DEFENDER LA VIDA, CON GUARDAPOLVOS

CANCIONES URGENTES PARA NUESTRA TIERRA

Para quienes vivimos en las provincias argentinas no es una novedad (aunque sí un secreto a voces) la crítica situación ambiental que acarrea el modelo productivo vigente y profundizado en las últimas décadas. En los entornos rurales, las escuelas han sido testigos protagónicos de esto y sus docentes y alumnos una voz de conciencia y esperanza que valen la pena escuchar y ver.

Texto: Agustina Díaz | Fotografía: Juan Merlos
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“Canciones Urgentes para nuestra tierra”, llegó a Gualeguaychú de la mano de Sinergia Teatral, la sala donde, cada jueves, hay funciones de cine nacional, especialmente de aquel cine fuera de los circuitos comerciales. La película se inspiró en el proyecto artístico-educativo “Canciones Urgentes para mi tierra”, nacido en escuelas rurales de Córdoba y Santa Fe, Argentina, con el objetivo de abordar problemáticas ambientales a través de la creación musical en el aula.

La iniciativa surgió cuando el docente y músico Ramiro Lezcano, al advertir la falta de clases de música en estos contextos y la creciente preocupación por el deterioro ambiental en sus comunidades, propuso a sus alumnos transformar esas inquietudes en canciones. Así comenzaron a componer sobre temas como las fumigaciones, la contaminación y los desmontes masivos. A partir de este trabajo colectivo, los estudiantes crearon e interpretaron canciones que dieron origen a álbumes musicales en los que participaron centenares de artistas reconocidos de Argentina y del mundo, amplificando la voz de los niños más allá del ámbito escolar.

Ver la belleza en las resistencias.

Mauricio Albornoz Iniesta es director, productor y docente de la Universidad Abierta Interamericana. Se formó en Diseño de Imagen y Sonido en la UBA y trabajó en distintos roles dentro de la industria audiovisual. Entre sus trabajos más recientes se destaca la serie documental ARA San Juan: el submarino que desapareció (Netflix), y este largometraje, que se ha exhibido en más de 30 países y con el que ha ganado más de una veintena de premios internacionales.


A.D.- Mauricio, ¿cómo nació el proyecto?

M.A.I.- Llegamos a esta historia a partir de una investigación que comenzamos en 2013 sobre el impacto de distintas problemáticas ambientales en comunidades rurales. Nos encontramos con una realidad muy dura: situaciones de salud y contaminación que afectaban especialmente a los niños y niñas.

Durante años buscamos la manera de contar esa problemática, pero no queríamos hacer solamente una película de denuncia —que son necesarias, pero muchas veces dejan una sensación de angustia—, sino encontrar una historia que también pudiera abrir una puerta a la esperanza y a la transformación.

“No queríamos hacer solamente una película de denuncia, sino encontrar una historia que también pudiera abrir una puerta a la esperanza y a la transformación”

En 2018, un amigo nos habló de Ramiro Lescano, un maestro rural de música que trabajaba con sus alumnos componiendo canciones sobre distintas problemáticas ambientales. Fuimos a conocerlo y enseguida sentimos que ahí estaba la película. Había algo muy potente en ese cruce entre infancia, arte y conciencia colectiva.

Es importante señalar que el proyecto Canciones Urgentes para mi Tierra, en el que se basa la película, aborda una enorme variedad de problemáticas ambientales, tanto locales como globales. Nosotros decidimos poner el foco en una de ellas porque entendíamos que condensaba muchas tensiones y debates presentes en esos territorios. Pero la película, sobre todo, habla de algo más amplio: del poder transformador del arte, de la educación y de la voz de los chicos.


A.D.- ¿Qué fue lo más gratificante y lo más duro de este proyecto?

M.A.I.- Creo que lo más difícil fue lograr que los chicos pudieran finalmente llevar sus canciones y su voz frente a toda su comunidad. Hubo resistencias, tensiones y momentos difíciles, porque son temas sensibles y muchas veces complejos de abordar. Pero también encontramos muchísimo apoyo en familias, docentes y personas de la comunidad que decidieron acompañar el proyecto con enorme valentía y amor.

Y justamente eso nos enseñó algo muy importante: que los cambios reales solo pueden construirse desde el diálogo, el respeto, la escucha y desde lo colectivo.

Lo más gratificante fue todo lo que aprendimos los adultos gracias a los chicos. Ellos tienen una capacidad increíble para soñar sin ponerse límites. Muchas veces los adultos naturalizamos que ciertas cosas “no se pueden hacer”, pero los niños todavía no conocen esos imposibles. Y ver cómo fueron llevando adelante algo que parecía inalcanzable nos transformó profundamente. Creo que todos los que participamos del proyecto volvimos a conectar con esa capacidad de imaginar otros mundos posibles.

