2 AÑOS DE LA MALA

ALGO ASÍ COMO UN NIDO

Desde hace algunas semanas, cada una de las personas que formamos parte del proyecto de La Mala, nos damos el espacio para hablar de esta construcción que lleva poco más de dos años. Me tocó a mí, así que… ¡allá vamos!

Publicidad

Me sumé al proyecto de La Mala cuando ya hacía unos meses venía caminando por la senda de los proyectos cooperativos y autogestivos. Me invitó Lucho Peralta, con quién nos conocemos desde hace años y compartimos bellas causas. Me sumé para escribir pensamientos, eso que se forjan a la luz de una realidad que permanentemente nos interpela, a pocos meses de radicarme nuevamente en mi ciudad natal, Gualeguaychú, después de años en Paraná y Capital Federal.

Eran meses fuleros, el mundo en el que creíamos parecía resquebrajarse entre los propios errores y los nuevos embates. A eso, la falta de laburo comenzaba a asfixiar mi cabeza. El laburo nos ordena la vida.

A partir de la primera reunión entendí que La Mala era cosa seria, algo para cuidar como quien ha encontrado un nido. Y aquí estamos, cumpliendo dos años, una cooperativa con siete personas laburando día a día, semana a semana. Pocas cosas tienen tanto valor como el trabajo colectivo que se puede hacer con quien se respeta y admira, y eso me pasa con esta banda de gente talentosa y coherente.

Cabe destacar: escribo ideas. Algunas en base a criterios y lecturas propias, otras veces en torno a diálogos (entrevistas) que nos invitan a ver el mundo de otra forma. No me formé académicamente como periodista ni comunicadora, mi educación formal y no formal han estado en otros campos. Me gradué de la carrera de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires hace quince años. Amo mi profesión y a la universidad pública que me concibió.

Desde que me gradué laburé en la gestión pública, universitaria y cultural, en ámbitos parlamentarios, como capacitadora en género y como docente universitaria. Me especialicé en estudios de género y en Derechos Humanos y estoy trabajando en mi tesis de maestría sobre políticas de memoria sobre el genocidio indígena. A eso no puedo dejar de sumar mis intereses por los temas ambientales y mi pasión por el carnaval. Todo eso me define, todo eso puedo ser en la revista a la que pertenezco por gusto y decisión.

“No hay que adivinar a qué idea de mundo adherimos. No debemos escondernos, ni suavizar lo que opinamos. No necesitamos quedar bien con nadie ni callar lo que queremos contar”

Si algo tiene valor en los tiempos que corren es poder decir lo que una piensa desde lo que realmente somos y esa es la base desde donde laburamos en la revista. No hay que adivinar a qué idea de mundo adherimos. No debemos escondernos, ni suavizar lo que opinamos. No necesitamos quedar bien con nadie ni callar lo que queremos contar. No debemos sobreactuar falsas indignaciones ni “fingir demencia” frente a lo que consideramos injusto. Porque nuestro trabajo, no sin dificultades, se sostiene con quienes desean acompañar esta forma de decir.

Conscientemente hemos rechazado la pretensión de primicias berretas y la tiranía del like. Usamos las redes sociales simplemente para mostrar nuestro trabajo, para valorizar el arte de la ilustración y la fotografía. Para llegar a públicos que aún no nos conoce. También para sortear libros y algunas otras cositas que nos podemos permitir.

Nada expone más el alma de las personas y de las cosas que el poder, por pequeño que sea. Exhibe las miserias y el altruismo, según de lo que cada uno esté compuesto. Y no me refiero al alma de manera naíf o por sentar un juicio maniqueo de unos que son buenos y otros son malos en su totalidad, sino me refiero al trabajo consciente de saber qué herramientas tenemos en la vida y cómo la usamos.

Desde La Mala construimos una herramienta, por la que (orgullosamente, decimos) han pasado cientos de escritores/as, ilustradores/as y fotógrafos/as, e intentamos siempre, desde el respeto, ponerla al servicio de aquello en lo que creemos. Porque la tergiversación, la calumnia, la tirria, el ensañamiento y la afrenta no guardan relación con el coraje.

Las seis personas con las que trabajo en el proyecto me han enseñado mucho en este tiempo que espero siga transcurriendo con la misma velocidad y calidad que hasta ahora. No sólo me han enseñado, generosamente, mucho sobre el cómo comunicar, sino que, sobre todas las cosas, me han enseñado el valor del compañerismo comunitario que es horizontal, que no tiene miedo a discutir de lo profundo, que no compite y que siempre alienta.

Isi, Lucho, Mariú, Diego, Fede y Tati son mi equipo y con este equipo quiero seguir jugando mientras me den las patas.

A quienes acompañan nuestro trabajo compartiendo sus cosas, accediendo a una charla, acercando una foto, leyendo nuestras notas, compartiendo lo que producimos ¡Gracias! No saben lo reconfortante que es que nos digan que conocen este proyecto, que nos leen, que algo de lo propuesto les sirvió para pensar o debatir. Y a quienes han hecho un acto de confianza suscribiéndose a la revista, por pequeño que sea el monto, quiero contarles que ese es el valor que tiene nuestro trabajo, que esa contribución sostiene esta forma de decir y que en tiempos de los “fin de mes” más largos en décadas, más aún se agradece.

La Mala, es cosa buena.