Un oscuro desplome. Estrellada en el patio, se desangra la lluvia. En los charcos, se ahoga la humildad de ángeles caídos; peregrina un rosario de pétalos, hacia el recinto del desagüe. Un jilguero empapa la rebeldía del trino. El mundo tan lavado no nos deja lugar.
Quiero entonces, lloverme en agua turbia. Lloverme con la ira tormentosa de la especie. No necesito un arca, ni salvarme. Mi lluvia es un grito de agua de todos los diluvios. En el fango, moldeo a la mujer primera. Se deshacen los huesos. Solo tirita el alma. La espera de un bautismo de sol, que unja las tormentas de los días, me sostiene en la pila de una maceta rota.
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