Hay mucho por deconstruir y descubrir del mestizaje cultural. Hay mucho por sanar también. Sacar la africanidad del closet es dejar latente la herencia ancestral, conocer la historia de nuestro país, integrarla a la memoria popular de nuestros pueblos.
Son varios los términos que pueden encajar para hacer alusión a la negación de la afrodescendencia en América: silenciamiento, invisibilización, negación, ocultamiento. Pero el término “blanqueamiento” llama especialmente la atención. Se lo asocia automáticamente a la idea de limpieza, dejar sin mancha, sacarle el color… pintarlo de blanco. También alude a la idea de darle legalidad a aquello que por razones inciertas está oculto. Sería algo así como hacer legal algo sin decir lo que en realidad es: más vale ocultar su origen y sacarlo a la luz con otra forma, otro envase. Por ejemplo, blanquear dinero es darle curso legal en un formato aceptable a un dinero de dudosa procedencia.
Si todas estas aseveraciones fueran literales y las hiciésemos encajar como realidad de la “raza negra”, retratarían la verdad de la herencia africana en Argentina. Me atrevo a decir: de América Latina toda.¿Blanquear la africanidad en América es buscarle legalidad a “los negros” sin decir quiénes realmente fueron, sin decir quiénes hoy son?
Para ser racistas, las comunidades no necesitan andar aclarando el odio hacia una raza diferente a la hegemónica, sino que con guardarla en el placard es suficiente.
BLANQUEAMIENTO AFRICANO
Desde la colonia, con la llegada de esclavos africanos —especialmente a través de los puertos de Buenos Aires y Montevideo—, el blanqueamiento africano implicó la prohibición de tradiciones y costumbres. Ese modo de silenciamiento cultural y rechazo de la memoria de los pueblos esclavizados se solapa, y también se disimula, con la idea de que “los negros” (y las negras) fueron carne de cañón en las guerras o que no resistieron enfermedades (se habla también de la imposibilidad de adaptarse al clima). Esta fue una realidad histórica, pero no fue la única razón del hostigamiento a la herencia ancestral africana. La europeización y el mestizaje son dos ingredientes más que leudan la idea de blanqueamiento.
“Para ser racistas, las comunidades no necesitan andar aclarando el odio hacia una raza diferente a la hegemónica, sino que con guardarla en el placard es suficiente”
“NACER BLANQUITO”
Por un lado, ese insistente deseo de ser lo más europeos posibles es vertebral en la conformación de las comunidades del Cono Sur. Aun para las mentes más “progres” que tratan de negar esta europeización, resulta complejo defender cierto posicionamiento si naciste “blanco”. “Nacer blanquito” y con rasgos europeos es un privilegio. Falta recorrer camino para hacer esa disociación.
No hay que irse hasta África para analizar este silenciamiento: con quedarnos en nuestro continente es suficiente para palpar que existe una herencia marrón, originaria e indígena también emblanquecida.
Este rasgo vincular con “la raza negra” (y con la marrón) no es solo propio de la Argentina, Chile fue parte de la misma ola migratoria de esclavos africanos en tiempos coloniales, a los que también escondió y prefirió, entre otras cosas, nombrarlos peruanos para justificar su existencia en el territorio.Las luchas por el reconocimiento afrodescendiente chileno tuvieron especial epicentro en Arica, al norte del país. En el año 2019 se logró el reconocimiento legal como “Pueblo Tribal Afrodescendiente Chileno”, siendo probablemente este hito el que habilita a que, según datos del censo 2024, cada vez más personas se autoidentifiquen con la cultura afro.
La romántica idea de que en Uruguay “los negros” están absolutamente integrados a su sociedad es un error y también es parte de la europeización del continente. A pesar de la promulgación de leyes antidiscriminatorias, como la Ley 19.122, que menciona la tendencia a promover acciones que contribuyan “(…) a reparar los efectos de la discriminación racial histórica”, teniendo como objetivo promover la equidad racial e igualdad de oportunidades, la vida cotidiana en Uruguay está atravesada por prejuicios y discriminación hacia la población afrodescendiente. El resultado se observa en la desigualdad socioeconómica, la exclusión educativa y laboral. Sin embargo, es el arraigo cultural tan defendido por la comunidad afroruguaya el que reivindica con fuerza la herencia negra.
