SALUD MENTAL

EL ENIGMA DEL SUICIDIO ENTRE LOS VERDES ENTRERRIANOS

Entre Ríos tiene la tasa de suicidios más alta del país, duplicando el promedio nacional. En 2025 se registraron 19,8 casos cada 100.000 habitantes. De la “misión de salvar” a la tarea comunitaria de acompañar a través de experiencias concretas: Los Charrúas y Sajaroff abren esperanzas.

Texto: Zul Bouchet | Fotografía: Rodrigo Nuñez
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Durante años la localidad de Ingeniero Sajaroff, en el departamento de Villaguay, tuvo el paisaje de un pueblo fantasma, con ventanas cerradas, calles desiertas y un aire particularmente espeso. La falta de movimiento no se debía a sus pocos habitantes ni a la inexistencia de asfalto, sino más bien a la falta de futuro. En ese pequeño rincón, tres suicidios funcionaron como un eco trágico que parecía dictar la misma sentencia para el resto: un destino circular donde la falta de proyectos clausuraba cualquier idea de futuro. Sin embargo, no se quedó en el dolor y actualmente puede relatar otra historia.

El paso de Junta de Gobierno a Comuna le permitió a la localidad recibir un aumento presupuestario que, acompañado a una decisión política de que las cosas mejoren, generó inclusión donde antes había abandono. Hoy, el pueblo tiene vida, instituciones que se mueven y más oportunidades. Todo eso ha generado un retroceso en sus tasas de suicidios.

LA PREGUNTA DEL MILLÓN: ¿QUÉ PASA EN ENTRE RÍOS?

Las cifras golpean con la fuerza de aquello que no puede negarse, y la respuesta de por qué ocurren tantas muertes autoinfligidas sigue siendo, en palabras del psicólogo Sergio Brodsky, el enigma del millón.

La Mala conversó con el profesional de larga experiencia en el tema para desandar algunas cuestiones que mantienen en vilo a los entrerrianos. En la provincia no existe, comenta, una investigación oficial y rigurosa que explique por qué la tasa de suicidios es tan elevada. Existe la Ley Nacional de Prevención del Suicidio N° 27.130, a la cual Entre Ríos adhirió mediante la Ley Provincial N° 10.605, pero falta el estudio de campo que identifique las variables diferenciales de nuestra geografía. Hay un marco normativo que declara el interés nacional y garantiza la atención, pero no hay ‘a ciencia cierta’ una investigación que diga: estos elementos son los que explican por qué hay más suicidios acá que en otras provincias.

Ante el vacío de certezas estatales e investigaciones que validen conocimientos, se impone como necesario rechazar cualquier tipo de reduccionismo. “El suicidio no es un evento aislado ni una falla química individual, es un fenómeno multidimensional y multicausal. Se extravía el camino cuando se reduce la depresión, por ejemplo, a una dimensión puramente biológica”, explica Brodsky. Considerar que alguien se quita la vida porque “le falta serotonina” no es solo simplista, sino que constituye una cierta operación política que borra los contextos en los que se enmarcan esas muertes.

“En la vida de alguien que sufre las causas se amontonan: está el procesamiento subjetivo del dolor, pero también se hace presente la dimensión económica, la estabilidad laboral, la cultura local y la historia de su comunidad. Todas interactúan. No es casual”, reflexiona Brodsky. Y trae datos: en periodos de crisis, como la debacle del 30, los despidos masivos de los 90 o la crisis del 2001, los índices se dispararon. La organización social y política tiene un impacto directo sobre el psiquismo.

Es fundamental entender el suicidio desde la multicausalidad para reconocer que, muchas veces, lo que vemos como una separación, una deuda, una adicción, entre otras cuestiones, son apenas una causa desencadenante. Detrás suele haber una serie de factores de vulnerabilidad que se vienen tejiendo desde mucho antes: traumas infantiles, soledad, fracasos de proyectos de vida, falta de empleo u oportunidades, aislamiento, atcétera.

Para Brodsky es importante entender a su vez que el concepto está vinculado a un dolor insoportable, no simplemente al deseo de morir. Es necesario entender al suicidio como un intento desesperado de escapar de un sufrimiento, no simplificar: no es que sólo gano la pulsión de muerte.

“Es fundamental entender el suicidio desde la multicausalidad para reconocer que, muchas veces, lo que vemos como una separación, una deuda, una adicción, entre otras cuestiones, son apenas una causa desencadenante”

EL PESO DE LAS RAÍCES Y EL MANDATO DEL ÉXITO

En Entre Ríos la inmigración dejó apellidos históricos, pero también tradiciones. En medio de ambos se sembraron mandatos que todavía operan en silencio (y no tanto). Para Brodsky es válido pensar el territorio teniendo en cuenta cómo ciertas comunidades se vinculan al éxito y el fracaso. En zonas con una impronta inmigrante fuerte, el progreso puede no ser una opción sino un mandato generacional: tenés que tener éxito para ser leal a la generación anterior.

La presión de “ser alguien” o cumplir con los estándares de “tener” genera una frustración que puede llegar convertirse en patológica. “Cuando la felicidad se confunde con el éxito económico, cualquier traspié se vive como una traición. Quizás por eso aparece tan fuerte en ciertas zonas la cultura de la apariencia: intentar sostener el bienestar hacia afuera mientras las angustias permanecen escondidas. El encierro no es solo físico, se encuentra también en los impedimentos para ponerle nombre a los dolores. Lo que no se nombra no se puede tratar”, afirma el psicólogo.


