En junio comenzará a funcionar en la ciudad el Club de Arqueología Gualeguaychú (CAG), una propuesta inédita en Argentina que busca acercar la arqueología a la comunidad y convertirla en una experiencia colectiva. La iniciativa surgió de un proyecto de investigación científica impulsado por la Cooperativa Arqueoterra, que desde hace años desarrolla trabajos arqueológicos y antropológicos en distintos puntos de la región.
Detrás del proyecto están el licenciado Axel Weissel y la licenciada Micaela Rossi, quienes también son profesores y vienen trabajando desde 2019 en investigaciones vinculadas al patrimonio, primero en el Parque Nacional El Palmar y luego en Gualeguaychú. Este año, el equipo obtuvo un permiso provincial para investigar ocho sitios arqueológicos de la ciudad y sus alrededores, algo que terminó de darle forma a la idea del club.
“La idea de crear un club de arqueología en Gualeguaychú tiene que ver con un proyecto de investigación científica que venimos impulsando desde 2019”, explicó a La Mala, Weissel, y agregó que, al conocer las dinámicas de la ciudad, entendieron que los clubes podían ser “un espacio de encuentro, de recreación, pero también de desarrollo social”.
Aunque muchas veces la arqueología parece una disciplina reservada únicamente para académicos o expertos, desde el club buscan romper con esa imagen. La propuesta apunta justamente a abrir el trabajo científico a vecinos, estudiantes, profesionales y cualquier persona interesada en conocer más sobre los pasados de la ciudad.
“Es totalmente cierto que la arqueología parece algo lejano o reservado a especialistas”, reconoció el arqueólogo. Sin embargo, aclaró que en las últimas décadas cambiaron las formas de pensar la producción científica y que hoy resulta fundamental construir espacios más abiertos y participativos. “Los grupos de investigación terminan siendo espacios de encuentro, de intercambio, diálogo y aprendizaje común”, señaló.

Por eso el CAG se define como un club: un ámbito colectivo en el que la arqueología se cruza con la recreación, la curiosidad y el trabajo comunitario. Además, y esto es importante, cualquier persona mayor de 16 años podrá sumarse, sin necesidad de tener conocimientos previos.
“Una persona común puede aportar un montón”, afirmó Weissel. “El patrimonio es algo de todos y de todas quienes habitan una ciudad y un territorio”. Para él, las miradas de vecinos y vecinas muchas veces permiten repensar los sitios arqueológicos desde preguntas inesperadas o desde el sentido común cotidiano.
La investigación arqueológica que impulsará el club no se limita a objetos antiguos o restos materiales, también buscará reconstruir memorias, discutir relatos históricos y pensar cómo se construyó la ciudad. “Cada sitio se vuelve una ventana hacia el pasado”, dijo el licenciado. “La ciudad se refleja, ve su derrotero histórico y también puede, incluso, perfilarse a construir nuevas y otras formas de bienestar social”.
““El patrimonio es algo de todos y de todas quienes habitan una ciudad y un territorio””
Entre los lugares que despiertan interés aparecen estructuras subterráneas, sitios perdidos y espacios vinculados tanto a la historia colonial como a las raíces indígenas de la región. Uno de los proyectos pendientes, por ejemplo, involucra trabajos en la Unidad Penal Nº2, junto a Madres de Plaza de Mayo Gualeguaychú y la revista La Lupa. También planean investigaciones en cerritos indígenas ubicados en el arroyo Lorenzo.
“El territorio tiene mucho para aprender de las raíces indígenas que aún hoy coexisten”, sostuvo Weissel, quien además planteó que la arqueología de la modernidad y la colonialidad permite discutir procesos históricos que todavía impactan sobre la vida cotidiana y los modelos de desarrollo actuales.
Uno de los aspectos más particulares del proyecto es la relación que establece entre arqueología, memoria colectiva y salud mental. Desde el club hablan de “memoria activa” y de la necesidad de construir espacios comunitarios atravesados por la curiosidad, el encuentro y el trabajo colectivo. “El asombro es una herramienta de bienestar y sirve para conectar con el de al lado”, propuso el entrevistado.

La propuesta toma referencias de experiencias de arqueología comunitaria y pública desarrolladas en distintos puntos del país, entre ellas trabajos realizados con veteranos de Malvinas. En ese sentido, la profesora Micaela Rossi destacó que el proyecto es continuidad de experiencias impulsadas por investigadores como Carlos Landa y equipos que vienen trabajando desde hace años en arqueología social y comunitaria.
Según explicaron los profesionales, la intención es que el club funcione también como un espacio de contención y construcción colectiva frente a contextos de precarización y desgaste social.
CÓMO FUNCIONARÁ EL CLUB
Los encuentros serán presenciales y se realizarán el primer sábado de cada mes, de 9 a 13 horas. Habrá talleres, expediciones, investigaciones de campo, trabajo en archivos y laboratorios, además de actividades vinculadas a cerámica y materiales locales.
“Vamos a realizar trabajos de investigación de campo en los sitios arqueológicos ya designados, que son ocho en total”, explicó Weissel. Y también adelantó que habrá entrevistas, observaciones participantes, búsqueda documental y trabajos con materiales arqueológicos.
“Si conocemos todo, no podemos investigar nada, pero si nos planteamos desde el misterio y la curiosidad, el asombro es una herramienta también de bienestar”
El club funcionará bajo la lógica de ciencia ciudadana y arqueología comunitaria. La asociación será libre y voluntaria, y quienes participen podrán involucrarse activamente en las investigaciones. “A alguien que nunca tuvo contacto con la arqueología, pero tiene curiosidad, le diría que se acerque”, invitó Weissel. “Si conocemos todo, no podemos investigar nada, pero si nos planteamos desde el misterio y la curiosidad, el asombro es una herramienta también de bienestar”.
Más información en las Redes Sociales de Arqueoterra Ltda. @arqueoterra.coop (Instagram) y en su página web: www.arqueoterra.com.ar/club