“La vida cotidiana en Uruguay está atravesada por prejuicios y discriminación hacia la población afrodescendiente”
HERENCIA AFROURUGUAYA
La mezcla genética de diferentes etnias fue la responsable, en parte, de la población de los territorios americanos. Ese mestizaje puramente biológico no es necesariamente equivalente al mestizaje cultural: la convivencia de diferentes culturas y la amalgama de ellas avanza más allá de la biología humana. Tal es el caso de la Llamada de Candombe de San Baltasar en Montevideo, Uruguay.
La llamada, como forma de convocar y como práctica heredada de los esclavos africanos que llamaban a otros con sus tambores para juntarse a celebrar, practicar su cultura y expresar resistencia, cada 6 de enero se materializa en grandes desfiles por diferentes barrios de Montevideo.
Tambores, bailes y personajes tradicionales llenan las calles, manteniendo viva una profunda herencia africana. Es el resultado de un mestizaje cultural entre el catolicismo europeo y la cultura africana, en el que se combinan la religión, la identidad y la resistencia cultural.
Estas llamadas son una de las expresiones culturales más antiguas de las comunidades afrodescendientes en Montevideo. En ellas se rinde homenaje a San Baltasar y, en este sentido, no es casual que lleve el nombre del Rey Mago negro venerado por la Iglesia católica junto a Gaspar y Melchor. Los reyes magos enviados, según la Biblia, por el rey Herodes para corroborar el nacimiento de Jesús en Belén.
SAN BALTASAR Y EL LITORAL ARGENTINO
El fuerte arraigo cultural resistido por su comunidad en Uruguay es el que da lugar a su legado. Tal es así que la cultura rioplatense se escurrió por Paraguay y el litoral argentino, contagiando sus tradiciones y reavivando sus raíces morenas.
La devoción a San Baltasar cada 6 de enero es un ejemplo de ello. Este festejo litoraleño, en el marco del Día de los Reyes Magos, es la manifestación más popular en la que la fe y la cultura toman protagonismo para honrar a la figura central de la devoción afrocriolla. Especialmente en las provincias de Corrientes, Misiones, Chaco y Formosa, donde se fusionan elementos cristianos con fuertes influencias africanas, como el candombe, los tambores y las danzas. Allí se venera al Santo Negro.
Santa Fe y Entre Ríos, provincias que también conforman el litoral argentino, no parecieran estar tan influenciadas por esta manifestación popular. En Entre Ríos, sus kilómetros de frontera fluvial con Uruguay y su cercanía con la cultura rioplatense probablemente hayan influenciado más insistentemente, y sea esa la razón por la cual el candombe montevideano es más persistente en la región.
Santo Cambá es la manera más popular de nombrar al Rey Mago, donde “cambá” significa “negro” o “morocho” en guaraní, y es una figura central en festividades afrodescendientes y una de las más queridas del calendario religioso popular del noreste argentino.
“Estas llamadas son una de las expresiones culturales más antiguas de las comunidades afrodescendientes en Montevideo”
ÁFRICA ACÁ
En Pueblo General Belgrano, este sábado 10 de enero se desarrollará la Segunda Llamada de Candombe de San Baltasar, organizada por Yaguarí Candombe, la primera comparsa local que une a Gualeguaychú y a Pueblo General Belgrano, recientemente conformada y comprometida con la difusión, la enseñanza y la celebración del folclore uruguayo.
Es una celebración cultural abierta a toda la comunidad, que invita a encontrarse, celebrar y seguir fortaleciendo el candombe como expresión viva, popular y comunitaria de la región.
¿Cabe alguna duda de que el mestizaje cultural es clave para comprender que la africanidad no se borró de un soplo de nuestro continente?
