El golpe de Estado de 1976 tuvo lugar en todo el territorio argentino, pero: ¿qué pasó en Gualeguaychú?
A las 8.30 horas del 24 de marzo de 1976 las autoridades militares del Escuadrón de Exploraciones de Caballería Blindada N°2, el Regimiento, se presentaron en el Palacio Municipal y procedieron al reemplazo de sus autoridades locales. En ese entonces el intendente era un hombre llamado Leoncio Otero.
Dos simples y breves actas anunciaron el relevo del Intendente y su reemplazo por el capitán Gustavo Martínez Subiría, quien era el segundo al mando del Regimiento, a cargo del mayor Juan Manuel Valentino. En ese momento, también se disolvió el Poder Legislativo, es decir el Concejo Deliberante.
A las 10 de la mañana Valentino y Martínez Subiría dieron una conferencia de prensa a los medios de comunicación, quienes registraron las palabras de las autoridades militares. Según lo publicado por el diario El Argentino, dijo Martínez Subiría:
“El Ejército Argentino ha tenido que salir a la calle para luchar contra un flagelo, el flagelo subversivo. Así como le expresé a los delegados del gremio, este no es un golpe militar, no es un golpe que pretende ir contra un partido político. Esto que hemos realizado es un movimiento de reorganización nacional, en el cual tienen que tomar participación todos aquellos que se consideren argentinos”
Esta es un dato: está claro que no es un golpe militar más, como los sucedidos antes, sino que acá se viene a hacer otra cosa, algo mucho más profundo.
Gustavo Martínez Subiría estará a cargo de la intendencia hasta el 26 de marzo de 1976, para ser reemplazado por el ingeniero Isidoro Etchebarne, un civil.
Vale aclarar algunas cuestiones: por entonces, la comunidad de Gualeguaychú era de 40.000 habitantes y, en el marco del mapa represivo, la ciudad se ubicó en el área 213 de la subzona 21 de la zona 2. A partir del golpe de Estado, el territorio argentino se dividió en cinco zonas operativas, y la de Entre Ríos fue la Zona Litoral, junto a Santa Fe y Corrientes.
Ese 24 de marzo fue intervenido el Sindicato de Empleados Municipales y su secretario general, Juan Carlos “El Puma” Urriste, fue detenido. Y, a través de la Resolución N°7 de 1976, en julio de ese año se derogó el Estatuto de los Trabajadores Municipales.
Asimismo, se elevó la cantidad de horas de trabajo y se mantuvo el mismo sueldo: se pasó de 6 a 7 horas diarias. Y, en todas las medidas disciplinarias, que aumentan mucho entre los empleados municipales, siempre figuraba la leyenda:
“La corrección que existe en el Proceso de Reorganización Nacional en el que están empeñadas las Fuerzas Armadas en operaciones, y que este Departamento Ejecutivo comparte íntegramente a fin de que adecue su comportamiento bajo el lema responsabilidad, honestidad y trabajo”
Así se fundamentaban las sanciones a los trabajadores, que, por cierto, crecen mucho en ese período.
Hay una actividad desde el gobierno militar para que, por parte de los sectores de la sociedad, haya colaboración, es decir, delación. Eso aparece muy claramente en los diarios. El 30 de marzo de 1976, El Argentino publicó:
“Se solicita la colaboración de la población para erradicar la subversión. Observe cualquier conducta sospechosa que se produzca en la calle, en su barrio o en su trabajo, etc. Y las actitudes anormales e injustificadas de gente desconocida o ajena a su núcleo social o vecinal. Todos los ciudadanos tienen la obligación de armarse en defensa de la patria, pero esta responsabilidad ya está en manos de las Fuerzas Armadas. Para la población, sus armas son los ojos, los oídos y la intuición. Úselos, ejerciendo su derecho de defensa familiar y social. La lucha no es solo armada, militar, es de todos los que desean una patria próspera y con futuro. Su información es siempre útil, hágala conocer a este comando”.
Otra cosa que aparece muy clara es la idea, que intentan instalar tanto el gobierno militar como los medios de comunicación, de que todo sigue “normal”. Se da esa convivencia entre la legalización de la pena de muerte y esta idea.
