El Frigorífico Gualeguaychú, creado con capitales nacionales, daba importancia al cuidado y la seguridad social de los trabajadores y sus familias. Garantizaba servicio médico, odontológico y de enfermería; formación y educación, con una escuela de capacitación obrera y un bachillerato; seguros y becas para incentivar el estudio; actividades deportivas y recreativas, como teatro, gimnasia rítmica, esgrima de bastón, fútbol, bochas y básquet.
La empresa contaba, además, con un área de “Acción Social Femenina”, a través del cual se garantizaba atención a las mujeres en situación de embarazo y capacitaciones. Tenía cocina, vestuarios, comedor, salas de descanso y de lectura, aulas y una biblioteca.
También se había incorporado una sección dedicada a los menores, es decir a los hijos de los trabajadores, los cuales en contra turno de su escolaridad obligatoria disfrutaban poder realizar sus tareas y otras actividades deportivas en el lugar de trabajo de sus padres.

Allí, los niños solo tenían que llevar medias blancas, un cuaderno y un lápiz, el uniforme y demás herramientas se lo brindaba el área, como la merienda y el servicio de higiene y salud. Cada niño y niña contaba con su carnet que lo identificaba y lo hacía parte del área social.
También se organizaban fiestas populares, con música y teatro, que tenían el objetivo de fortalecer los lazos entre los trabajadores. Además, de los servicios sociales fue que nacieron la Mutual del Frigorífico, la funeraria, la Supervisión comercial y una farmacia. ¿Pero quienes idearon esta visionaria área?
Este video fue creado, a partir de archivos fotográfico, con Inteligencia Artificial (IA), por Leo Aversa, a quien agradecemos la generosidad de permitirnos publicarlo
La empresa se creó en el año 1923 y el área de “Acción Social Femenina” empezó a funcionar en 1938, a cargo de un profesor de Educación Física llamado Narciso Gallemi, oriundo de Buenos Aires, quien fue contratado exclusivamente por el gerente Federico Birabén Losson. Este docente incorporó diferentes diciplinas deportivas y empezó a incluir nuevos hábitos alimenticios y nutritivos, logrando una educación integral para el obrero.
Con el tiempo, Narciso sumó a su familia a la empresa. Primeramente, a su hermana María Rosa en la sección de Enfermería, quien más tarde tomaría un papel preponderante como directora de “Acción Social Femenina”. Este hecho quedó plasmado en una carta dirigida a sus padres, escrita de puño y letra por ella: “Y aquí viene la noticia más importante: desde el día 11 (…) asumí la dirección de la sección femenina de Acción Social”.

Lejos de tratarse de un cargo meramente administrativo, la carta revela el carácter fundacional de su tarea: no solo fue designada directora, sino que también comenzó a proyectar y dar forma concreta a lo que sería el espacio destinado a las trabajadoras. En sus palabras se evidencia un proceso de organización desde cero: reuniones con el personal, definición de objetivos y planificación de actividades.
En ese sentido, el documento permite conocer de primera mano cómo se pensaba la “Acción Social Femenina”. La propia Gallemi detalla que el objetivo era transformar ese ámbito “como una casa de familia”, incorporando mejoras en baños y vestuarios, un comedor más cómodo, cocina y despensa. Pero el proyecto iba mucho más allá de lo material: incluía actividades culturales, educativas y recreativas.
Entre las iniciativas mencionadas se destacan la creación de una biblioteca, espacios de lectura de revistas, música con vitrola y discos, juegos y prácticas deportivas. También se proyectaban instancias de formación, como clases de costura, bordado, tejido y taquigrafía, promoviendo así el desarrollo de habilidades entre las trabajadoras.
La carta también deja ver el entusiasmo de las mujeres involucradas: “Las chicas estaban muy entusiasmadas”, señala Gallemi, al tiempo que menciona el apoyo del gerente del frigorífico para sostener económicamente las iniciativas.

Este testimonio permite poner en valor el papel de las mujeres en la construcción de espacios de bienestar dentro del ámbito laboral, en un contexto histórico en el que su participación muchas veces quedó relegada a un segundo plano en los relatos tradicionales. La Acción Social Femenina no solo funcionó como un lugar de encuentro, sino también como un espacio de contención, formación y construcción de comunidad.
Descubrir esta historia nos demuestra que los hermanos Gallemi no solo habitaron el mundo del trabajo, sino que también lo transformaron.
