SOBRE EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

EL HÉROE (O LA HEROÍNA) SIEMPRE ES COLECTIVO

Aún en tiempos aciagos como el que nos toca, es imposible no mirar con una sonrisa de satisfacción las muchas transformaciones que la irrupción del feminismo como movimiento masivo ha traído a nuestra cotidianidad. No porque ahora las cosas sean livianas o fáciles, sino porque algo ha quedado para siempre desnudo. Pocas cosas son tan pedagógicas como las pacientes luchas colectivas. Las pibas nos siguen enseñando.

Texto: Agustina Díaz | Fotografía: Ana Ruarte
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Ser, estar, parecer

El domingo 8 de marzo fue un día gris. El cielo encapotado amenazó desde temprano y el riesgo de lluvia hacía peligrar la convocatoria a la calle para conmemorar el Día de la Mujer Trabajadora. Esa convocatoria que cada vez cuesta más, sea por la consigna que sea, porque el juego de estos tiempos está planteado para la supervivencia del pluriempleo, el agotamiento y el miedo al escarmiento frente al compromiso.

Sin embargo, allí estuvimos, encontrándonos en el mate y en el abrazo. Pancartas que daban risa por su ingenio, bicicletas, infancias y ese sentir de orgullo desafiante caminaron los metros que separan al puente Méndez Casariego de los obeliscos de la costanera de Gualeguaychú.

No éramos tantas, tampoco éramos pocas. Estábamos las que pudimos. Batuqueras, poetas, mamás, hermanas, hijas, bailarinas, militantes, profesionales, docentes, creyentes, agnósticas, niñas, jóvenes, adultas. No es tan sencillo abrirse paso para marchar en tiempos en los que nuestras familias se deshilachan entre las agendas de una hiper-productividad obligada y mal paga. Tampoco es sencillo “exponerse” en tiempos de virulencia digital, en los que estamos todos idiotizados por discusiones vanas y estériles que terminan traspasando la pantalla y construyendo un entorno de hostilidad.

“No es tan sencillo abrirse paso para marchar en tiempos donde nuestras familias se deshilachan entre las agendas de una hiper-productividad obligada y mal paga”

Estábamos las que pudimos y estuvieron las persistentes. Esas mujeres que nunca aflojan en esa tarea silenciosa de tejer un espacio donde la voz de nuestras causas perdure, aun cuando desde el poder se niega lo que todas hemos vivido. Estuvieron los/as de siempre, como la Asociación de Madres de Plaza de Mayo Gualeguaychú que desde hace 30 años siempre se paran del lado correcto, el de la memoria y el de la lucha por la justicia.


A diferencia de lo que suele pasar en esta era de tibieza, el comunicado leído por la organización de la marcha no dudó en enunciar nuevamente las múltiples formas de violencia por motivos de género que persisten y la lentitud del Estado y la Justicia para prevenirlas, erradicarlas y sancionarlas. Tampoco tembló la voz cuando hubo que subrayar el desastre para las economías familiares que implicarán la Reforma Laboral y otras políticas económicas instrumentadas por La Libertad Avanza con la concurrencia de los/as legisladores acuerdistas.

Se habló de feminismo, pero también se habló de soberanía, te territorio, de ambiente, de infancias, de educación y de todos aquellos asuntos sociales cuya situación es acuciante.

Estar donde se “es” colectivamente

Estuvimos las que pudimos y también las que quisieron. Las que con su presencia dijeron tanto como una proclama, porque en su presencia hubo una fuerte decisión política y moral. Pamela De Battista, Carla Olivera y Emillia Villalba estaban ahí, en medio de ese aire cargado de humedad y de viento amenazante. Estaban cerca del río que tantas veces es testigo de luchas colectivas, ese río que en una sociedad de inequidades nos hace ser un poco más iguales.

Estaban junto a otras mujeres con las que caminan siempre, con las que transitan tribulaciones y proyectos. Estaban junto a otras que no conocen, pero de eso se trata el compartir luchas.

Estaban ahí, con Ro Boari, Jimena Arnolfi y Melina Montenegro, poniendo la voz y el cuerpo para una performance de poesía que entretejió textos propios con los de Tilo Wenner (poeta entrerriano detenido desaparecido) y de Pier Paolo Pasolini.


