En la Plaza San Martín, donde hoy se llena de estudiantes tomando mates y gurises jugando, pasó una de las historias más oscuras de Gualeguaychú. El 1° de mayo de 1921, mientras trabajadores se reunían para conmemorar su día, la violencia organizada irrumpió en nuestra ciudad. No fue un exceso ni un hecho aislado: fue parte de un clima de época donde sectores del poder promovían y amparaban grupos parapoliciales para disciplinar a quienes reclamaban derechos.
La Liga Patriótica, integrada por miembros de las élites, fuerzas de seguridad y sectores conservadores, actuaba con un objetivo claro: sostener el orden social a cualquier costo. En nombre de la patria, perseguían, reprimían y atacaban a organizaciones obreras, inmigrantes y todo lo que identificaban como una amenaza.
Ese día, lo que empezó como una provocación terminó en masacre. Caballos avanzando sobre la gente, disparos, corridas, gritos. Entre 6 y 15 personas asesinadas, decenas de heridos. Y después, el silencio.
La prensa habló de “enfrentamientos” y gran parte de la ciudad eligió mirar para otro lado. Pero la memoria no desaparece tan fácil. Se sostuvo en la organización obrera, en historias que pasaron de generación en generación y en una bandera roja guardada como símbolo de resistencia.
Recién en 1983, con la vuelta de la democracia, los caídos tuvieron un monumento. Y hoy, en esta misma plaza, una placa sencilla sigue recordando el día que los tiros rompieron la calma y la vida de las personas.
