Pasan los días escolares, las consultas médicas, los paseos y las comidas favoritas. Una madre garantiza los alimentos de su hijo, sola. Reclama cada mes a un progenitor ausente, transforma esa violencia e inventa formas para hablarle a su hijo sobre la magia del mundo.
Crece la talla de las zapatillas mientras aumentan las deudas y el vacío. Esa misma madre se anima a pensar en la justicia para garantizar los derechos de su hijo. Consigue una entrevista con una abogada. Repasa en la noche, anota en un mensaje para sí misma todos los valores de los rubros que son alimentos para la ley.

Pasan los días y el Juzgado de Familia arma un expediente y establece audiencias con demoras. La madre interrumpe su trabajo, asiste, abre la cuenta en un banco como se le solicita, reclama al progenitor, transforma la violencia, inventa formas de hablar de la magia con su hijo y garantiza los alimentos, sola.
El juez dicta sentencia. Pasa el tiempo y más escritos. El progenitor incumple la sentencia. El Juzgado comienza la feria. Siguen pasando los días. La madre busca otros trabajos, espera el final de la feria, aumenta su deuda, reclama al progenitor, transforma la violencia, inventa formas de hablar de la magia con su hijo y garantiza los alimentos, sola.

Pasa la feria y el Juzgado recibe el reclamo de los alimentos adeudados. El expediente permanece en despacho sin movimientos. La madre llora a escondidas la incertidumbre, el cansancio de las consultas, transforma la violencia, reclama al progenitor, aumenta su deuda, inventa formas de hablar de la magia con su hijo y sigue garantizando los alimentos, sola.
“La cuota alimentaria es un derecho de la gurisada y una obligación de sus progenitores”
Se pregunta esa madre: ¿Y si decimos el trabalenguas de la justicia para ver si podemos ir más rápido que el pasamano que se hace con los expedientes en el Juzgado?
“Que justa es la justicia que justo demora y silencia la justa medida que justamente un niño espera y aprende como justicia”

El Juzgado de Familia de Gualeguaychú parece empecinado en que aprendamos este trabalenguas de la justicia porque, si hay algo que otorga, es muchísimo tiempo entre que se inicia el pedido de una justa medida, el dictado de la sentencia y la ejecución efectiva que debería hacer posible que los derechos se concreten.
La cuota alimentaria es un derecho de la gurisada y una obligación de sus progenitores. Los alimentos son el conjunto de todo lo que necesita una persona para vivir, vestirse, educarse, tener atención médica y más. Recibirla o no marca diferencias de vida, en la vida de un niño o niña.

¿Cuánto tiempo imaginan que tarda una presentación en transformarse en resolución y ser parte de un expediente? ¿Cuánto demora en salir una sentencia? ¿Cuánto tiempo permanece en despacho? ¿En qué momento se empieza a cumplir? Y en la espera ¿se le pide a Dios intervención? ¿Se solicitan muchos microcréditos en alguna financiera para poder alimentarse?
“Que justa es la Justicia que justo demora y silencia la justa medida que justamente un niño espera y aprende como justicia. Sí, que aprende como justicia”
