Partida
Aunque los años terribles me corten el horizonte
en papel picado de sol y de cielo que cae y gira
cae y gira
hacia la noche,
aunque la noche tenga nada más que silencio y oscuridad y las estrellas hayan
desaparecido,
aunque no sepa cuándo van a volver
las estrellas,
aunque a mi nombre lo tenga que atar a mi cuerpo como un Poncio Pilatos
y la esperanza se retuerza y contorsione para entrarme en la mirada,
aunque no sepa si mañana voy a dormir bajo este techo,
aunque todo lo que tuve
ya no lo tengo y llame y llame
pero nada pasa,
aunque la tristeza y la rabia sean las mejores madres que pueda tener por ahora,
aunque encarnemos este perro dolor buscando el hueso de la justicia,
en la verdad hay pañuelos y treinta mil silencios que cantan
como los pájaros hoy
en que la mañana es incierta
y los insectos andan
cada uno a su forma
transportando su semilla.
Miro las patitas moverse
siguiendo un camino
trepando el pasto.
Para andar por los senderos de alta complejidad necesito
tener una preparación adecuada
y no olvidar jamás de dónde vengo.
Nacida en democracia

I
¿Dónde tengo yo,
dónde me queda la memoria?
¿Acá?
¿Acá?
¿En qué parte de mi cuerpo
nacido
en democracia?,
porque me duele
me duele
me duele.
II
Ante lo hondo y lo oscuro
hacer memoria con otros,
el recuerdo de lo no vivido
un esqueje
que pedimos a otra planta.
La vida siempre tiene memoria.
Repoblemos el desierto.
III
Nada se perdió en aquel desastre.
Un acto de rebeldía
contra la desmemoria:
nacieron llamas que,
como las estrellas,
después de extintas siguen
encendidas en el cielo.
Dos preguntas

Hay libros que no vas a leer.
Antes era un asunto que te preocupaba.
Vas a evitar los canales de noticias
y entre las redes,
en tu rinconcito furtivo,
te vas a hundir tibiamente
a través de las palabras repetidas de los astros,
o de las teorías sobre las miles de formas de encasillar al amor.
Vas a entrar una vez y otra por esa pantalla que es tuya
tuya tuya,
en ese destello que te alumbra el rostro.
Vas a buscar ahí un poco de luz porque
desde que cerraste detrás de vos la puerta del cuarto oscuro
es muy difícil salir de la penumbra.
Te vas a hundir en el fondo de lo humano
solo si lo humano es solitario.
No vas a pensar.
Pasarán delante de tus ojos las cifras del odio y del hambre.
Pasará sin rostro y sin voz aquello que no sabemos bien qué es
pero que se hace cada vez más amenazante.
Enturbiará la huella y esconderá la sangre
y trepará hasta el fondo de la memoria para chuparla.
Pasarán los niños desaparecidos pasarán
las mujeres y las niñas muertas
pasará
cascado el cuerpo disidente
con un crujir de palito que se quiebra
cerca
de huesito animal
de pichón que se cae a la vista de todos.
No vas a abrir cuando toquen tu puerta
para pedirte algo para comer.
Vas a tenerle miedo a ese otro que te mira detrás
de la reja segura de tu ventana.
Vas a pensar que esa reja te divide en franjas la preciosa imagen
del jardín y del cielo.
Todo es un rompecabezas mal armado
una obra visual estriada y ruidosa
que se multiplica infinitamente dentro de sí misma.
No vas a pensar más en los setenta.
Vas a volver a la luz de tu pantalla.
Vas a ver rutinas para la piel que te sostiene bien adentro.
Vas a bajar despacio las escaleras de tu tiempo contando los escalones bajito para no escuchar el silencio que deja
lo que te empieza a faltar.
Y el miedo
con su única voz deslizará por tu oído
cuidadosamente
una repentina inquietud:
¿Qué estás haciendo con todo esto?
¿Cuál es tu parte en este asunto?