En este sentido, el 25 de marzo, al otro día del golpe, el diario Noticias publica:
“Con toda normalidad se seguía desarrollando el Proceso de Reorganización Nacional iniciado en la madrugada, salvo algunos procedimientos que se efectuaron en la tarde de ayer. Sabemos que alrededor de las 17 horas fue allanado el domicilio del secretario general de la CGT local y de otros dirigentes gremiales. Por otra parte, hemos podido confirmar también que se hayan detenidos en la unidad militar algunas personas de nuestra ciudad, tratándose de tres abogados del fuero local, por quienes la tarde de ayer se interesó el Colegio de Abogados. Los detenidos se encontraron a disposición de la Junta de Comandantes”
Héctor Rodríguez y Roberto Zapata eran, según los archivos constatados, dos de esos abogados. En ese mismo artículo se indicaba que los locales sindicales se encontraban clausurados y que el mayor Valentino, “con total cordialidad”, había manifestado a los trabajadores que no podían realizar declaraciones.
Sobre el final, esa misma publicación sostien:
“La actividad en nuestra ciudad se desarrolla normalmente, salvo los establecimientos escolares y las instituciones bancarias que continúan cerradas sin desarrollar actividad alguna”
En ese mismo artículo se habla de la pena de muerte, que faculta a los consejos de guerra especiales a dictaminar la muerte de personas. Eso convive en un discurso de “normalidad”.

DESAPARECIDOS Y BEBÉS QUE SE SIGUEN BUSCANDO
Hubo 37 personas, oriundas de nuestra ciudad, detenidas, desaparecidas o asesinadas en el marco de última dictadura militar. Del total, muchas fueron secuestradas o asesinadas en otras ciudades, donde se habían ido a trabajar o a estudiar. Pero Gualeguaychú no estuvo exenta de desapariciones: son los casos de Noni González y de Oscar Dezorzi.
También hubo muchas detenciones, y la Unidad Penal N°2, que ya desde el año 1974, cuando estaban vigentes leyes represivas que permitían detener personas por causas políticas, hasta marzo del 77, alojó a la mayor parte de los presos políticos de toda la provincia.
También se busca a dos nietos robados: Blanca Angerosa fue secuestrada en el año 78 cuando estaba embarazada, y se sabe que su hijo nació en un centro de detención y se llamó Pedro. El otro caso es el de Marta Bugnone, que transitaba un embarazo avanzado al ser secuestrada y, según testimonios de quienes compartieron su cautiverio, habría dado a luz.
Entonces, cuando escuchemos hablar de las Abuelas de Plaza de Mayo, estamos hablando también de nuestra ciudad, que sigue buscando dos nietos.
LA DICTADURA: UN MEDIO, NO UN FIN
La dictadura tuvo un objetivo central: transformar la sociedad argentina. Pretendió, y en parte logró, esa redefinición de la identidad nacional, de los términos en los que nos relacionamos y nos vinculamos. Todo tiene que ver con nuestra identidad y con quiénes somos.
Pero los crímenes, el terror organizado del Estado, la desaparición de personas, fueron medios para transformar a la Argentina toda, no fines en sí mismos.
No por nada la dictadura, en sus propias bases, dice:
“Esta intervención militar no se hace en contra de un determinado sector social, partido político o sistema económico, sino para corregir excesos, impedir desviaciones, reordenar y reencausar integralmente la vida nacional, cambiar la actitud argentina con respecto a su propia responsabilidad individual y social”
Esto nos habla de que no se trataba de combatir a un grupo de guerrilleros, ni a lo que ellos concebían subversivos, el objetivo fue desarmar a la propia sociedad argentina de aquella fibra forjada históricamente para resistir el orden injusto y para organizarse. Ese era el núcleo, el objeto de la dictadura, romper eso.
Obviamente, hubo víctimas directas, los 30 mil y sus familias, pero creo que debemos concebir e la dictadura como algo que afectó a toda la sociedad. No es solamente un problema de las familias que tienen algún ser desaparecido, asesinado o exiliado.
La sociedad actual, con todos sus problemas, debe ser vista como consecuencia de ese proceso traumático que sucedió en esos siete años.
Por eso: Memoria, Verdad y Justicia sigue siendo un imperativo para todos.