Sabemos que las embarcaciones que llegaron por primera vez al continente americano estaban integradas mayoritariamente por hombres que se establecieron en diferentes puntos del territorio. Pocos volvieron, mujeres no vinieron. Asimismo, los registros migratorios de la época colonial establecen que llegaron entre 8 y 10 hombres por cada mujer migrante. ¿Cabe alguna duda de que el mestizaje biológico es un hecho, pero del que poco registro se tiene? ¿Cuánto sabemos de nuestros y nuestras ancestras?
Celebrar las tradiciones locales nos da identidad y es una fuerte responsabilidad mantener viva la historia cultural de nuestros territorios y comunidades ancestrales. ¿Seguimos pensando que nuestra herencia ancestral es íntegramente blanca?
Para terminar, aquí van unos datos interesantes para seguir pensando:
– Hace 200 años, en ciudades como Buenos Aires y Santiago de Chile, “los negros” llegaron a representar más del 20 % de la población.
– Durante todo el período colonial se traficaron alrededor de 12 millones de esclavos desde el continente africano al continente americano.
-Llegaron unos 70.000 esclavos al Río de la Plata. Esta cifra, que puede parecer insignificante, se torna preponderante si tenemos en cuenta que para comienzos de 1800 la población de Buenos Aires era de unas 40.000 personas.
captura de pantalla
por Tati Peralta
Soy tambor (Simoncini/Masip/Ruiz, 2015)
Un documental que sigue la cuerda. Este film se sumerge en las «llamadas» de candombe de Buenos Aires, una práctica donde el toque del tambor sirve para convocar a la comunidad, revivir la memoria y ocupar el espacio público como acto de resistencia. La película retrata cómo esta expresión, con raíces en las ceremonias de los africanos esclavizados en el Virreinato del Río de la Plata, hoy late en barrios como San Telmo y La Boca, resonando donde antes estuvo el comercio de personas. Es un testimonio de cómo, frente a la construcción de un Estado-Nación que promovió una imagen étnica europea, el candombe se mantiene como un grito vivo de africanidad.
«El tambor no se toca, se siente; es el corazón de una historia que no se dejó silenciar.»
El santo de los camba (S. Toba, 2013)
La fe que bajó del caballo. Este documental íntimo de 30 minutos lleva la cámara al Paraje El Batel, en la zona rural de Goya, Corrientes, para registrar la celebración que la familia Perichón realiza en honor al Santo Rey Baltazar, conocido como «Santo Cambá». Lejos de la figura del Rey Mago de la navidad, se trata de un fervoroso culto popular de raíces afro, donde San Baltasar —un hombre negro con corona, manto rojo y cetro— es venerado como un santo milagroso en una ceremonia que fusiona catolicismo y tradiciones africanas. El documental captura esta manifestación, un ejemplo potente de cómo las comunidades afrodescendientes del litoral argentino han preservado y adaptado sus creencias, manteniendo viva una espiritualidad propia.
«No está en los altares oficiales; su reino es el monte, la fe popular y el repique del candombe en su honor.»
Cachila (Sebastián Bednarik, 2008)
La herencia es un tambor que pasa de padre a hijo. En el barrio Sur de Montevideo, Waldemar «Cachila» Silva es un pilar de la comunidad afrodescendiente y líder de una de las comparsas de candombe más tradicionales. Este documental uruguayo observa con paciencia el momento crucial en que Cachila, por su edad, debe transferir la dirección de la comparsa y el legado familiar a sus hijos, Matías y Wellington. La película explora las tensiones entre el peso de la tradición, las jerarquías internas y el desafío de guiar a las nuevas generaciones para que el candombe no se desvanezca. Es un retrato crudo y humano sobre la transmisión cultural como un negocio familiar donde lo que está en juego es el futuro de una identidad.
«¿Cómo se hereda el ritmo de la sangre? Con sudor, disputas y el sonido imborrable del cuero.»
