– Ámbar, ¿quién sos más allá de la música?
– Siempre dije que soy la persona que soy por toda la música que me rodeó desde que nací. Realmente es muy difícil separarme de lo artístico y, de hecho, cuando me tuve que presentar en La Voz y todo el proceso de contarles a los productores sobre mi historia, me pedían que hiciera alguna actividad más, pero la verdad es que no pude responder eso, porque no hago nada que no sea artístico. Me han criado sobresaturada de música y todas las referencias que digo, todas las cosas que hago, están adentro mío. Si me tengo que describir, diría que soy un alma vieja, pero a la vez tierna, y quizás fresca.

– Y personalmente, ¿en qué artistas te inspirás?
– Me inspira muchísimo la música con la que me crié. Principalmente Gustavo Cerati. También soy fan de Spinetta, de Charly y de Fito (él me nutre mucho como compositor y como intérprete). Después, crecí con ABBA, Bee Gees, los Beatles (una de mis bandas favoritas), los Smiths y Miranda. Todos ellos son mis más grandes inspiraciones. Con los años, descubrí por mi cuenta a Taylor Swift, mi cantante favorita.
– ¿Cómo fue el momento exacto en el que decidiste postularte a La Voz?
– Soy fan del formato. Con mi mamá miramos este formato y todos los programas de talentos. Pero cuando lo hacían acá, yo tenía menos de 18. Cuando se presentó la oportunidad, este año, me mandé. Fue como un piletazo, porque yo confío en mi voz, pero hay voces en el país que son inexplicables. La verdad es que pensé que no iba a quedar, que no iba a pasar el filtro grande, porque se anotan muchas personas. Vas a la fila a esperar, charlás con gente y eventualmente te ponés a cantar (en esa cantidad de horas de espera), y cantan todos mejor que vos. Creo que mi gran acierto fue el repertorio: en la primera instancia, en la cual te dan dos segundos para cantar y estás en una habitación con 50 personas, canté Muchacha ojos de papel y Buenos Aires, de Naty Peluso. Después, en la segunda instancia de ese mismo día, la prueba de cámaras, tiré una lista de temas que halagaron un montón.

– ¿Qué pensaste en los segundos antes de subirte al escenario?
– Estaba muy nerviosa. En ese momento, estaba pensando en tratar de disfrutar. Canté Close to you, una de mis canciones favoritas de toda la vida. Tenía mucho miedo de no disfrutarlo por pensar en el jurado. Obvio que cuando me subí, pensé «que se den vuelta». Pasó la mitad de la canción y todavía no me habían elegido, pero la gente de la tribuna me miraba con mucho cariño, empecé a confiar un poco más y ahí se dieron vuelta. Fue algo muy hermoso.
– ¿Qué fue lo más difícil de la experiencia de La Voz que no se ve en la tele?
– Primero y principal, los tiempos. En la tele se ve que las etapas demoran muchos días, pero vos, el día de grabación, grabás todo en un día. Después, tenés una semana o 15 días y volvés a grabar. No te ayudan mucho a prepararte, sobre todo si te toca un tema que no conoces o que no te gusta, o cuando tenés que coordinar con un compañero. Otra cosa que es difícil, es que hasta que no pasa tu episodio, no sentís que es real, y cuando pasa tu episodio, no es particularmente mi caso, pero he notado mucha gente que se volvió demasiado pendiente a la crítica, y eso es algo que realmente arruina tu percepción y confianza de tu propio arte. Otro punto es que en la tele nunca tenés el espacio real para ser vos, no te podés explayar tanto. Tenés que saber dónde ubicarte, y cagan a pedo por un montón de cosas que para vos no están mal.
“He notado mucha gente que se volvió demasiado pendiente a la crítica, y eso es algo que realmente arruina tu percepción y confianza de tu propio arte”
– ¿Y cómo es el equipo de La Voz?
– Son todos muy amorosos. Sin embargo, no deja de ser la tele: tienen que adaptar un montón de cosas de tu personalidad al formato. Por ejemplo, yo odio que me hagan ponerme cosas que no me gustan, lo detesto. Pero más allá de eso, la experiencia es muy linda. Creo que las cuestiones malas son mucho más internas: los nervios y no confiar en el arte de uno (por ser inseguro, y porque la mayoría somos muy jóvenes).
– ¿Qué te sorprendió del detrás de escena?
– Es increíble la cantidad de gente que labura en La Voz. Tiene 15 personas para make-up y pelo, 47 productores, camarógrafos, iluminadores: es un certamen que genera mucho trabajo. Cada detalle que ves en la televisión, se hizo con muchísimo amor y horas. Es realmente una producción masiva.

