24 DE MARZO

POEMAS PARA LA MEMORIA

A 50 años del golpe de 1976, los poemas de Pamela de Battista trazan un recorrido íntimo y colectivo entre la herida, la herencia y la pregunta. Desde una voz nacida en democracia que busca su lugar en la memoria, hasta la interpelación urgente del presente, la palabra se vuelve territorio donde persisten los silencios, los pañuelos y la necesidad de no olvidar.

Texto: Pamela De Battista | Ilustración: Diego Abu Arab
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Partida

Aunque los años terribles me corten el horizonte

en papel picado de sol y de cielo que cae y gira

cae y gira

hacia la noche,

aunque la noche tenga nada más que silencio y oscuridad y las estrellas hayan

 desaparecido,

aunque no sepa cuándo van a volver

las estrellas,

aunque a mi nombre lo tenga que atar a mi cuerpo como un Poncio Pilatos

y la esperanza se retuerza y contorsione para entrarme en la mirada,

aunque no sepa si mañana voy a dormir bajo este techo,

aunque todo lo que tuve

ya no lo tengo y llame y llame

pero nada pasa,

aunque la tristeza y la rabia sean las mejores madres que pueda tener por ahora,

aunque encarnemos este perro dolor buscando el hueso de la justicia,

en la verdad hay pañuelos y treinta mil silencios que cantan

como los pájaros hoy

en que la mañana es incierta

y los insectos andan

cada uno a su forma

transportando su semilla.


Miro las patitas moverse

siguiendo un camino

trepando el pasto.


Para andar por los senderos de alta complejidad necesito

tener una preparación adecuada

y no olvidar jamás de dónde vengo.


Nacida en democracia


I

¿Dónde tengo yo,

dónde me queda la memoria?

¿Acá?

¿Acá?

¿En qué parte de mi cuerpo

nacido

en democracia?,

porque me duele

me duele

me duele.


II

Ante lo hondo y lo oscuro

hacer memoria con otros,

el recuerdo de lo no vivido

un esqueje

que pedimos a otra planta.

La vida siempre tiene memoria.


Repoblemos el desierto.


III

Nada se perdió en aquel desastre.


Un acto de rebeldía

contra la desmemoria:

nacieron llamas que,

como las estrellas,

después de extintas siguen

encendidas en el cielo.


Dos preguntas


Hay libros que no vas a leer.

Antes era un asunto que te preocupaba.


Vas a evitar los canales de noticias

y entre las redes,

en tu rinconcito furtivo,

te vas a hundir tibiamente

a través de las palabras repetidas de los astros,

o de las teorías sobre las miles de formas de encasillar al amor.


Vas a entrar una vez y otra por esa pantalla que es tuya

tuya tuya,

en ese destello que te alumbra el rostro.

Vas a buscar ahí un poco de luz porque

desde que cerraste detrás de vos la puerta del cuarto oscuro

es muy difícil salir de la penumbra.


Te vas a hundir en el fondo de lo humano

solo si lo humano es solitario.


No vas a pensar.

Pasarán delante de tus ojos las cifras del odio y del hambre.

Pasará sin rostro y sin voz aquello que no sabemos bien qué es

pero que se hace cada vez más amenazante.

Enturbiará la huella y esconderá la sangre

y trepará hasta el fondo de la memoria para chuparla.

Pasarán los niños desaparecidos pasarán

las mujeres y las niñas muertas

pasará

cascado el cuerpo disidente

con un crujir de palito que se quiebra

cerca

de huesito animal

de pichón que se cae a la vista de todos.


No vas a abrir cuando toquen tu puerta

para pedirte algo para comer.

Vas a tenerle miedo a ese otro que te mira detrás

de la reja segura de tu ventana.

Vas a pensar que esa reja te divide en franjas la preciosa imagen

del jardín y del cielo.

Todo es un rompecabezas mal armado

una obra visual estriada y ruidosa

que se multiplica infinitamente dentro de sí misma.


No vas a pensar más en los setenta.

Vas a volver a la luz de tu pantalla.

Vas a ver rutinas para la piel que te sostiene bien adentro.

Vas a bajar despacio las escaleras de tu tiempo contando los escalones bajito para no escuchar el silencio que deja

lo que te empieza a faltar.


Y el miedo

con su única voz deslizará por tu oído

cuidadosamente

una repentina inquietud:

¿Qué estás haciendo con todo esto?

¿Cuál es tu parte en este asunto?

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