El caso Micaela García es de aquellos que rápidamente no pueden llenar de impotencia. Un caso en miles de casos de violencia extrema que no logra ser resarcido por un Estado ineficiente, un sistema de justicia perezoso e incapaz de revisar sus propios errores y una sociedad que sigue tolerando y reproduciendo formas de violencia. Sin embargo, este largo tiempo que nos separa de aquel 1 de abril de 2017 nos permite ver que la persistencia y la memoria dan sus frutos, y que luchar no es en vano.
Micaela estaba a pocos meses de graduarse como profesora universitaria de educación física en la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud de UADER y, como cuenta su padre, eligió Gualeguay porque notó la orientación social de la propuesta. No quería ser docente para deportistas de elite, quería ser docente para transformar la gurisada de los barrios y eso hizo desde su primera materia, porque todo lo que aprendía lo llevaba a su amada Villa Mandarina en Concepción del Uruguay.
Tantos años después siguen apareciendo testimonios y anécdotas de las muchas cosas que Micaela hacía en todos los espacios que integraba, protagonizándolos. Era una educadora nata y tenía la firmeza de quien está convencida de lo que defiende.
LA PEDAGOGÍA DE LO COTIDIANO
Cuenta su familia que la Negra militaba sus grandes consignas en lo cotidiano. Su papá, Néstor “Yuyo” García, recuerda entre risas como la hacía enojar cuando ella los visitaba. Micaela, activa dentro del movimiento Ni Una Menos, creía en la necesidad de visibilizar las violencias de género naturalizadas y daba la batalla. Pare pelearla, Yuyo le pegaba en la puerta de la heladera un cartel con la leyenda “ni uno menos”, Mica lo arrancaba y empezaba la lección. De paso también lo retaba por no comprometerse con las tareas domésticas y al menos lo obligaba a pelar unas papas para la cena. También se peleaba con su abuela Graciela, por tenderle la cama a sus hermanos y a ella exigirle que lo haga por ser una señorita.
La abuela Graciela hoy forma parte constitutiva de las acciones de la Fundación Micaela García La Negra y Néstor ha dedicado casi por completo su vida a la sensibilización y prevención de las violencias por motivos de género. En espacios de formación obligatoria en Ley Micaela, donde gran parte de la audiencia es masculina y no tiene interés en formarse, la presencia del padre de una víctima ha sido clave para mostrar como la violencia de género puede golpear la vida de cualquier persona y que no es suficiente con “no ser un agresor”.
LA PEDAGOGÍA POPULAR Y DE LA ESCUCHA
Andrea Lescano es la mamá de Mica. Le gusta jugar al vóley y la música brasilera. Se da mañana para todo y es tremendamente sincera. Muchas veces la hemos escuchado decir “esto lo hago porque es lo que Mica hubiese querido” y así ha vencido mil obstáculos. Como formadora en Ley Micaela, Andrea se capacitó sin cesar. En cada cosa nueva que aprendía, le resonaba todo eso de lo que Mica hablaba con tanta vehemencia. Y en cada instancia de taller que en estos cinco años hemos instrumentado, ella es taxativa “metodología de la educación popular para que la gente hable, para que circule la palabra, para que no nos perdamos en palabras difíciles que no interpelan a nadie”. Ella, que podría ser el centro de toda la jornada de capacitación, es la que más guarda silencio.
“También se peleaba con su abuela Graciela, por tenderle la cama a sus hermanos y a ella exigirle que lo haga por ser una señorita”
Mica era una convencida de la educación popular, así fue como armó jornadas de concientización en las plazas de su pueblo. Con una mesita, una cartulina y una ronda de mate, la Negra propiciaba el debate sobre todos los temas que hacen a la discusión de una sociedad más justa.
Recuerdo que, en ocasión de un taller virtual, alguien, sin saber que tenía el micrófono abierto, dijo “estoy acá en esta pelotudez de la Ley Micaela”, ignorando que Andrea la escuchaba. El taller se desarrolló con normalidad, con el mismo entusiasmo y dedicación de siempre. El silencio de Andrea aquella vez y tantas otras, nos enseñó sobre el valor de la perseverancia y sobre la incondicionalidad del amor de una madre hacia su hija.
LA PEDAGOGÍA DE LA MEMORIA
Liliana Leyes, es secretaria de Derechos Humanos de la CTA Regional Rosario y secretaria de Género y Diversidad de ATE Rosario, integra además la Asamblea 19 y 20 y Asamblea Lesbotransfeminista. El día del comienzo de las audiencias por el juicio a Néstor Pavón, Liliana estaba en la puerta de los Tribunales junto a Eva Domínguez, fundadora de la organización de Familiares atravesadas por el Femicidio a raíz del femicidio de su cuñada Vanesa Celma.
