Como mamá y como abogada quiero compartir una reflexión. Hoy, un adolescente de 14 años puede ser penalmente responsable, pero muchos de ellos y muchas de sus familias no entienden realmente qué implica eso.
¿Entendemos realmente qué valor tiene para un adolescente “tener seguidores”?
Para muchos chicos es reconocimiento, pertenencia y validación. Y entonces aparece la exposición irresponsable en un mundo (virtual, pero mundo al fin) en el que pasan nuestros hijos la mayor parte del tiempo.
Peleas filmadas, nenas de 11 o 12 años mostrándose como adultas, con poses sexuales que ni siquiera comprenden; chismes, retos virales, actos de violencia; burlas, bromas, actos sumamente riesgosos como colgarse de una ventana o subir a lugares poco accesibles sin protección; probar, comer o tomar cosas peligrosas son algunos de los posteos con los que los adolescentes intentan llegar a tener miles de likes, vistas y seguidores.
A esto se le suma que a diario reciben noticias del mundo adulto sin ningún tipo de filtros ni acompañamiento para entender. En tiempo real lo conversan con pares y esa opinión es más importante que la nuestra. Como padres y madres, solemos llegar tarde. Y nos cuesta generar esa conversación necesaria que limite, que les abra los ojos, que les de una idea de que los actos suelen tener consecuencias, a veces muy graves. Porque saber, estar al tanto, no es lo mismo que entender.
¿Tu hijo entiende que una “broma” puede tener consecuencias penales?
La semana pasada en Gualeguaychú (a los días entendimos que fue un acto generalizado en prácticamente todo el país) dos colegios suspendieron las clases por amenazas de tiroteo. Algunos adolescentes se rieron, lo tomaron como un chiste, otros se asustaron, algunos incluso empezaron a imitar la conducta por el resultado obtenido.
“Una amenaza de este tipo puede encuadrarse como Intimidación Pública (Artículo 211 del Código Penal Argentino), con penas de hasta 6 años de prisión”
Muchos dicen que es por un “reto” que circula en redes. Pero el problema no solo es la red, no es TikTok solamente. Es algo que tal vez no estamos entendiendo ni sabemos explicar: las consecuencias. Porque los chicos suelen creer que “no pasa nada”.
En este sentido, ellos deben entender que no todo es un juego. Que estas condutas pueden configurar delitos.
Una amenaza de este tipo puede encuadrarse como Intimidación Pública (Artículo 211 del Código Penal Argentino), con penas de hasta 6 años de prisión.
Y actualmente, en Argentina, desde los 14 años puede haber responsabilidad penal. La ley empezaría a regir desde septiembre, sí, pero ya se encuentra sancionada. ¿Se entiende?

Lo que pasa en redes no queda en redes. Y lo que empieza como un “reto” puede terminar en una causa judicial, con la complicación que esto puede generar a una familia. Hay que entender algo básico: las consecuencias existen, aunque ellos no las vean. El «yo no sabía» no justifica una conducta de este tipo.
En el caso de las amenazas de tiroteos, el Artículo 211 del Código Penal Argentino tipifica (define) el delito de Intimidación Pública: “Será reprimido con prisión de dos a seis años, el que, para infundir un temor público o suscitar tumultos o desórdenes, hiciere señales, diere voces de alarma, amenazare con la comisión de un delito de peligro común o empleare otros medios materiales normalmente idóneos para producir tales efectos”.
Como cualquiera puede entender, no hace falta que el hecho ocurra realmente, la amenaza en sí ya puede ser delito si genera temor público. Por eso, amenazas de bomba, amenazas de tiroteo o mensajes que generen pánico en una escuela encajan perfectamente en este tipo penal y pueden tener consecuencias penales.
Pero no son las únicas situaciones y conductas frecuentes que pueden ser delito. También pueden ser: los robos “por juego”, las peleas grabadas, los daños a la propiedad o las agresiones en redes sociales. La intención no elimina la responsabilidad. Y el grupo no protege: cada uno responde por lo que hace.
No se trata de asustar, aclaro. Se trata de algo más difícil: explicar consecuencias, acompañar procesos y formar criterio.
Porque, aunque un adolescente no entienda lo que hace, las consecuencias llegan igual, y a veces llegan tarde para todos.
Hablar de esto no es exagerar. Es prevenir.
