El 7 de abril del año 2017 sucedió algo inaudito en la ciudad de Gualeguaychú: un reclamo masivo terminó en la puerta de la casa del juez Carlos Rossi, responsable de otorgar el beneficio de la prisión condicional a Sebastian Wagner, un violento agresor sexual que no contaba con ningún informe favorable de los peritos del sistema penitenciario provincial. Wagner, algunos meses después de ser liberado por Rossi, secuestró, violó, asesinó y descartó el cuerpo de Micaela García, una joven de 21 años, activa militante política, social, universitaria y del movimiento #NiUnaMenos.
El caso de Micaela evidenció las múltiples fallas del Estado en la prevención y abordaje de los casos de violencia por motivos de género y también de los dispositivos judiciales para dar respuestas.
En diciembre de 2018, el Congreso Nacional, con una amplia concurrencia de todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, sancionó la Ley 27.499 o “Ley Micaela”, que establece la capacitación obligatoria en violencia de género para todas las personas que se desempeñan en los tres poderes del Estado. Paulatinamente, la Ley fue adoptada por todas las provincias argentinas, obligando a sus administraciones a la formación en género.
Entre Ríos fue de las últimas en adherir y su instrumentación fue lenta y trabajosa, desde la gestión de gustavo Bordet hasta la actual, encabezada por Rogelio Frigerio. La falta de recursos y el limitado compromiso político han sido las variables constantes.
Recién sancionada la ley, y con cierta vigencia política de la cuestión de género, se hizo mucho para la foto y bastante poco para lo concreto. Aún hoy, en muchas comisarías, se siguen cometiendo fallas graves en la recepción de los casos.
El sistema de justicia entrerriano no ha cambiado prácticamente en nada. El juez Carlos Rossi continuó en su cargo como si nada, excusándose en cada causa de violencia de género, hasta que se jubiló con los privilegios propios de un magistrado. La justicia se expidió rápido contra Wagner, cuyos antecedentes hablaban por sí solos, además de todo el material probatorio. Sin embargo, Néstor Pavón, co-femicida de Micaela, según todas y cada una de las pericias realizadas en el caso, sólo obtuvo una condena menor como encubridor y, a menos de tres años, recobró su libertad.
“Recién sancionada la ley, y con cierta vigencia política de la cuestión de género, se hizo mucho para la foto y bastante poco para lo concreto”
Las apelaciones de la familia frente a lo que sucedió con Pavón llegaron a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que obligó al Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos a que realice otro juicio exponiendo su paupérrimo desempeño. Hoy en día, 9 años después del femicidio, la familia García sólo ha tenido una justicia parcial y el Superior Tribunal entrerriano no ha rehecho el juicio.
Las políticas de género nacionales se redujeron a un 20% en el primer año de gestión de Javier Milei. Las mismas apuntan a la prevención, acompañamiento y resarcimiento de las víctimas que siguen contándose por decenas de miles.
El crecimiento y el triunfo electoral de La Libertad Avanza (LLA) constituyeron un retroceso en materia de promoción de la equidad en todos los aspectos y corrieron los márgenes de la discusión pública. Desde ya, es necesario decir que la violencia por motivos de género no es más importante (ni menos) que otras formas de discriminación y violencia que existen en la sociedad y que merecen ser abordadas.
Un sistema de justicia rápido, un cuerpo de Policía eficaz y un sistema penitenciario profesionalizado son tres aristas imprescindibles para garantizar pisos de convivencia social. Al respecto, el feminismo, enmarcado en la perspectiva de los Derechos Humanos (y desde el sentido común), comprende que la respuesta penal a la violencia, abuso y discriminación por motivo de género es tardía y no del todo suficiente, de allí la urgencia de que se reactiven los programas destinados no sólo a acompañar a las víctimas sino, también, a los victimarios. Las provincias donde se aplicaron propuestas socioeducativas y de acompañamiento psicológico a varones condenados, especialmente por violencia doméstica, han mostrado buenos resultados. Pero cada vez menos de ese andamiaje queda en pie.
“Un sistema de justicia rápido, un cuerpo de Policía eficaz y un sistema penitenciario profesionalizado son tres aristas imprescindibles para garantizar pisos de convivencia social”
LOS PADRES QUE PARIÓ MICA
El día que fue hallado el cuerpo sin vida de Micaela, su papá Néstor y su mamá Andrea prometieron dedicar su vida a la construcción de la sociedad que su hija había soñado. Pocos meses después crearon la Fundación Micaela García La Negra, que tiene su sede central en la ciudad de Concepción del Uruguay y con la que han recorrido el país dictando charlas y capacitaciones.
La Fundación tiene talleres de integración sociocomunitaria y espacios destinados al desarrollo laboral de mujeres en situaciones de violencia, ha asistido e intervenido en cientos de víctimas y aporta acompañamiento de alimentos a muchísimos hogares sin recursos. Se sostiene como puede, en un contexto de abandono del Estado a las organizaciones que hacen el trabajo que le corresponde a los gobiernos.
La lucha legal por justicia por Micaela sigue en pie, pero mucho más tiempo amoroso dedica la Fundación en sostener aquellas banderas que nos ayudan a recordarla por la forma en la que eligió vivir y no por la manera que le quitaron la vida.
Este 1° de abril las redes sociales se llenaron de fotos, posteos y regalos para la memoria de Micaela. Su risa amplia y franca se ve nítida y vivaz, es increíble como nada pudo extinguir ese aura de su alma, que de algún modo se las ingenia para seguir latente.
Este año, una vez más, en el mes de abril, un nuevo curso virtual en Ley Micaela se abre para las personas interesadas en formarse en perspectiva de género o para quienes lo necesitan por motivos laborales. Con el pequeño valor del curso se sostendrá algo de la vida de la Fundación o se comprarán alimentos, que es lo que más escasea y lo que las familias humildes más demandan.
Aquí está, una vez más, la invitación a una charla constructiva, a la educación popular y a la reflexión colectiva que nos invita a tener un poco más de empatía y compromiso. Un granito de arena, insuficiente pero irremplazable en los tiempos que corren.
Cuando Micaela iba a los barrios a hacer actividades con la gurisada, esa que crece descalza y con frío, decía “no podemos cambiar el mundo, pero sí podemos ayudar a un niño que tenga sueños, y eso ya es cambiar al mundo”.
Y vaya si Micaela ha cambiado un poco al mundo, que aún duele por injusto pero que sería mucho peor sin su legado.
¡Justicia por Micaela! ¡Micaela Presente!
Si tenés interés en el curso breve de Ley Micaela: https://forms.gle/oah3WZKyisKdPVzB7
capacitacionesfundacionmicaela@gmail.com
