Clara recorta flores para regalarle a sus amigas en el recreo. Desde finales de agosto escucha la voz de su tía hablar del comienzo de la primavera, del jardín, de la poda y sobre los pensamientos en flores que resisten el invierno.
Juana dibuja pétalos con una tiza en la vereda del trabajo de su madre y canta “un si me quiere mucho, poquito o nada», una y otra vez. Recuerda haberla escuchado decir que el amor tiene algo de azar y de fugaz como las mariposas.
Rosario lleva la foto de su tía desaparecida en el bolsillo de su mochila. En la imagen, la hermana de su papá tiene solo 17 años y sus primaveras parecen haberse detenido en ese momento. Tiene el relato de una historia acerca de transformar el mundo, sobre el horror de la muerte cuando la vida se arranca como la poda.
Tres niñas buscan palabras para contar sus primaveras justo cuando en la escuela les piden que escriban lo que trae un cambio de estación.
Septiembre es el mes en el que descubrimos que la noche puede durar lo mismo que el día. Se suele hablar de soles más largos; de un tiempo que nombra la espera y un renacer permanente. Las mariposas se hacen visibles para la exploración y en el aleteo de algunos amores. Septiembre también habita la memoria de un despertar juvenil de lápices y con ello, resiste la sudestada del olvido para recordarnos que la gurisada mueve este mundo cuando tiene información.
Durante la primavera, existen lugares donde se intercambian semillas para que toda una comunidad tenga flores. Las librerías compartimos lecturas porque las palabras pueden ser como las habichuelas mágicas: valen para que crezca una planta gigante y para que la gurisada encuentre al trepar un lugar genuino donde narrar lo que piensan y compartirlo con otros.
Por eso, les dejamos cinco libros como pistas para contar la primavera con dedos de manos pequeñitas:
La jardinera de Violeta Parra, ilustrado por Paloma Valdivia, editado por Fondo de Cultura Económica. Es un libro que comparte la canción de Violeta Parra con un relato visual hermoso.
¡Púmbate! Siete travesías para nacer de Ornela Sabbatini y Lucrecia Sabadotto, ilustrado por Alina Calzadilla. Editado por Listocalisto. Es un libro que invita a un viaje sensorial y poético acompañando a una semilla a punto de brotar. Tiene 7 travesías en poesía para interactuar con la lectura.
¿Y comieron perdices? de Laura Wittner y Juan Manuel Nadalini, ilustrado por Eleonora Arroyo. Editado por Calibroscopio. En este libro las famosas perdices de la frase de cierre («fueron felices y comieron perdices») deciden rebelarse cansadas de ser el plato principal de la felicidad ajena. Toman la palabra para protestar y cuestionar el verdadero significado de esos «finales felices».
Llévame con tu líder de Afonso Cruz, ilustrado por Mariana Rio. Editado por Iamiqué. Es un libro álbum poético y profundo que reflexiona sobre la democracia. Un extraterrestre y un niño se encuentran, conversan y se hacen preguntas y descubren que viven muy diferente cada uno en su comunidad.
Ciencia para pasar la primavera de Valeria Edelsztein, ilustrado por Javier Reboursin. Editado por Iamiqué. Es una obra fantástica para fomentar el pensamiento científico, compartiendo que la ciencia no está encerrada en un laboratorio, sino que vive con nosotros en el parque, en las flores, cuando bailamos o jugamos.

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