MEMORIA Y CONTRADICCIÓN
Tuvieron que pasar casi cuatro décadas para que el Sumo Pontífice de la Iglesia Católica visite la Argentina. La última vez fue en 1987, cuando Juan Pablo II recorrió algunas ciudades del país, en un contexto nacional y mundial completamente diferente a este. En el medio de estos 39 años pasaron muchas cosas y, entre ellas, la llegada a Roma del argentino Jorge Mario Bergoglio para ser ungido como Papa.
Con Francisco I llegó a la iglesia católica un viento nuevo y desde el sur del mundo, cargado con los frutos de décadas de pastoral latinoamericana.
Fue después de 1.500 años de dominación y predominancia simbólica, política, económica y militar que la Iglesia Católica (desde el Edicto de Tesalónica en el 380 D.C.) que tuvo lugar el nacimiento de una doctrina social más anclada en la dignidad de los seres humanos que en el castigo y la disciplina (aunque esto último se extiende en algunas facciones hasta nuestros días).
Fue el Papa León XIII, con su encíclica Rerum Novarum, que en 1891 comenzó a denunciar los atropellos contra los trabajadores y humildes en el marco del sistema capitalista y liberal de aquella época. Algo más de medio siglo más tarde, otro hito marcaría hondamente el camino de la iglesia en el mundo: el Concilio Vaticano II. Esta reunión extraordinaria de referentes católicos no sólo promovió profundos cambios litúrgicos, sino que, además, alentó a los católicos a comprometerse con su tiempo, luchar contra las injusticias y tener una opción preferencial por los más pobres.
Ningún otro lugar en el planeta hizo eco de esta actualización religiosa como América Latina. Cientos de sacerdotes y obispos se volcaron masivamente al compromiso con la situación política y social de la época, caracterizada por los persistentes golpes de Estado, la violencia represiva, el aumento de la pobreza y las consecuencias de la dependencia impulsada o impuesta por los países ricos del mundo.
La Teología de la Liberación y el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo tuvieron su traducción argentina. Los curas villeros ocuparon un lugar relevante. La iglesia jerárquica y el cristianismo de base convivían tensionados, con abiertas disputas políticas afuera pero dentro de la misma institucionalidad.
La dictadura militar exhibiría esta dualidad de manera descarnada: mientras algunos sectores de la iglesia contribuían en el desarrollo de violento sistema represivo, otros daban su vida por la defensa de la dignidad humana pisoteada por el Terrorismo de Estado. En 1976 fue asesinado el obispo Enrique Angelelli en la provincia de La Rioja y, también allí, fue torturado y asesinado el franciscano Carlos de Dios Murias en compañía de Gabriel Longuevile, un sacerdote francés que trabajaba en Chamical. En medio de ese circuito represivo, también fue acribillado Wenceslao Pedernera, delante de sus hijos y esposa, un trabajador rural y militante del movimiento campesino activo dentro de la parroquia de Angelelli.
Con pocos días de diferencia ocurrió la masacre de San Patricio, donde fueron asesinados mientras dormían en la casa parroquial los sacerdotes Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Duffau y los seminaristas Salvador Barbeito y Emilio Barletti. En 1976 también fueron asesinados los sacerdotes Francisco Soares, José Tedeschi y Carlos Dorniak y entre 1976 y 1977 fueron detenidos desaparecidos los curas Nelio Rougier, Miguel Ángel Urusa Nicolau, Pedro Fourcade, Pablo Gazzari, Héctor Baccini, Carlos Armando Bustos, Jorge Adur y Mauricio Silva (conocido como el cura barrendero). A estas víctimas se suman Alice Domón y Léonie Duquet, hermanas de las Misiones Extranjeras de Nuestra Señora de La Motte y una inmensa cantidad de laicos y laicas.
El embate contra el sector de la iglesia de base y vinculada a la denuncia por las violaciones a los derechos humanos fue feroz: hombres y mujeres fueron torturados, asesinados o desaparecidos no sólo por el compromiso social con su tiempo sino por su fidelidad al mensaje de Cristo. Mientras el suelo de la patria se regaba con la sangre de sus mártires, otros pactaban, callaban y hasta bendecían el horror.
“El embate contra el sector de la iglesia de base y vinculada a la denuncia por las violaciones a los derechos humanos fue feroz”
Como el resto de la sociedad argentina, otra fue la iglesia que quedó posdictadura, y aquellas contradicciones que precedieron al golpe siguieron estando allí.Pero fue Bergoglio como arzobispo de Buenos Aires quien en una homilía aniversario por la Masacre de San Patricio quien habló de la necesidad de impulsar el reconocimiento oficial del martirio de los padres palotinos. Y fue Bergoglio, como Papa Francisco, el que beatificó como santos a los mártires riojanos.
MADE IN AMÉRICA LATINA
La historia de la cristiandad católica latinoamericana es la de una fe que rompe moldes, que se mezcla, que resiste, que se apropia. Es la historia de una fe popular capaz de restaurar la esencia de un mensaje salvífico de amor que, convertido en dogma del poder, fue impuesto con saña y espada con el colonialismo y la esclavización.
Hay una canción de Almafuerte, “Ramón, el indio hereje”, ficción probablemente, que relata con belleza y dolor el yugo de la inquisición que pesó sobre las vidas de cientos de miles de indígenas en este continente. Rezan algunos versos de la canción:
Divina es la mano del gran inquisidor,
justicia de los cielos.
El indio temeroso por la sentencia
del santo tribunal.
Es que ayer encontraron sepultada
una estatua de la virgen María.
La encontraron cabeza abajo,
cubierta de hierbas secas, cerca del maizal.
