de la mañana y se toman su tiempo para arrancar (hay días en que ni abren, si no tienen ganas). A las 12 de la noche está todo cerrado y todo el mundo a dormir, que no se jode a los vecinos. El turismo ya es otra cosa: es imposible caminar entre la multitud que llena las calles, pero también es fácil esquivarla, porque se concentra en los puntos turísticos y te alcanza con meterte en un callejón a la derecha y chau; parecen personajes de un videojuego que tienen prohibido caminar fuera del área que les programaron.
– ¿Proyectos en marcha?
– Proyecto, en singular: escribir hasta que pase algo, que, de hecho, ya está pasando. Esta novela que ganó el concurso la escribí en 2023 y, desde entonces, ya tengo otros dos libros terminados. Ahora estoy escribiendo una novela sobre tres chicos de sexto grado que se obsesionan con la hermana mayor de una compañera de curso y, bueno, si ya me conocés, podés imaginar hacia dónde van los tiros. A nada bueno, seguro. Invito a todos los interesados a chusmear mi página web (relatos gratis, tanto míos como de otros autores contemporáneos) o a seguirme en mi Instagram, que es tan aburrido como mi rutina diaria.
