¿QUÉ FUE LO QUE PASÓ?
El 3 de enero Estados Unidos reconoció una operación militar en la que capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro y lo trasladó a ese país. Sin embargo, dentro de Estados Unidos no existe una posición unánime sobre la legalidad de lo ocurrido. Tanto en el plano jurídico como en el político, distintas voces se manifestaron en contra del accionar del gobierno y de la gestión de Donald Trump.
Organismos internacionales denunciaron vicios en la legalidad de la operación. Las acusaciones que vinculan a Maduro con el narcotráfico no están, hasta el momento, debidamente acreditadas. A esto se suma que Estados Unidos habló de controlar administrativamente a Venezuela, sin precisar de qué manera, ni en qué plazos.
Al mismo tiempo, quedaron expuestos los intereses petroleros estadounidenses en el país. Más allá de que la gestión de Trump intentó justificar la intervención como una acción en favor de la democracia y del combate al narcotráfico, el propio mandatario fue explícito al señalar la importancia estratégica del petróleo venezolano y los intereses sociopolíticos ligados al control de recursos cada vez más escasos a escala continental.
UN PAÍS EN CRISIS DESDE HACE AÑOS
La situación en Venezuela es caótica desde hace mucho tiempo, especialmente tras la muerte de Hugo Chávez. El proceso encabezado por Nicolás Maduro se caracterizó por violaciones sistemáticas a las garantías electorales y por vulneraciones documentadas a los Derechos Humanos: detenciones arbitrarias, torturas, persecución a periodistas y encarcelamiento de dirigentes políticos opositores.
También existe una vulneración sostenida de los derechos de los pueblos originarios sobre la administración de sus territorios, particularmente cuando estos derechos entran en conflicto con los intereses petroleros del Estado nacional. Asimismo, el gobierno que hoy encabeza Delcy Rodríguez mostró, en distintas oportunidades, una clara complacencia con redes de corrupción, violencia y narcotráfico.
Con el deterioro de la situación interna, líderes identificados con el progresismo regional comenzaron a pedirle a Maduro un proceso de normalización institucional. Entre ellos, Michelle Bachelet, Gabriel Boric y Lula da Silva. Pero Maduro desoyó estos planteos y Venezuela fue quedando cada vez más aislada del mundo, profundizando su crisis a partir de las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos.
MIGRACIÓN, FRAUDE ELECTORAL Y AISLAMIENTO
Venezuela atravesó uno de los procesos migratorios más agudos de la historia del continente desde la conformación de los Estados modernos. Nueve millones de personas dejaron el país, de las cuales cerca de 200 mil se radicaron en la República Argentina. Del total, 400 mil obtuvieron reconocimiento internacional como refugiadas, mientras que el resto migró principalmente por razones económicas.
La situación empeoró de manera vertiginosa en julio de 2024, cuando Maduro se proclamó ganador de las elecciones en un contexto de fraude masivo y represión. El principal líder de la oposición electoral, Edmundo González, se vio obligado al exilio.
A fines de 2025, con la llegada de Donald Trump al gobierno estadounidense, la posición internacional de Venezuela se complicó aún más. Estados Unidos desplegó una estrategia dual: por un lado, sostuvo un discurso vinculado a la defensa de la democracia, el Estado de derecho, los Derechos Humanos y el combate al narcotráfico; por otro, dejó en evidencia sus intereses petroleros.
Chevron, una empresa de peso internacional y conocida en Argentina por sus antecedentes de daño ambiental, explota aproximadamente la cuarta parte del petróleo venezolano. La mitad de ese petróleo se destina a Norteamérica.
“La situación empeoró de manera vertiginosa en julio de 2024, cuando Maduro se proclamó ganador de las elecciones en un contexto de fraude masivo y represión”
EL ESCENARIO POLÍTICO ACTUAL
El régimen de Maduro no colapsó por completo. Trump se mostró pragmático y expresó que su objetivo es la estabilidad, un alineamiento estratégico del gobierno venezolano con los intereses estadounidenses y, fundamentalmente, el acceso al petróleo.
La oposición al régimen aparece fragmentada, personalista y con sus principales dirigentes en el exilio. En el gobierno quedó al mando Delcy Rodríguez como presidenta interina, una figura con más de dos décadas de trayectoria dentro del chavismo. Otro actor clave es Diosdado Cabello, representante del ala más dura y represiva del régimen.
El oficialismo, por un lado, intenta resistir como espacio político, mantener cohesión interna y negociar con Estados Unidos para no quedar completamente desplazado del escenario. Por otro lado, y en este contexto, las Fuerzas Armadas ocupan un rol central. Su poder creció a partir de los acuerdos con el régimen, que les otorgó lugares estratégicos en la administración de los recursos petroleros.
Las Fuerzas Armadas se mostraron históricamente leales al régimen, aunque existen sospechas sobre el papel que cumplieron durante la detención de Maduro. Todo indica que podrían acompañar una transición de régimen si ello les garantiza amnistías e impunidad por crímenes cometidos.
¿POR QUÉ AMÉRICA LATINA MIRA CON PREOCUPACIÓN?
La intervención directa de EEEUU genera una profunda preocupación en América Latina porque no es un fenómeno nuevo y porque sus consecuencias históricas han sido de sangre y pobreza. A comienzos del siglo XX, Estados Unidos desarrolló la Doctrina Monroe, bajo la idea de que América Latina debía funcionar como su “patio trasero”.
Desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX hubo intervenciones en Cuba, Haití, República Dominicana, Nicaragua y Honduras, con saldos de violencia y empobrecimiento. Más recientemente, las intervenciones en Irak y Afganistán mostraron un patrón similar: empeoramiento de las condiciones de vida, violencia generalizada y retiro estadounidense una vez alcanzados sus objetivos.
“Trump se mostró pragmático y expresó que su objetivo es la estabilidad, un alineamiento estratégico del gobierno venezolano con los intereses estadounidenses y, fundamentalmente, el acceso al petróleo”
Además de las intervenciones militares directas, EEEUU intervino políticamente en la región a través de la Doctrina de Seguridad Nacional durante la década de 1970. Mediante la Escuela de las Américas se adoctrinó a las Fuerzas Armadas de numerosos países, que adoptaron la lógica del enemigo interno en el marco de la Guerra Fría.
Argentina, Guatemala, Chile, Perú, Panamá, Paraguay y Bolivia sufrieron intervenciones orientadas a propiciar golpes de Estado. En todos los casos hubo desapariciones, torturas y violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. El caso más grave fue Guatemala, donde la intervención y el apoyo al aparato represivo derivaron en alrededor de 200 mil víctimas, el 83% de ellas fueron indígenas.
UN FUTURO QUE MARCA AL CONTINENTE
Estados Unidos es una potencia agresiva, fuertemente proteccionista de sus productores, agricultores e industriales, y mantiene un modelo migratorio cerrado que no contempla la recepción de los millones de venezolanos desplazados.
La historia latinoamericana demuestra que nada bueno surge de un imperialismo agresivo. Al mismo tiempo, también queda claro que en nombre de intereses populares no pueden avasallarse los derechos humanos básicos. Estos factores son sólo algunos de una realidad extremadamente compleja y dolorosa, como la que atraviesa el grueso del pueblo venezolano. Pero, aunque muchas veces nos quede lejos, no hay dudas de que lo que ocurra en el país caribeño marcará el rumbo de las próximas décadas del continente.
