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DE MUJERES Y DISIDENCIAS

EL CINE COMO REFUGIO COLECTIVO

Con salas llenas, debates abiertos y directoras de distintos puntos del país, el espacio cultural Sinergia (Alem 367, Gualeguaychú) lleva adelante la tercera edición de un ciclo que apuesta por el cine documental como herramienta para pensar la realidad en comunidad.

Fotografía: Joaquín García
Edición 125 - 14 de marzo de 2026
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En tiempos en los que muchas pantallas se achican y los espacios culturales independientes luchan por sostenerse, el Encuentro de Cine Documental Hecho por Mujeres y Disidencias volvió a encender el proyector en Gualeguaychú. Organizado por el espacio cultural autogestivo Sinergia, el ciclo celebró su tercera edición con funciones colmadas, directoras invitadas y algo que sus organizadoras consideran fundamental: el diálogo con el público.

Vale Bassini, gestora cultural y referente de Sinergia, sostiene que el crecimiento del espacio es una construcción colectiva que se va consolidando año tras año. “Cada encuentro tiene como objetivo la sinergia entre las directoras, la comunidad y el equipo gestor”, explicó, en diálogo con La Mala.

Este año, además, hubo un foco especial: los documentales fueron los protagonistas. “Generalmente no tienen mucha cuota de pantalla, ni en los cines ni en otros espacios de exhibición, y la tienen que pelear en festivales específicos de cortometrajes. Acá les pusimos un lugar central donde dialogan los cortos y después podemos hacer el cine-debate”, contó sobre la dinámica del encuentro que comenzó el jueves y terminará este domingo 15 de marzo.

La respuesta del público sorprendió incluso a quienes organizaron el evento. La primera función se llenó completamente y dejó gente parada, mientras que las otras proyecciones —un jueves a las diez de la noche— también convocaron una sala llena. “La verdad estamos asombradísimos”, dijo Vale. “Incluso vino gente que nunca había habitado la sala. Hay un efecto contagio positivo”.

EL DIÁLOGO, PARTE FUNDAMENTAL


Cada proyección se complementa con un espacio de debate del que participan las directoras, el público y otras creadoras invitadas. Para Bassini, ese momento es clave: “Creemos que es fundamental para modificar nuestros pensamientos individuales y nuestros pensamientos colectivos. Por ahí alguien dice algo que yo no había pensado y de repente aparece otra mirada. Así se construye la democracia y se fortalecen los vínculos sociales”.

Durante documental y documental, además, entre cafés y mates, el intercambio continúa: “La comunidad dialoga con las directoras y entre sí. Esa sinergia sigue resonando durante meses, no solamente durante el encuentro”.

La selección de las películas también es fruto de ese trabajo colectivo. La curaduría la realizan Bassini junto a Daniela Tramontín y Nicolás Darchez. “Tenemos miradas muy distintas y eso es súper importante”, contó ella. El proceso comienza un año antes de cada edición: analizan películas, eligen y luego invitan a las directoras. Hasta ahora, todas han aceptado participar.

Una de las invitadas de esta edición fue la realizadora Natalia Vinelli, directora del documental Norma también. Para ella, el festival representa algo más que un espacio de exhibición. “Hay una decisión política, comunitaria y social de un conjunto de personas que llevan adelante este espacio, que además eligen un foco: mujeres y disidencias, y dentro de eso el cine documental. Todo eso junto lo hace muy especial”, señaló.


Vinelli destacó la importancia la construcción de estos espacios: “La felicidad es que haya gente que decide construir su propio cine, su propio espacio para encontrarse y verlo. Y la cantidad de público que viene, que se acerca a debatir y a reflexionar, es fascinante”.

“Hay una decisión política, comunitaria y social de un conjunto de personas que llevan adelante este espacio”

La directora también remarcó el contexto actual en el que se desarrollan estas iniciativas. “Es un momento muy difícil para las mujeres, para las disidencias y para el cine”, dijo. Por lo que consideró que encuentros como este permiten no solo compartir obras sino también enriquecer las miradas entre realizadoras y con el público.

La función de Norma también fue seguida por un debate intenso. “Nunca sabés qué va a pasar con una película frente a distintos públicos”, reconoció Vinelli. “Pero fue muy interesante lo que pasó acá. La película invita a reflexionar y a movilizar, y apareció muy fuerte una pregunta: cómo ese pasado interviene en el presente y qué hacer”.


Para la realizadora, ese tipo de discusiones revelan el potencial del cine documental. A diferencia de los modelos industriales dominados por la ficción y por formatos cada vez más breves, el documental se permite otros tiempos. “Rompe con esa lógica, se toma el tiempo para reflexionar, dialoga con la realidad y con la memoria”, explicó, y señaló el desafío más grande: que este tipo de festivales —muchas veces impulsados desde la base social— puedan multiplicarse en distintos puntos del país.

La expectativa es que el proyecto continúe ampliándose. “Creo que año a año va a ir creciendo”, remarcó Bassini: “La idea es ampliar sedes, sumar más trabajo con estudiantes y, sobre todo, seguir escuchando lo que la comunidad nos pide”.

“Es un refugio”, resumió la gestora cultura: “Por eso lo sostenemos. Y porque también nos sostiene a nosotros”.

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