NO HAY QUE SALVAR VIDAS, HAY QUE ACOMPAÑAR

Un núcleo importante que Brodsky invita a desarmar es la idea que frente al suicidio aparece la “misión de salvar”. En el entorno de quien sufre se instala la premisa de que salvar al otro es una responsabilidad propia. Para el especialista esta carga es peligrosa: además de conllevar un trasfondo religioso, puede generar culpas intransitables. “No es una misión, es un trabajo”, aclara. Y no se trata de salvar, sino de “ayudarle a recuperar el deseo de vivir o a encontrar caminos que le hagan el dolor más liviano”.

Cuando el concepto de “salvación” falla, se amplía la búsqueda del chivo expiatorio para afrontar la angustia: se termina buscando un culpable, en la familia que no vio lo que pasaba: en los amigos que lo llevaron por el “mal camino”; en la pareja que lo dejó o en el hospital que no hizo nada. Es un mecanismo de defensa que en cierta forma ayuda a decir “yo no tuve nada que ver”. Desplazar la culpa para dar lugar a la responsabilidad permite, según Brodsky, delimitar lo que nos toca desde nuestro lugar, como sociedad o afectos, y así poder estar, escuchar y construir redes sin cargar con la omnipotencia de decidir sobre la vida de otro.

“Cuando la felicidad se confunde con el éxito económico, cualquier traspié se vive como una traición. Quizás por eso aparece tan fuerte en ciertas zonas la cultura de la apariencia”

EL RIESGO DE LA PALABRA: EL SENSACIONALISMO AYUDA AL EFECTO CONTAGIO

En los pueblos entrerrianos es “común” cuando acontece una muerte autodeterminada escuchar: vendrán más. Hay un mito fuerte que recorre este suelo y si bien no se puede afirmar completamente tampoco vale descartarlo.

Por otro lado, la forma en la que se narra un suicidio en los medios de comunicación y en las redes sociales no es neutral ni ingenua, tiene consecuencias directas en la realidad. Brodsky advierte sobre el llamado efecto Werther o efecto contagio, un fenómeno identificado tras la novela de Goethe en el siglo XVIII, en la que la descripción romántica y detallada de un acto desató una ola de muertes por imitación. “Cuando un medio titula de manera morbosa, utiliza fotografías explícitas o reduce la tragedia a una explicación romántica como ‘se mató por amor’, está ofreciendo un modelo de identificación peligroso para quienes ya están en una situación de vulnerabilidad”, aporta el psicólogo consultado. Si alguien se encuentra atravesando un hecho similar y está frágil todo lo que leerá puede impactar negativamente.


Frente a este riesgo, la alternativa no es el silencio que alimenta los tabúes, sino la comunicación responsable, también conocida como efecto Papageno. Claro que no se trata de encontrar siempre la alegría, se trata de transmitir la angustia sin caer en el amarillismo. Poniendo foco, por ejemplo, en los recursos y las herramientas de ayuda disponibles. Ya que narrar el suicidio desde la prevención implica quitarle el aura de misterio o de «acto heroico» y presentarlo como lo que es: el desenlace de un sufrimiento que no encontró otros canales de expresión.

Para Brodsky el periodismo debe asumir la responsabilidad de no simplificar la tragedia, para colaborar en la construcción colectiva de prevención y no dar espacios al cotilleo sin límites de las redes sociales. Donde hay una historia de dolor debe haber también una hoja de ruta hacia la asistencia.

EL ESTADO PRESENTE DEBE ACOMPAÑARSE DE UNA COMUNIDAD INVOLUCRADA

La localidad de Ingeniero Sajaroff, en el departamento Villaguay, es un ejemplo de transformación institucional, de cómo cambia la realidad de una comunidad cuando hay un compromiso claro de cambiar las condiciones habitacionales. Los Charrúas, a varios kilómetros de distancia, es otro modelo de lo que se puede lograr cuando una comunidad deja de mirar hacia otro lado: desde 2021 la localidad no registra ni un solo caso, un dato que no es mágico sino producto de un programa de prevención serio que supo articular la intervención del Estado con cada una de las instituciones del pueblo.

Allí no se quedaron esperando, ni se conformaron con charlas teóricas, capacitaron a la Policía, las iglesias, los clubes, los centros de salud, el periodismo y los ciudadanos en general. Además, salieron casa por casa informando y brindando herramientas a los vecinos, organizaron mateadas para conversar y desarmar miedos, lo cual permitió que todos pudieran identificar un factor de riesgo apenas se hace visible.

“Para que alguien pueda elegir quedarse un poco más, primero debe sentir que el mundo que habita tiene posibilidades y oportunidades para su vida”

Reducir la tasa de suicidios en Entre Ríos debe ser más que una foto para el diario o un taller para cumplir con las normativas vigentes, tiene que conllevar presencia y responsabilidad. Es una problemática que no debe caer en discusiones partidarias, debería tratarse como un compromiso sin diferenciación.

Al final del día, el enigma que implica el suicidio en los campos verdes no se resuelve en ningún laboratorio sino en la reconstrucción y el cuidado de los lazos sociales. Para que alguien pueda elegir quedarse un poco más, primero debe sentir que el mundo que habita tiene posibilidades y oportunidades para su vida. Vivir bien no puede ser un privilegio de unos pocos, debe ser un derecho para todos.

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