Al tomar el micrófono en el marco de la clase pública que se organizó esa mañana para acompañar a la familia García, Liliana trajo la memoria de quien conoció y que no quiere que sea olvidado: el entrerriano Pocho Lepratti. “Pocho fue un militante social, delegado de ATE, Congresal de CTA Rosario, sostenía una profunda militancia en los barrios, era un militante con una espiritualidad que contagiaba y practicaba diariamente, participaba de huertas comunitarias, construía redes hasta internacionales, era comprometido con los derechos humanos. Cada día atravesaba la ciudad de Rosario en bicicleta, desde el barrio Ludueña, donde vivía, hacia Las Flores. Allí estaba la escuela en la que trabajaba como ayudante de cocina”, escribió Liliana en sus redes sociales al recordarlo.
Pocho fue asesinado por la policía rosarina en la feroz represión de diciembre del 2001, cuando se subió al techo de la escuela para pedir a gritos que no disparen que adentro solo había pibes comiendo. A pesar de su pedido, una bala de plomo le perforó la tráquea. Quienes lo veían pasar, con su cara bonachona, su profunda religiosidad y su entrega, lo apodaron “el ángel de la bicicleta” y se convirtió en símbolo de esa juventud solidaria que se la juega por los que menos tienen.
Micaela nació en la misma ciudad que el Pocho y tenía tan sólo seis años cuando fue su martirio. Años más tarde, ella pintó al ángel de la bicicleta en las paredes de Concepción del Uruguay y organizó actividades para recordar la vida del Pocho.
Junto con la memoria de la Negra, la vida del Pocho nos sigue interpelando sobre los dolores e injusticias que persisten en nuestra patria y que no comprometerse jamás será una opción.
LA PEDAGOGÍA DE LA DIVERSIDAD
En estos días de violencias extremas, donde un grupo de 50 jóvenes se organizaron para ir a golpear a mujeres trans a los bosques de Palermo, la voz de Mica vuelve a cobrar vigencia. Un recorte de un programa televisivo local, donde Mica explica la actividad que había organizado junto a sus compañeros.
“Junto con la memoria de la Negra, la vida del Pocho nos sigue interpelando sobre los dolores e injusticias que persisten en nuestra patria”
Con su largo cabello lacio de lado, Mica cuenta sobre la proyección de una película que habla sobre la vida y las luchas de las personas trans. La defensa del proyecto de vida de los demás y el respeto a las disidencias estaban ente sus causas de compromiso sin que nadie se lo haya exigido.
La noche antes al inicio del juicio, fue Diversidad Gualeguay el colectivo que proyectó sobre las paredes de los tribunales imágenes de Mica para hacerla presente.
LA PEDAGOGÍA DE LA CALLE, PARA UNA UNIVERSIDAD TERRITORIALIZADA
Más de 50 estudiantes fueron protagonistas de una clase pública frente a los tribunales y ante las organizaciones territoriales, políticas y gremiales que se movilizaron por Micaela. Se trata del cuarto año del profesorado universitario en educación física, año que Mica cursaba al momento de su femicidio. Ingresaron al PUEF años después de lo que sucedió con la Negra, pero la huella de la memoria de Micaela es honda en la sede de Gualeguay de la FCVyS de UADER. Aún están frente a sus aulas docentes que la tuvieron por alumna y recorren los pasillos los trabajadores que la vieron llegar para inscribirse. Al ingresar al Centro Educativo local, donde funciona la facultad, un mural de Micaela da la bienvenida a quienes entran y la biblioteca donde los gurises preparar sus exámenes y estudian, tiene su nombre.
La UADER fue la segunda universidad pública en adherir a los objetivos de la Ley Micaela y sus contenidos forman parte del ingreso obligatorio a todas las carreras de la Facultad de Ciencias de la Vida y la Salud. La última reforma del plan de estudios del profesorado en educación física consolidó una propuesta formativa que excede las técnicas del deporte. Derechos Humanos, Educación Sexual Integral, Género y Derechos y Problemáticas Socioeducativas Contemporáneas son algunas de las asignaturas obligatorias que proponen más que aproximaciones conceptuales.
En tiempos de inoculación de odios y violencias, ver a 50 jóvenes, futuros profesionales, tomar el micrófono para hablar de la construcción de memoria, la lucha por la justicia, la importancia de la perspectiva de género en la formación docente y el valor de la universidad pública, nos llena de esperanza. No es difícil imaginar a Mica entre ellos y ellas, con sus caras frescas y sus ganas de transformarlo todo.
RECORDARLA EN SU VIDA Y SU POTENCIA
Hay cosas que parecen no cambiar y eso puede llevar a sentirnos impotentes. Pero el legado de Micaela supera la miserabilidad del amarillismo periodístico que busca titular con los detalles más sórdidos de los femicidios y está muy por encima de un sistema de justicia que suele mostrarse sordo, ciego y mudo. No tenemos que olvidar que el responsable del sistema de justicia del femicidio, Carlos Rossi, se jubiló impune cuando quiso con su jubilación de privilegio porque el jury de enjuiciamiento no prosperó. No tenemos que perder de vista que este nuevo juicio se está desarrollando después de años de lucha de la familia García contra el sistema de justicia provincial que jamás se dispuso a revisar su accionar hasta que se vio obligado por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Mientras lidiamos contra este mundo injusto que parece no cambiar, Mica y quienes heredaron la fuerza de su lucha nos seguirán enseñando a no bajar los brazos.


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