UN NUEVO AÑO LLENO DE ALEGRÍA, IDENTIDAD Y TRABAJO COLECTIVO

SE DESPIERTA MOMO

Detrás del brillo y los tambores, el Carnaval del País es una maquinaria artística, económica y social que moviliza a toda nuestra comunidad. Este sábado, Gualeguaychú vuelve a entregarse al latido de un corsódromo que se enciende para que Momo reine, una vez más, sobre la ciudad.

Texto: Agustina Díaz | Ilustración: Diego Abu Arab
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Hoy se inaugura la edición 2026 de la Fiesta Nacional del Carnaval del País y en los próximos días decenas de ciudades del litoral se irán encendiendo al compás de los tambores. Un nuevo y excepcional capítulo se abre en la historia del arte popular que nunca pasa de moda.

Poner en números lo incontable

En estos últimos días la noción del tiempo se pierde. Los días y las noches se confunden en los talleres que no paran ni duermen. Hace meses vienen trabajando, pero nunca es suficiente el tiempo para montar un espectáculo tan impresionante como el que protagonizan las grandes comparsas de Gualeguaychú.

De enormes bloques de telgopor salen figuras hermosas que llegan a medir más de diez metros. Millones de centímetros de tela pasan por los filos de las agujas que las combinan para dar nacimiento a colores y texturas. Cristales, piedras y perlas de todos los tamaños trazan diseños excelsos, como joyas, para decorar los trajes. Los ensayos no se cancelan ni con la ola de calor ni con la lluvia, aunque la temperatura del asfalto despegue las suelas de los zapatos.

Los ruidos, el murmullo, la logística y las extenuantes jornadas de trabajo recuerdan la vida de las fábricas de un parque industrial. Sólo que aquí no hay chimeneas ni líneas de montaje. La labor artística de una comparsa es creatividad, ingenio, innovación, tradición, paciencia y equipo. Es un laburo minucioso y artesanal para un espectáculo de altísima escala que tiene por espectadores a más de doscientas mil personas por año, casi el doble de la población local.

Gualeguaychú cuenta con un Corsódromo capaz de albergar 30 mil personas por noche siendo una ciudad con algo más de cien mil habitantes. Desfilan cada noche de show alrededor de mil artistas en escena. Unos cien agentes de la Policía de Entre Ríos custodian la seguridad del evento. Enormes grúas terminan de armar las carrozas y suben a ellas a integrantes que, venciendo todo miedo a las alturas, le dan vida a semejantes escenografías en movimiento.


Cuatro jurados evalúan el vestuario, la música, las carrozas y el desfile de las comparsas y las notas que le ponen a cada una se computa al final de la temporada para determinar cuál será la ganadora. Cada una de las comparsas invirtió varias decenas de millones de pesos en materiales, logística y mano de obra. Una sólo se quedará con la gloria de levantar la copa.

“Cada una de las comparsas invirtió varias decenas de millones de pesos en materiales, logística y mano de obra. Una sólo se quedará con la gloria de levantar la copa”

En los hogares gualeguaychuenses, las radios y los bares se escuchan las canciones que compusieron las comparsas para la edición. En las veredas y las colas de los supermercados se habla del carnaval, se desea que no llueva, que venga mucha gente, que todo “salga lindo”.

Las redes sociales se plagan de fotos de plumas y caireles. Por dos meses hay algo que ocupa el centro de la escena pública.


Cientos de personas trabajan sin parar durante los dos meses de verano. Comerciantes, prestadores turísticos y familias que tienen alguna piecita para alquilar a quienes llegan de visita a la ciudad. El carnaval es tan importante que por momentos eclipsa el impacto económico del Parque Industrial.

El gran carnaval nació del corso popular que, asimismo, desciende de los bailes de carnaval y de los desfiles de antaño. El corso popular en Gualeguaychú ostenta grandes cornetas y lleva por nombre “Matecito”, en homenaje a un payaso muy querido.

También por la ciudad hay muchísimas batucadas, cuerdas de tambores y murgas que cantan protesta. Se ve que Momo quiso amontonarnos a todos por aquí.

Una patria carnavalera

Urdinarrain, Gualeguay, Concepción del Uruguay, Caseros, Villaguay, Nogoyá, Tala, Federación, Chajarí, Feliciano, Hasemkamp, Santa Elena, Victoria y Concordia son algunas de las ciudades de la provincia de Entre Ríos que cuentan con desfiles del carnaval. Así se multiplican los espectáculos en varias ciudades de Santa Fe, Corrientes, Chaco y provincia de Buenos Aires, y podemos asegurar que no hay provincia argentina que al menos no tenga una noche de carnaval.

Los modelos de gestión son distintos según cada evento. Hay algunos que son organizados y financiados íntegramente por el gobierno municipal, mientras en otros casos se trata de aportes privados que financian la confección de los trajes.


Al respecto, el caso de Gualeguaychú es único en su tipo. Cada comparsa es financiada por un club social o deportivo de la ciudad que afronta el riesgo total de la inversión. Este modelo de gerenciamiento ha permitido sostener el espectáculo a lo largo de más de tres décadas de manera constante y, también, ha potenciado el crecimiento deportivo, social y educativo de los clubes y, por tanto, de la ciudad.

El desafío desde que el carnaval se convirtió en un producto turístico y cultural de excelencia es cómo hacer converger al mega espectáculo con el carácter popular de toda fiesta de carnaval. Como congeniar inversión, profesionalización y show con pasión descontrolada y liberación.

De alguna manera extraña e inquietante, allí nos tiene cautivos el reinado de Momo. Lloramos y reímos al compás de sus tambores. Nos conmueve el arte que valida su tiempo y nos enorgullece lo que hacen sus artesanos y artesanas.

“Allí nos tiene cautivos el reinado de Momo. Lloramos y reímos al compás de sus tambores”

Y, como si eso fuera poco, cientos de hogares llevan el pan a las mesas de sus familias por el movimiento que genera en nuestros pueblos la fantasía del disfraz, la máscara y del tambor.

Por eso desde La Mala queremos reconocer a los y las laburantes, a quienes se apasionan, a quienes disfrutan de la ficción de la libertad y de la igualdad que nos propone ese ritual loco que llamamos carnaval.