LÚDICA, CELESTE Y BLANCA

JUGAR POR LA SOBERANÍA: DE ENTRE RÍOS A LA ANTÁRTIDA

El Equipo Azul es una editorial entrerriana de juegos de mesa. A contrapelo de la industria del juguete que inunda nuestro país con productos importados que no guardan relación con nuestra cultura, ofrece herramientas (divertidas) para aprender. Entrevistamos a su director Iván Taylor y te invitamos a conocer y apoyar esta propuesta.

Texto: Agustina Díaz | Fotografía: Ivy Perrando Schaller
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Su actividad comienza con la creación del primer juego, Piedras del Universo, en marzo de 2019. Un juego que nos invita a conocer símbolos de las culturas originarias que habitaron nuestro suelo y su fauna. Desde entonces, cada uno de los juegos desarrollados por El Equipo Azul, abordan el universo natural, cultural e histórico de nuestro país. Además, el cuidado del ambiente y la perspectiva de género son líneas de trabajo centrales para las propuestas lúdicas. A esto se suma que el trabajo visual es realizado por artistas de la región y los componentes son fabricados por emprendedores de la zona. 

Los vinos entrerrianos, las aves argentinas y los peces de nuestros ríos son algunas de las propuestas que se concretaron, hasta que llegó el proyecto Malvinas y, después, La Antártida. Para quienes sentimos eso que se dice “orgullo nacional” y nos conmovemos con la inmensidad (territorial y simbólica) de nuestra patria, los juegos del Equipo Azul ofrecen una oportunidad de transmisión y aprendizajes.

En tiempos de juegos producto de una globalización que nos homogeniza y embrutece, porque nos hace ignorar quienes somos y construyen un sentido común alejado de nuestro sentido común, estas propuestas surgidas de nuestro territorio, por nuestros creativos, son un estímulo. 

LA PALABRA DE IVÁN TAYLOR, EL DIRECTOR DE UN SUEÑO HECHO EDITORIAL DE JUEGOS

En 2021 comencé a desarrollar un juego con el objetivo de abordar la Cuestión Malvinas de manera integral: tomando el conflicto armado de 1982, pero incorporando también elementos históricos anteriores y posteriores, información sobre especies nativas, recursos naturales, curiosidades y datos geográficos. La idea fue tomando forma a través de borradores y prototipos incompletos, hasta que en 2023 fui becado para cursar la diplomatura “Malvinas, Atlántico Sur y Antártida”, organizada por la Red Argentina de Profesionales para la Política Exterior y la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Durante el año de cursado me dediqué a elaborar una investigación que trató sobre el estado del arte de las propuestas lúdico-pedagógicas en torno a la Cuestión Malvinas, en Argentina y en el mundo. Al finalizar 2023, en el resto del mundo dimos con 17 títulos, todos sobre la guerra, la mayoría británicos, la mayoría orientados a desplazar las posiciones argentinas del tablero de juego.

A contrapelo del topónimo Falkland, brilla curiosamente la edición «Malvinas» de 1987 por la editorial española NYC. ¿Corrección idiomática? ¿Posicionamiento geopolítico? ¿Una cosa señala a la otra, sutilmente? Es probable. Sobre todo, tratándose de la denominación que les ha dado España desde el siglo XVIII, en los albores de la creación del Virreinato del Río de la Plata. En Argentina, en cambio —y este es el punto central de la investigación— no encontramos juegos de mesa publicados por editoriales que traten sobre Malvinas.

Otra vez la narrativa. ¿Quiénes somos y qué nos decimos cuando entramos en esa sala de ensayo de la realidad, en ese estadio, casi cuántico, que es jugar?

Acercarnos al sentido más etimológico de la palabra diversión —dar un giro, apartarse, incluso descansar de la realidad— puede darnos una pista. Si jugar es divertirse, o mejor aún, si un juego tiene que ser divertido, entonces tiene que permitirnos imaginar algo nuevo. Entonces, de nuevo la pregunta: ¿quiénes somos cuando no decimos nada sobre una temática?

Una respuesta puede ser que la ausencia de juegos de mesa sobre Malvinas ha seguido el curso lógico del proceso desmalvinizador, en cuya ciénaga de la memoria lograron sobrevivir las historias y relatos de los veteranos y combatientes a través de las escuelas públicas que le dieron lugar y voz. Fueron las docentes y los alumnos, también, quienes cortaron cartulinas y pintaron las Malvinas en los juegos sin sello editorial que encontré en mi investigación. Una Oca malvinera, un Catán adaptado a la guerra, juegos transformados en herramientas educativas que dieron sostén a una causa que hoy tiene jerarquía constitucional, pero que persistió por el espíritu guerrero de nuestros soldados y las puertas abiertas de la escuela pública.

El cierre de aquella diplomatura lo vivimos en el Museo de Malvinas de la ciudad de Buenos Aires. En ese momento conocí personalmente a Ivy Perrando Schaller, que ya era mi amiga casi desde la primera clase.

Ivy llegó a la diplomatura becada por su trabajo de investigación fotográfica de las Veteranas de Malvinas, que ya estaba alojado en la página web oficial del Ministerio de Defensa.

