querida: se disuelve mi dogma a medida que amo
y aunque mi dogma sea de una especie razonable
padezco los efectos de esta fatal transformación:
no sé nada ya de aquello que era
pero no olvido tampoco cómo era aquello ser
Liliana Lukin
Mi querida: aquí llueve hace un mes.
La casa se ha convertido en instrumento de percusión.
Adentro somos animales
a los que se les ha sacudido la madriguera.
He tenido tiempo de pensar.
Estos días, el sol se asemeja
a un anhelo íntimo:
cuando parece que viene
no termina de llegar. Me somete
a la ausencia
de todo lo que deseo.
Querida, se me apilan aquí dentro
cariños sin reflejo, cuerpos esquivas
rostros ajenos a la ternura,
mi lealtad feroz a una herida honda,
mi obediencia ciega a una profecía injusta.
Querida, aquí adentro yo
soy un recipiente para la lluvia
y también soy la gota que colma el vaso.
Este temporal ha sido demasiado largo,
demasiado caudaloso.
He pensado, al reparo del desastre,
en la incomodidad que supone permanecer
y seguir nombrando(me) con formas que, francamente,
se sienten obsoletas.
Era necesaria, mi querida.
La lluvia era necesaria.
Como la crisálida lo es para la mariposa.
He tenido tiempo,
guardada aquí, en este descanso agotador,
de abandonar mis dogmas.
De asumir que la mujer en esta casaahora es otra cosa
y dejar de nombrarla por lo que no es.

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