Entre Ríos registra siete paros docentes en el primer semestre del 2026.
Cuando nos llega un mensaje de la docente sobre su adhesión a un nuevo paro, cuando reacomodamos las jornadas laborales para sostener los cuidados cotidianos, cuando escuchamos algún comentario del paro en la panadería o cuando niños, niñas festejan el no asistir a la escuela, ¿cómo le contamos a la gurisada de las luchas que lleva adelante su seño?
Los temas necesitan palabras, mediadas sí, pero las necesitan. Hablar, inventar un sonido del silencio es importante porque el relato que construimos para explicar lo que sucede, traza huellas, valida emociones y aprendizajes.
Ema Wolf dice que hay textos para grandes que nadie acerca a un niño; textos para niños que un grande no se atreve a disfrutar; textos que, oh sorpresa, son para todos; textos que, oh desconcierto, no se sabe para quiénes son. Con las conversaciones sucede algo similar.

La gurisada escucha mucho sobre la importancia de la educación para su futuro, para empezar a imaginar proyectos de vida y para cumplir deseos, como derechos. Sin embargo, cuando los adultos les contamos esto, no siempre hablamos de las condiciones en las cuales las trayectorias escolares se desarrollan. Menos aún, de las luchas docentes en la historia y de lo que hace la seño, cuando se adhiere a un paro.
Las escuelas son parte de los espacios públicos donde podemos revelarnos, es decir: hacernos visibles ante otras personas con las diferencias. También son lugares donde aprendemos a rebelarnos, a decir no, a fastidiarnos y a luchar.
Las muertes, las injusticias, los estereotipos, la desigualdad forman parte de una currícula oculta, pero existente en las escuelas, en el club, en los encuentros familiares y en la calle. El desfinanciamiento educativo, si no se hace palabra explícita, también aparece oculto.
“Los niños y las niñas viven experiencias en las escuelas con la docencia y sus contradicciones, descubren que la paciencia de la seño se agota más si tiene 2 o 3 trabajos”
La calidad educativa tiene muchos aspectos que la configuran y no se reduce a los contenidos o a la cantidad de días de clases cumplidos. Se fundamenta en un modelo que enlaza de forma inseparable la calidad pedagógica con la inclusión socioeducativa y la dignificación docente. Ahora bien, si la docencia tiene salarios para apenas sobrevivir, la formación docente en servicio es nula, existe la amenaza de la modificación de derechos laborales por parte de un gobierno y las condiciones materiales de las escuelas naturalizan el abandono, es muy difícil que la educación tenga el lugar en la vida de la gurisada que pretendemos.
Los niños y las niñas viven experiencias en las escuelas con la docencia y sus contradicciones, descubren que la paciencia de la seño se agota más si tiene 2 o 3 trabajos, pasan inviernos sin estufas, ven lluvias filtrarse en las paredes y sobreviven los golpes de calor cuando llega noviembre.
Hablar con la gurisada sobre paros, sobre las redes que te sostienen y acompañan, sobre derechos y obligaciones, sobre por qué la seño lucha, es un camino que nos ayuda a comprender la condición humana y la magnitud de vivir juntos.
Carlos Skliar escribió: “hay dos opciones frente a todo lo que se desconoce: ignorarlo por completo o desearlo absolutamente (…) La tercera opción es, quizás, la más interesante y tiene que ver con involucrarnos”.
Educar, en la escuela, en las familias y en la calle, es un intercambio en el que el límite de textos que marcamos entre gurisada y adultos puede ser un puente para el encuentro. Seguramente si niños y niñas supiesen aquello que mueve a la docencia a parar, a luchar aún con un día menos de clases, se sumarían a las plazas con su seño.