– Hablaste de Miranda, ¿cómo es trabajar con ellos?
– Es hermoso, los amo. Ayer grabamos algo (que no puedo decir qué), y se pusieron a cantar, nos dieron un show privado. Detrás de escena son súper compañeros, y muy dulces, nunca tienen algo malo para decir y siempre destacan lo bueno. A la vez, son súper exigentes, porque tienen muchas expectativas puestas en vos. Que pretendan que yo haga cosas grandes se siente hermoso. Experimentar esta conexión con ellos es increíble, yo creo que son mis papás artísticos.
– ¿Qué aprendiste después de toda esta exposición?
– Que tengo que confiar más. Soy demasiado insegura con mi arte, que me parece estúpido porque a la vez soy muy confiada. Por un lado, digo ‘qué buena compositora que soy, qué lindo que canto’, pero en el momento en el que lo tengo que mostrar, me apachurro. Pero la verdad es que la gente, después de esta exposición masiva, me amó un montón. Miraba los comentarios y no tenía un solo comentario de hate. Por ahora, estoy tocando las nubes. Sin embargo, sé que todo es muy efímero en las redes y en la exposición, entonces trato de tomármelo con calma.
– ¿Cuál fue el mensaje más lindo que te llegó desde acá?
– Es increíble lo que ha hecho la ciudad por mí: por compartir, por hacerme llegar el apoyo, por la cantidad de mensajes que me han llegado. Por ejemplo, una seño de la primaria me mandó una cartulina que yo había hecho cuando era chiquita, diciendo que «los sueños se cumplen». Recibí mucho apoyo de gente que no me conoce, yo pensaba que iba a recibir amor sólo de las amigas de mi mamá, de mi abuela, de primos y de tíos, pero gente con la que no tengo ningún lazo me mandaba fotos prendiendo la tele por mí, diciéndome que brillé.
– ¿Qué sueños tenés ahora? ¿Cambió tu idea del éxito después de La Voz?
– No, creo que no. Para mí el éxito de La Voz nunca fue ganar, sino la repercusión que se genera. He destinado a mucha gente a escuchar mis canciones, eso me pone muy contenta. Mi meta a partir de ahora es disfrutar todo lo que me queda del programa, y mi sueño es que cuando yo salga, en la instancia que sea, la gente se quede conmigo, para que estén presentes para lo próximo: el inminente álbum que estoy armando. Es un hermoso proyecto, compuesto por mí y por mi amigo Dante Saulino, un productor del carajo, que me representa muchísimo. Me encantaría que escuchen mi música de verdad, no solo las canciones que puedo cantar, sino las canciones que puedo hacer.
“Mi meta a partir de ahora es disfrutar todo lo que me queda del programa, y mi sueño es que cuando yo salga, en la instancia que sea, la gente se quede conmigo”
A sus 20 años, Ámbar Carrizzo no solo representa a Gualeguaychú con su voz, sino con una autenticidad que desborda cada respuesta. Mientras sueña con que su música propia llegue lejos, disfruta el presente con los pies en la tierra y el corazón lleno de canciones. La Voz, sin dudas, es apenas el comienzo.