“Lo más gratificante fue todo lo que aprendimos los adultos gracias a los chicos. Ellos tienen una capacidad increíble para soñar sin ponerse límites”

A.D.- ¿Cómo describirías la situación ambiental de nuestro país?

M.A.I.- Es una situación compleja, como ocurre hoy en gran parte del mundo. Argentina tiene una enorme riqueza natural y eso implica también una enorme responsabilidad. Muchas veces las urgencias económicas hacen que las discusiones ambientales queden relegadas, cuando en realidad deberían ser parte central de cualquier proyecto de desarrollo.

Creo que el desafío es encontrar formas de crecimiento que no impliquen destruir nuestra tierra. Y para eso hace falta más diálogo, más educación y más conciencia colectiva.

Fotografía tomada por Jorgelina Rojas.


A.D.- ¿Creés que hay esperanza?

M.A.I.- Sí, absolutamente. A veces es difícil sostenerla, pero creo que estamos obligados a hacerlo si queremos transformar algo. Y eso es algo que aprendimos profundamente de los chicos y de tantas personas que siguen trabajando todos los días, incluso cuando parece que los cambios no llegan.

Muchas veces pensamos la esperanza solo en términos de resultados, pero también tiene un enorme valor el camino recorrido. Intentar transformar la realidad, construir comunidad, generar preguntas, inspirar a otros… todo eso ya es muy valioso. Y aunque uno no vea inmediatamente el cambio, siempre queda algo sembrado para quienes vienen después.

Y por casa, ¿cómo andamos?

Entre Ríos no escapa a la realidad que golpea al resto de las provincias productivas del centro argentino. El despoblamiento rural persistente se explica por un modelo de explotación agrícola que no necesita gentes en los campos. Quienes viven en medio de los sembrados o en los pueblos, comunas y juntas de gobierno linderas a las explotaciones sojeras deben acostumbrarse a una pasiva exposición a los agrotóxicos que se respiran, que se beben y que se comen.

En esta lucha desigual e ignorada, el testimonio de Fabián Tomasi salió de nuestro pago para recorrer el mundo. Como trabajador rural y banderillero de aviones fumigadores de Basavilbaso estuvo años expuesto a los herbicidas que le provocaron una polineuropatía tóxica metabólica severa, un síndrome neurológico de enfermedades degenerativas e inflamatorias. Su cuerpo mutilado por el envenenamiento dejó de respirar en 2018, tras haber dado toda su energía en la concientización de lo que está ocurriendo.

Aún más cerca, en Costa Uruguay Sur, Gualeguaychú, fue la maestra rural Estela Lemes la que, valientemente, levantó la voz para romper el silencio. En la escuela donde enseñó a leer y escribir, padeció, junto a sus alumnos, fumigaciones permanentes con agroquímicos. Ni los carteles de los gurises, ni los guardapolvos blancos que piden piedad, son escuchados cuando los “mosquitos” y avionetas pasan rociándolo todo. En un fallo histórico, la Sala II Laboral de la Cámara de Apelaciones de Gualeguaychú reconoció que la enfermedad que sufre Estela desde hace tiempo fue causada por los efectos de la exposición a plaguicidas (insecticidas y herbicidas organofosforados) de las fumigaciones realizadas sobre la Escuela N° 66 Bartolito Mitre. Lamentablemente, la legislación provincial no ha cambiado desde entonces y, en nuestra ciudad, la ordenanza “Glifosato Cero” fue derogada por el gobierno de Mauricio Dávico.

“Ni los carteles de los gurises, ni los guardapolvos blancos que piden piedad, son escuchados cuando los “mosquitos” y avionetas pasan rociándolo todo”

Tiempo después, el cantautor local, Damián Lemes, dedicó una canción a Estela y, en ella, a todos los guardapolvos blancos que resisten en medio de un mar verde, de esos donde no habitan pájaros, liebres, ni zorritos… porque en esos mares no hay vida.

En tiempos tan difíciles para plantear horizontes de justicia, las pequeñas resistencias y la música se vuelven un acto de heroísmo y el cine que lo refleja un instrumento pedagógico y político imprescindible.

Canciones urgentes para mi tierra web: https://cancionesurgentesparamitierra.com/

A quien corresponda, de Damián Lemes: https://youtu.be/vJcfKCNGx1o?si=vFpPb6Cp7ylw7GGH

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