¿QUÉ PASA EN EL RÍO URUGUAY?
El Comité Científico de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) realizó un estudio en el año 2023 que alcanzó estado público recién tres años después. Allí se confirma la sospecha que movilizó a miles de personas a principios de los años 2000: la pastera contamina al río Uruguay.
Efectivamente, se detectaron episodios de toxicidad vinculado a los afluentes de la planta UPM (ex Botnia) que pudieron haber afectado toda la cadena alimentaria vinculada al río. El análisis de toxicidad se realizó sobre la daphnia magna, un organismo pequeño tipo crustáceo, vital para comprender la salud del agua.
El estudio indicó que, para los ensayos preliminares a 24 horas de exposición del organismo a los deshechos de la pastera, se observó “inmovilización/mortalidad en neonatos expuesto al 100% de la muestra”.
Ana María Gagneten, investigadora del Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), explicó en algunos medios: “Lo que se hizo en esta oportunidad fue un test de toxicidad agudo –en una ventana corta de tiempo, entre 24 y 96 horas–, donde se expone a estos organismos a una concentración creciente del tóxico que se quiere investigar”. Y “el resultado fue que una parte de la población experimental, significativamente alta, sufrió inmovilidad o la muerte. Esto podría significar que se murió o se vio afectado más del 50% de la población investigada”.
La afectación de la base de la red alimenticia del río implica consecuencias a todo el resto de la cadena y, desde ya, en toda la calidad del agua que vemos, bebemos y utilizamos de manera recreativa.
¿QUIÉNES SON LOS RESPONSABLES DE ESTE DESASTRE?
La empresa Botnia se instaló en 2007 y a los dos años fue vendida al grupo UPM (Metsaliitto, Cooperative y M-Real). Los principales inversores institucionales de este gigante forestal y de la industria celulosa son Vanguard Group, Pacer Advisors, Columbia Funds, Fidelity Concord Street, entre otros.
Sin embargo, no sólo esta multinacional es responsable de la situación crítica del río Uruguay. Todos los especialistas coinciden en que se deberían realizar monitoreos permanentes sobre las cuencas de aguas vinculadas al río Uruguay afectadas grave y persistentemente por actividades agropecuarias propensas al uso de glifosato, glufosinato, neonicotinoides, pirazoles y diamidas insecticidas, entre otros componentes persistentes.
¿POR QUÉ NADIE DICE NADA?
Llama la atención que la comprobación certera de la contaminación de la pastera no haya despertado una cobertura mediática importante, ni en la ciudad ni en la provincia ¿a qué se debe esto?
Una de las razones puede ser en que la cuestión ambiental no ocupa un lugar importante ni sostenido en los medios de comunicación cada vez más regidos por las dinámicas del algoritmo o por las lógicas de los gobiernos que financian y sostienen determinadas agendas con su pauta.
“El río Uruguay está herido de muerte por la pastera, pero también por las actividades agrícolas exportadores de este lado de la orilla”
Por otra parte, exponer la situación del río implica, necesariamente, no sólo responsabilizar a una multinacional sino exponer una infinidad de fallas e inconsistencias propias. El río Uruguay está herido de muerte por la pastera, pero también por las actividades agrícolas exportadores de este lado de la orilla y por la incapacidad de decenas de gestiones locales de volcar los deshechos cloacales de sus ciudades de manera responsable (es decir, tratados).
A eso se suma la inmovilidad, desde hace años, de las gestiones locales, provinciales y nacionales para pararse de manos con los recursos institucionales y legales con los que cuentan para accionar más rápidamente frente a la continuidad de la continuación.
Por supuesto, todo esto llegó al paroxismo de la indiferencia en el marco de un gobierno libertario nacional (y las aliñadísimas gestiones provincial y municipal) negacionista del cambio climático, que trata a los ambientalistas de “idiotas», «hordas de vagos» y «parásitos».
Otra pregunta que se abre es por qué la activa y masiva capacidad de convocatoria de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú perdió tanta fuerza. Sin lugar a duda, el correr del tiempo y las múltiples luchas que atraviesas las comunidades debilitan la perseverancia. También es cierto que la imposibilidad de tomar con fuerzas otras causas, como la denuncia de las consecuencias de la aplicación de los agrotóxicos, erosiona la coherencia de una causa compleja.
No obstante, nada exime la responsabilidad inherente que tenemos todos y todas de defender el territorio en el que vivimos, crecemos, amamos y construimos nuestras familias y proyectos de vida y desarrollo.
Dedicar tiempo a causas difíciles con una correlación de fuerza tan asimétrica parece una quijotada imposible y agotadora. Sin embargo, las luchas colectivas, fuertes y articuladas si sirven.
Hace varios años fueron capaces de obligar a una inmensa multinacional a relocalizarse y hace pocos días obligaron al gobierno de La Libertad Avanza a retirar dos capítulos de la “Ley de Tierras” (extranjerización y manejo del fuego) de su último embate legislativo.
Los logros nunca son concesiones del poder, son producto de la presión de un pueblo que no se hace el boludo con su destino y que quiere gritar que no todo se compra y se vende en este mundo.
Las papeleras contaminan, todos los días, cada día ¿Qué vamos a hacer al respecto?

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