Cada último domingo de abril, Gualeguaychú vuelve al puente. No es una costumbre vacía ni un ritual automático: es la persistencia de una lucha que marcó a la ciudad y que, más de veinte años después, sigue vigente.
El conflicto ambiental por la instalación de plantas de celulosa en la costa uruguaya del río Uruguay comenzó a inicios de los 2000 y rápidamente escaló. Lo que empezó como preocupación de vecinos se transformó en una de las movilizaciones socioambientales más importantes del país. Hubo cortes en la ruta internacional a la altura de Arroyo Verde, asambleas multitudinarias y una presión social que incluso derivó en un conflicto diplomático entre Argentina y Uruguay, con intervención de la Corte Internacional de Justicia.
En ese proceso nació y se consolidó la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, que desde entonces sostiene el reclamo contra la contaminación y en defensa del río. Con el paso del tiempo, las formas fueron cambiando, pero la marcha al puente se convirtió en una de las expresiones más claras de esa continuidad.
La XXII edición volvió a reunir a vecinos en una caravana que partió desde Arroyo Verde hacia el Puente Internacional General San Martín. Allí, como cada año, se leyó una proclama y se reafirmaron las consignas históricas: el rechazo a las pasteras y la defensa del agua como bien común.
Lejos de ser un reclamo del pasado, la movilización vuelve a poner sobre la mesa una discusión que sigue abierta: qué modelo de desarrollo se elige y a qué costo. Porque en Gualeguaychú hay algo que no cambió: la convicción de que al ambiente, se lo defiende.
