LITERATURA

PENAS DE UN ALMA ATORMENTADA

Camila Badini nos convida uno de sus textos inéditos. La joven de 22 años, que se encuentra trabajando en su libro, introduce en La Mala su mundo de letras, sueños y pensamientos.

Texto: Camila Badini | Ilustración: María Eugenia Trillo
Publicidad

Existo en vidas ajenas, intentando cumplir sueños que nunca soñé, abrazando la idea absurda de complacer a todo el mundo.

No sé quién soy ni a donde voy porque estoy subida en el viaje de alguien más, con un boleto falsificado, y no sé cómo bajarme.

Mi alma quiere su propio éxito, algo suyo que festejar y jactarse así de que los latidos de mi corazón no son en vano.

Me aterra frenar este recorrido.

Me aterra reconocer que existo en vidas ajenas, intentando cumplir sueños que nunca soñé.


Siento el corazón gritando excusas, aquellas que yo misma me creía.


Tengo alas alrededor de mi memoria y flores marchitas en el corazón, mientras que mi cuerpo es una nebulosa que extraña ser estrella.

Estoy estancada en un espiral de posibilidades y un cielo nublado que me arropa como ningún día, despejado podría hacerlo.

Es todo tan inexacto que me hace querer entenderlo todo. Pero saberlo todo sería el comienzo de mi peor pesadilla.

Puedo volar, pero ¿hacia dónde?

Puedo extinguirme hoy y contar las galaxias desde más cerca.

Tengo los pies fríos y el corazón asustado.

Me he vuelto mi terror de pequeña y la musa de mis pesadillas.

Hay polillas en la poca luz que me queda, aquel hueco por donde mi alma intenta escaparse.

Respiro hondo intentando que mi cuerpo entienda que existo de nuevo, pero parece tan superficial que me anuda los pulmones, atemorizados de que les falte el aire otra vez.

Vivo con miedo, pensando que la guerra de mi cabeza arremeta contra los hilos que me mantienen unida a tierra.


Mi alma se deshizo de los problemas mundanos, enviándome una ráfaga de terror, como si no estuviera lista aún.

La entiendo, a mí tampoco me gustan las cosas que no encajan en mi propio cosmos.

Le desaté el nudo al dolor y le permití ser presa de la libertad, inhalando aire contaminado y exhalando lagrimas llenas de polvillo del paso del tiempo.

No lloraba por respirar, sino porque yo misma me obligue a hacerlo.


Con alas cansadas, soltando plumas quemadas y una corona de cenizas incrustada en el alma.

Pidiendo que a veces solo me entiendan, que cobijen mi dolor con alguna anestesia, aquella que extraño que me dormía las penas.

Denme una dosis de mi abrazo favorito, el que nubla mi cordura y aleja el vacío.

Porque, aunque dure un poquito, mi cuerpo tembloroso lo sigue pidiendo a gritos, a ese momentáneo pero eterno alivio.


Sentirme triste, insuficiente de algún modo me completa, como si aceptara al dolor como un habitante más de mi alma.

La tristeza me acobija como una madre que solo quiere protegerme, aun sabiendo que no debe hacerlo.

Es que estuve triste tanto tiempo ¿Cómo puedo escapar de algo que considero parte mío?

¿Es posible curar algo que se cree sano?

La vida me ofrece tanto y yo sigo sin pescar nada.

¿Por qué no puedo salir? ¿Por qué sigo acá?


Bailaré con gente que nunca existió, en una fiesta que no ocurrió.

Mientras compongo melodías inexistentes, para una canción que nadie escribió.

Beberé el agua de un rio que nunca cruzo las montañas que no se crearon.

Hasta que tu recuerdo me despierte, bailaré con gente que nunca existió, en una fiesta que fue real porque estabas vos.


Relato cuentos de papel sobre hojas transparentes.

Contándole chistes macabros a la vida.

Portando en mi bolsillo una botella de historias falsas por si la verdad me deshidrata.

Cuento números que no existen para calcular mentiras, donde florecen sentimientos desorganizados.

Sueño con la calidez de la perfección imposible, mientras un espasmo de ilusiones me incita a continuar.

Al ruiseñor de mi ventana le cuento mis sueños más íntimos.

Si llegaste hasta acá, nuestro contenido es útil para vos

Suscribite con aportes mensuales

Doná con aportes únicos