ECONOMÍAS FAMILIARES INCENDIADAS

PLURIENDEUDAMIENTO: ¿CUÁNTA GUITA LE DEBÉS A MERCADO PAGO?

Este 1° de Mayo podría haber sido presentado como el Día del Trabajador Endeudado. Es que, como consecuencia de más de ocho años de profundización de la deuda externa argentina y de una economía asfixiante para las mayorías, la actualidad exhibe niveles récord de morosidad. Endeudarse para pagar deuda, un círculo nocivo que se profundiza.

Texto y fotografía: Luciano Peralta
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“Amigo, ¿tenés cincuenta para transferirme?”

“Si se te acumulan hasta dos facturas, no te cortan el gas”

“Ayer cobré y hoy ya no tengo plata”

“Ya no puedo pagar ni el mínimo de la tarjeta”

“No me transfieras a Mercado Pago que la deuda me come todo”


Si bien hace un tiempo empezaron a mostrarse números que dan sustento estadístico y científico a los niveles de endeudamiento que padecen las familias argentinas, no hay que ser especialista en absolutamente en nada para saber de qué se trata. Y esto es así por una sencilla razón: casi todos estamos endeudados.

El tema emerge con una potencia desconocida hasta el momento y escala rápidamente para hacer punta entre las principales preocupaciones de los argentinos. Ahí donde históricamente se ubicaron la pobreza, el desempleo y la inseguridad, en estrecha relación con cada una de estas demandas, irrumpe el drama del endeudamiento privado.

Y acá hay un primer punto importante. El concepto de “privado” comienza a ponerse en cuestión, no solo porque las deudas familiares son consecuencia de la insostenible deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la política económica argentina, también se impone la necesidad de empezar a pensar este concepto más allá del plano personalísimo (“estoy endeudado porque soy malo administrando”; “debo esforzarme más para tener más ingresos y así poder pagar la luz”).

“La secuencia histórica empieza con la vuelta del Fondo Monetario en Argentina en el 2018. El FMI es una gran aspiradora de ingresos populares”

En la Argentina de hoy la deuda empieza a ser tema de la política, hay varios proyectos opositores que abordan la necesidad de hacer algo al respecto, de brindar herramientas legales para ayudar a quienes están enterrados hasta la cabeza en el barro de la morosidad. Pero hasta ahora no se ha podido avanzar sobre ninguno. Además, el Programa “Desenrola Brasil”, de renegociación de deudas con enfoque en la población morosa, aparece como ejemplo de las herramientas a mano para atender el problema que, de la pandemia para acá, no hizo más que crecer en todas partes.

Entonces: la deuda doméstica (con la tarjeta, los familiares o amigos, con los bancos, con las billeteras virtuales o con los prestamistas no bancarios) no es un problema privado de cada uno de nosotros. Es consecuencia de malas políticas económicas sostenidas y profundizadas, al menos, por los últimos tres gobiernos nacionales.

Si “no hay plata” para aumentos salariales y consumo interno, es porque esa plata es para pagar la deuda con el FMI y otros acreedores internacionales. Luci Cavallero, quien es socióloga, docente y referente del espacio político Movida Ciudad, explica muy claramente este proceso: “La secuencia histórica empieza con la vuelta del Fondo Monetario en Argentina en el 2018. El FMI es una gran aspiradora de ingresos populares, en todos los países en los que está trata de pisar los ingresos mediante prestaciones sociales. Es un ataque muy fuerte a los ingresos de los trabajadores y las trabajadoras públicas, porque la destrucción del servicio público empieza por la destrucción del salario de los trabajadores y las trabajadoras, y el ataque a las moratorias previsionales. Ese esquema que se empieza a configurar en el 2018 empieza a mostrar ya las primeras señales de endeudamiento, que a esta altura es un endeudamiento para vivir”.

Por lo tanto, la deuda argentina, un yunque heredado de la última dictadura, se transforma material y conceptualmente: somos un país endeudado, sí. Pero ahora también somos provincias, municipios, empresas, familias y hasta menores de edad endeudados.

La deuda, que en sí misma no es ni mala ni buena, siempre depende para qué, ya no es para la casa, el auto, ni siquiera para las vacaciones, es deuda para comer.  

EL GRAN DRAMA NACIONAL

“Se trata de un endeudamiento que cambia cualitativamente porque no es transitorio, no es circunstancial, empieza a destinarse para comprar comida, para comprar medicamentos, para pagar servicios”, sostiene Cavallero, e identifica, luego, un segundo momento crítico: la pandemia.

“En pandemia se da un gran momento de precarización del trabajo, un momento en el que se reorganiza la jornada laboral productiva y reproductiva, y aparece muy fuerte una capitalización de las billeteras virtuales, primero como medio de pago y después como forma de acceder rápidamente al crédito”, sostiene.

“Ahora -continúa-, estamos en un tercer nivel, que es un endeudamiento producto de tres fenómenos estructurales: primero, la política de desregulación de la economía (internet, salud, educación, alquileres, etcétera); segundo, el esquema es salarios achatados, creciendo menos que la inflación; y tercero, las tasas de interés absolutamente desreguladas. El Banco Central no pone una tasa de referencia, hoy los bancos cobran lo que quieren, al igual que las billeteras virtuales. Estamos en un esquema de usura generalizada. En ese contexto, el endeudamiento se transforma en el gran drama nacional”.

“Se trata de un endeudamiento que cambia cualitativamente porque no es transitorio, no es circunstancial, empieza a destinarse para comprar comida, para comprar medicamentos, para pagar servicios”

Según un informe de la consultora 1816, elaborado en base a datos de la Central de Deudores del Banco Central (Cendeu), en febrero de este año se registró un nuevo aumento en el nivel de incumplimiento de créditos, con un dato particularmente preocupante: el fuerte deterioro en billeteras virtuales y entidades no bancarias.

El segmento de créditos a familias volvió a empeorar y acumula más de un año de deterioro sostenido. De acuerdo con el informe, la mora en este segmento subió de 10,6% en enero a 11,2% en febrero. Pero el dato más relevante es la tendencia de fondo: «La mora de familias subió por decimosexto mes consecutivo y alcanzó su valor más alto desde el año 2004».

En lo que respecta a las entidades no financieras, donde se incluyen fintech, billeteras virtuales y otorgantes de crédito por fuera del sistema bancario tradicional, la situación es sensiblemente más delicada: la mora de los créditos a hogares alcanzó el 29,9% en febrero, lo que implica una suba de más de dos puntos porcentuales en apenas un mes y deja a este segmento con niveles de incumplimiento casi tres veces superiores a los del sistema bancario.

Aunque no es la única, ni mucho menos (compite con Ualá, Tarjeta Naranja, etcétera), Mercado Pago es la billetera virtual más grande y utilizada del país. Entonces, que haya triplicado su ratio de irregularidad en apenas un año, es más que una alerta: según datos oficiales del Banco Central, la fintech de Marcos Galperin pasó de registrar una mora del 5,5% en enero de 2025 a alcanzar el 14,7% en enero de 2026.

Números hay un montón. Las estadísticas son cada vez más, porque el problema es cada vez más grave y extendido. Endeudarse para comer ya no es una excepcionalidad; tampoco lo es tomar deuda para pagar deuda. El círculo es nocivo y demanda respuestas colectivas. Porque el drama ya no es solo privado o familiar, complejiza y, en ciertos casos, arruina la vida de millones de personas. Particularmente la de las familias más empobrecidas.

Nadie se salva solo, solemos decir. 

Hoy, podríamos sostener perfectamente que, tampoco, nadie se desendeuda solo. Algo hay que hacer, y es urgente.

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