Quien no conoció a “Chiche”, habitante del hospital, quizá accederá al personaje desde este texto. Lo no dicho en el poema es parte de la poesía, son los espacios que repondrá el avezado lector, porque cuando alguien es parte del paisaje la gente deja de verlo, se naturaliza su presencia, sus saludos, sus chancleteos, y Chiche deja de estar allí para sumar aspectos descriptivos, no para existir.
Emerge
en tus zapatillas de viejo ratón
el silente chillido de tus pasos,
sonrisa dibujada con espacios vacíos
holas al cielo
y charlas con el sol.
Hay eternidad reinando entre tus manos
luces de ocaso y amanecer
y el camino
donde el saludo
es imprescindible alimento.
Un abandono en tu mundo creó
otro mundo,
pasillos testigos de tu felicidad desigual
donde las aves cambian su voz
por tus palabras
y las estrellas
por tus ojos.
Marcha corta de segundero
ir y venir
con rumbo incierto
enseña la distancia
entre ser real
o espíritu de génesis desconocida.
Llevás en tus hombros una historia
entre lejanía y tristeza
como un mensaje secreto.
Tu futuro es instantes
ahí donde termina la calle
donde se abre al mundo
el curioso vaivén de la gente
buscando
un porqué diferente
y la respuesta
es tu juicio de raros colores.
Lo entiendo
cuando la noche lleva en sus mochilas
el poderoso patrón
del insomnio.