Esa virgen se la obsequié
a mi fiel indio Ramón.
Dijo con voz entrecortada,
el monje al santo tribunal.
Ramón es buen cristiano y trabajador,
sangran sus manos siempre en la siembra.
Ramón, en las llamas el monje lloró,
sabía bien porque lo hizo.
Ramón lo hizo para bendecir la tierra,
pedir por la siembra cosecha buena.
Las hierbas secas eran para protegerla.
Millones de Ramones fueron masacrados en nombre de un Dios crucificado para redimir a todo el género humano y fueron todos ellos un Cristo. Y el peso de esa violencia infame es la cruz que cargará la Iglesia Católica, una condena que solo puede expiarse en tanto luche para que las cruces que llevan los humildes, excluidos y oprimidos, sean más livianas.
Es apropiación cultural de la fe, donde está su vitalidad y destino. Sincretismo lo llaman. Aunque algunos con torpeza griten “idolatría” cuando ven la devoción a la virgen como protectora de los pueblos y por eso los altarcitos y las ofrendas.
El Papa León hizo su camino de fe y de crecimiento eclesiástico en esa iglesia latinoamericana. De origen norteamericano, Robert Francis Prevost nació en EEUU pero en 1982 fue destinado a Perú. Allí se quedó cerca de las comunidades campesinas y a la defensa de los Derechos Humanos. Se paró de mano frente a Fujimori y públicamente le exigió que pidiera disculpas por las esterilizaciones forzadas que durante su gobierno se llevaron a cabo sobre miles de mujeres indígenas. Más acá en el tiempo, durante la dura represión del gobierno golpista de Dina Boluarte en 2023, volvió a alzar su voz y ha sido uno de los pocos hombres de mucho poder dentro de la iglesia que ha hablado expresamente de la necesidad de denunciar y obtener justicia frente a los casos de pedofilia.
Tal como Francisco, León tiene adeptos y detractores, dentro y fuera de la iglesia y sus detractores más poderosos, son los poderosos del mundo de hoy.
EL MENSAJE
Con Francisco en el vaticano, el mensaje de la Iglesia comenzó a oler a otra cosa. Los símbolos se multiplicaron en favor de visibilizar los temas que incomodan al poder.
En su encíclica “Laudato si” denunció la crisis ambiental y sostuvo que la destrucción de la naturaleza está estrechamente vinculada con la pobreza, la desigualdad y un modelo económico basado en el consumo, argumento que retomó en “Dilexit nos” donde hizo hincapié en la necesidad de recuperar la dimensión afectiva, espiritual y solidaria del ser humano frente a una sociedad dominada por el individualismo. A esas publicaciones se sumó “Fratelli tutti” donde exaltó la fraternidad universal, la solidaridad y la cultura del encuentro como alternativas a la exclusión, las guerras y las desigualdades.
“En medio de un sistema que promueve el descarte de los seres humanos más vulnerables, el representante de Cristo en la tierra quiere compartir tiempo con ellos”
Y con las palabras, vinieron los gestos. Comedor en el vaticano para personas en situación de calle. Almuerzo con mujeres trans para hablar de los problemas que atraviesan. Encuentro con dirigentes ambientales del mundo. Llamadas diarias a los sacerdotes que trabajan en Gaza y llamamiento constante al fin de la guerra promovida por el Estado de Israel.
Continuando algunos aspectos de la agenda impulsada por Francisco, pero con su estilo, León XIV abrió nuevos debates. Su encíclica Magnifica Humanitas especialmente no gustó a los tecnooptimistas, transhumanistas y tecnolibertarios que están provocando desastres con sus aventuras. León se plantó para advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial y la concentración del poder tecnológico, exhortó a proteger la dignidad humana, el trabajo, la libertad y el bien común.
INCOMODAR
Para el gobierno nacional la visita papal es un problema sin posibilidad de capitalización. La violencia esparcida por el presidente y sus funcionarios y los posicionamientos ideológicos que se han traducido en la inoculación del odio y un modelo económico cruel chocarán con cada palabra que León emita y guarde relación con el mensaje salvífico de un Cristo bueno, humilde, misericordioso, que nos compromete con la justicia y que nos exige vivir en pos del bien común. La visita al Cottolengo de Don Orione es claro al respecto: en medio de un sistema que promueve el descarte de los seres humanos más vulnerables, el representante de Cristo en la tierra quiere compartir tiempo con ellos.
PROFESIÓN DE FE
Miles de almas abrazamos la fe en Cristo porque le da sentido a nuestra vida, nos hace sentir amados, nos viste de un propósito y nos invita a ser menos mezquino. El testimonio de sus mártires y de tantas personas sencillas que caminan a nuestro lado nos hablan de que existe un Dios bueno, que nos acompaña. Hemos rezado en silencio cuando el dolor nos parte el cuerpo y el alma, hemos estrechado en las manos de nuestros muertos un rosario de oración. Hemos dado gracias a Dios por la belleza del día, de las flores, del río.
Miles han sufrido y se han alejado de la ritualidad de la iglesia a causa de los hombres y mujeres que la usan para pervertirla. Porque no hay iglesia de y en Cristo que expulse, que miente, que violente o que condene.
Reza una canción litúrgica con la que termino estas palabras:
Creo, aunque todo subleve mi ser.
Creo, aunque sienta muy solo el dolor.
Porque un cristiano que tiene
al Señor por amigo
no vacila en la duda,
se mantiene en la fe.
Creo, aunque veo a los hombres odiar.
Creo, aunque veo a los niños llorar.
Porque aprendí con certeza
que Él sale al encuentro
en las horas más duras,
con su amor y su luz.
Creo Señor, pero aumenta mi fe.


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