Estuvieron allí y no en medio de los actos oficiales organizados por el Poder Ejecutivo local que las eligió entre otras mujeres para destacarlas por sus trayectorias. ¡Grandes trayectorias que nos enorgullecen e inspiran!, porque son mujeres de talento y dedicación. Sin embargo, más inspirador y pedagógico resulta para todas las demás el gesto coherente que tuvieron al haber rechazado, sin ruidos ni especulaciones, esos reconocimientos oficiales. No se trató de un acto de rebeldía vacía, sino que fue la pensada decisión de no recibir “flores” por parte de un gobierno alineado con la gestión nacional. Han sido años de violencia simbólica estatal abierta contra las luchas feministas y de la diversidad, luchas que transformaron en foco de odio, estigmatización y violencia. Ellas eligieron la mano tendida, la poesía y el mate en la mano, antes que un aplauso exitista con el que no comulgan.

“Ellas eligieron la mano tendida, la poesía y el mate en la mano, antes que un aplauso exitista con el que no comulgan”

El gesto de ellas está inmerso en un mar de pequeños gestos de resistencia diaria que nos hacen pensar que no todo está perdido y que aún en tiempos que parecen estériles, la cosecha es abundante en el camino de un destino algo mejor para todas y todos.

Y porque ese mar de pequeñas resistencias nos conmueve, convoca y nos sigue haciendo creer en lo bueno y lo bello, es que cerramos esta nota con la poesía de Pamela De Battista.


Llueve con sol

Llueve con sol

apenas entendemos esa urgencia,

ese revés con que sucede,

esos pequeños peces temblando en el aire.

La piedra se lava luminosa

y si miramos mejor

vemos de cerquita

la bruja que se casa.


Se casa

en una celebración misteriosa

un aquelarre protegido por el río.

Pero no de blanco,

como todas las otras brujas que proliferan en el mundo

que se meten en las iglesias para cuidarse de la culpa

que mienten con albor.

Esta hija del diablo ríe con todo el cuerpo

con una carcajada desde la boca hasta el sexo

con los pechos galopantes de tanto carcajeo

porque llueve con sol y va a casarse desnuda

con sus demonios, con sus amantes.


Le voy a regalar una montura

de tierra, hierba y rocío

para que su entrepierna huela a monte o a patio,

un abrazo de mil años

sanador de inquisiciones,

la raíz de un silbido creciendo a boca tendida;

le voy a regalar

una cama donde se enreden las estrellas,

también mandrágoras

y amapolas,

un beso en la libertad,

una música vieja,

pero, sobre todo, mi lealtad,

porque

también soy una bruja

y va a llegar el día

en que me llueva con sol

y yo tenga que casarme

con mis bestias,

con la muerte,

conmigo misma.


Credo de la bruja

Creo en mi deseo,

en el pájaro

que es mi deseo

contravolando el destino

y así

de espaldas a lo que debe ser

haciéndose.

Creo en esta tierra de aquelarres

arañada por los pajonales y los espinillos

escindida por la filosa uña del río.

Contra mí ladran los perros medievales

que todavía juzgan el instinto y la libertad

porque yo arrojo mi bruja palabra

y ensucio

los blancos pisos del cielo.

Contra mí intentan el silencio del cuerpo,

taparlo, taparlo, taparlo,

porque no estoy desnuda

pero soy desnuda y tengo

una maldad impecable

devenida del amor,

del deseo,

del ensueño.

Soy la bruja madrina de las buenas jóvenes malas

de las señaladas Evas y Pandoras.

Creo en el instinto,

en el blanco gualicho de la leche,

esos cisnes que se estallan en la punta del pezón,

esa luna derretida en la boca de la cría.

Creo en mi hija que es la hechura de mi amor y de mi sangre

y a la vez tan vertiginosamente otra,

enlazada por los brazos invisibles de la madre de todos,

brazos que la mecen sobre el abismo del universo

siguiendo esa música que coloca cada cosa

cada ser

en la infinita partitura.

Creo en el repetirse de las almas

y en las alianzas que transgreden la muerte.

Contra mí se abre el día,

y se curan los colores

contra mi cuerpo blanco

contra mi cuerpo negro.

Soy bruja que amamanta en el banco de la plaza,

bruja que frena el golpe,

que determina su cuerpo.

Soy bruja poeta

tengo el vientre en la palabra

la visión en la lengua

la voz ancha, voluptuosa,

atada a las caderas.

y todavía bruja para romper el muro

el molde

el miedo

con alas de mariposa.

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