Después del abrazo y de la ceremonia, en que tuve el honor de presentar el juego Malvinas ya terminado, nos fuimos cada uno con una promesa hasta ahora incumplida: volver al Museo a compartir jornadas de juego con las escuelas que lo visiten y que la palabra Veteranas forme parte de su discurso museológico.

Ese encuentro, sin embargo, nos dejó con un nuevo objetivo. Si Malvinas no puede ser entendida fuera de su contexto en el Atlántico Sur y como puerta de entrada a la Antártida ¿Qué herramientas educativas hemos creado desde una perspectiva lúdica para contarles a las nuevas generaciones que somos ciudadanos del país pionero en el continente blanco? Voy a ser breve en la respuesta: casi ninguna.

Ningún sello editorial argentino ha publicado un juego de mesa con temática antártica desde el punto de vista de la soberanía. Y este detalle final es clave, porque en este sentido no se trata solo de hacer un juego, sino de construir una narrativa que nos incluya, que nos diga quiénes somos. Que le diga a un jugador quién fue Sobral, quién fue Hernán Pujato.

Con esa misión comenzamos a investigar acerca del tema, a entrevistarnos con personal civil y militar de distintas fuerzas. Mariana Licursi, veterana del proyecto Malvinas, le dedicó incontables horas al diseño gráfico, al igual que Mario Milocco, que pintó en acualeras las bases, los pilotos, las embarcaciones, los aviones, los marinos que ilustran el juego. A Jorge Cuesta le pedí que imprimiera los ARA Almirante Irizar que señalan en qué base se está operando en cada turno. 

Para 2025 tuve un prototipo bastante cerrado. Le llamamos «Antártida Argentina Misión soberana». Gracias al suboficial Javier Ayún logré compartir una reunión con el Comando Conjunto Antártico donde expuse el proyecto.

La recepción de la idea fue un éxito. Meses después me contactó el coronel Fernando Estévez:

—Este juego es maravilloso. ¿Cuál es su plan?

—Queremos llevarlo a la Antártida, jugarlo con la dotación de una base y que nos digan qué opinan. No podemos publicarlo sin contar con la mirada de los antárticos.

Una imprenta de Paraná nos donó la impresión de los prototipos. Una amiga me dio unas estampitas, un amigo una carta; Nina me dio su peluche pingüino para que me protegiera. Una amiga me regaló una bandera de Entre Ríos. Metí todo en la mochila que me regaló mi esposa y me subí al Hércules con Ivy y sus cámaras fotográficas. El avión encendió sus luces verdes, atravesamos el océano y la noche hasta que sus ventanillas nos mostraron los primeros témpanos y las primeras islas. Fue la primera vez que salía del continente americano hacia otro continente y lo hice sin salir de mi país. El Hércules apuntó su nariz hacia la pista; al tocar la superficie de permafrost y ripio dio los sacudones que ya no sorprenden a la tripulación.

Llegamos, lloramos, jugamos, reímos, tomamos nota de las sugerencias de los jóvenes científicos y militares de diferentes fuerzas que probaron el juego y tomamos fotos con esos jóvenes jugando, menores de treinta casi todos, que se quedarán este invierno a defender la narrativa argentina en nuestro sur más sur: somos ciudadanos del país pionero antártico y estamos aquí porque la soberanía no se reclama ni se declama, se ejerce.

Antártida Argentina Misión soberana es el primer juego de soberanía antártica argentina y su narrativa invita a tomar el papel de un equipo antártico para resolver las misiones de cada una de las 13 bases argentinas durante una campaña antártica de verano.

Regresamos a la gamela de Río Gallegos. Compartimos una presentación del juego y una cena maravillosa con los suboficiales y oficiales que nos recibieron como propia tropa. Nuestra misión, de alguna manera, también fue la de ellos. Y nada se celebra como una misión cumplida.

Tenemos un mapa bicontinental que todavía necesita divulgación para que todo argentino y argentina sepa que esa es la forma de nuestro país, bicontinental. Lo escribo y parece irreal, pero es cierto.

Existen libros, remeras, canciones, calcomanías, tatuajes, documentales, cuentas de instagram, localidades, calles, marcas de electrodomésticos con el nombre Antártida. 

Ahora, también hay un juego de mesa que nos invita a recrearnos como si fuéramos parte de una dotación antártica, desde una mesa de Aldea María Luisa, de Calchín Oeste, de Villa Crespo o desde Las Heras. Y nos mueve la voluntad de crear una narrativa que nos permita imaginarnos más y más parte del país al que pertenecemos, hasta que nos sacudamos toda lógica desmalvinizadora y desmotivadora. Una épica argentina, una nueva épica nacional en donde si malvinizar es la tarea, agreguemos que antartizar también lo es.

Si querés colaborar con el proyecto:

Ya podés ser parte de Antártida Argentina: Misión Soberana, un juego donde la logística, la ciencia y la soberanía se juegan en equipo.

Equipo Azul está en preventa y los primeros en sumarse están haciendo posible que este proyecto se convierta en realidad.

👉 Sumate reservando tu juego y difundiendo esta info, estás colaborando para hacer realidad esta herramienta educativa. 

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