LA IDENTIDAD MÁS ALLÁ DE LO HUMANO

PSICOLOGÍA DE UN THERIAN

En medio de la viralización del fenómeno en redes sociales, La Mala dialogó con la licenciada en psicología María Elisa Benetti para pensar esta identidad más allá del prejuicio y la patologización. “Cuáles son los modelos de identidad que como sociedad ofrecemos a los jóvenes”, se preguntó.

Texto: Isidro Alazard | Ilustración: Diego Abu Arab
Publicidad

En los últimos meses la palabra therian empezó a circular con fuerza en redes sociales. En TikTok, Instagram, X e incluso programas de televisión empezaron a hacerse virales videos de jóvenes que caminan en cuatro patas, hacen piruetas, usan máscaras e imitan los sonidos de los animales. Es así como se comenzó a visibilizar una identidad que, hasta hace poco, permanecía en los márgenes de internet: personas que se identifican, a nivel simbólico o espiritual, con animales.

Sin embargo, el fenómeno therian tiene antecedentes: comenzó a tomar forma en internet en los años 90 y principios de los 2000, en foros y comunidades digitales alternativas. Ahí se empezó a usar el término therianthropy para describir a personas que sienten una identidad interna no humana.

Pero es necesario resaltar una gran diferencia con el pasado: la hipervisibilidad. Las ya nombradas redes sociales, algoritmos, formatos virales y la cultura influencer convierten lo que antes era íntimo en contenido público. La identidad deja de ser solo experiencia y pasa a ser narrativa, performance y discurso.

Para conocer más de este grupo de personas, La Mala dialogó con la licenciada en psicología María Elisa Benetti, quien definió al fenómeno therian como “una experiencia identitaria” y rechazó que se hable de que estos jóvenes tengan algún tipo de trastorno: “Desde la psicología no se asume automáticamente que estamos frente a un trastorno, el enfoque es académico, clínico y no patologizante. Es muy importante poder conocer de qué se trata, porque lo desconocido suele generar, a través de la ansiedad individual y social, miedo y rechazo solo por ser nuevo y no normativo”.

“Estamos hablando de una experiencia subjetiva de identidad, y si hablamos de subjetividades sabemos que cada situación es diversa y que la generalización solo puede hacerse con fines explicativos”, aclaró la profesional, al tiempo que aclaró que “un therian no cree literalmente que su cuerpo sea el de un animal, sino que se identifica parcial o profundamente con una especie no humana a nivel psicológico, emocional o espiritual”.

En esta línea, Benetti remarcó que en la mayoría de los casos existe contacto con la realidad. Es decir, la persona sabe que es humana en términos biológicos, no hay creencias delirantes del tipo ‘mi cuerpo es literalmente animal’ y existe flexibilidad cognitiva. Esto es: puede reflexionar sobre su identidad, tolera interpretaciones simbólicas o metafóricas, aunque mantenga su autoidentificación. 

“Un therian no cree literalmente que su cuerpo sea el de un animal, sino que se identifica parcial o profundamente con una especie no humana a nivel psicológico, emocional o espiritual”

“El funcionamiento global está conservado, se sostiene el trabajo, el estudio, los vínculos sociales y existe capacidad de adaptación al entorno. Un therian tiene una percepción interna. Si estos puntos están preservados, no hay base clínica para considerar el therianismo un trastorno”, subrayó la psicóloga.

En esta caracterización, también diferenció al fenómeno con otros cuadros clínicos, como las psicosis, donde hay un delirio estructurado, ausente en la mayoría de casos therian: “A diferencia de los trastornos disociativos, la identidad therian no implica amnesia ni fragmentación del yo; a diferencia de los trastornos de identidad, no hay alternancia de identidades separadas”.

Entonces, ¿cuándo esto sí se vuelve clínicamente relevante?

En este sentido, la profesional indicó: “Es pertinente la consulta en salud mental, no por la cuestión de la identidad therian en sí misma, sino cuando aparece angustia intensa, aislamiento extremo, rigidez identitaria (que bloquea la vida cotidiana) o uso de la identidad como evitación de conflictos psicológicos. Pero ojo: en ese caso, el foco terapéutico es el sufrimiento, no el corregir la identidad”.

En cuanto a la función que cumple psicológicamente la identidad therian, la psicóloga explicó que esta identidad permite mayormente la integración de lo instintivo: “Muchos relatos therian funcionan a modo de ‘contenedores simbólicos’ de impulsos, emociones y respuestas corporales que en un modelo humano normativo no encuentra lugar”. 

“Sus portadores refieren efectos sobre la regulación emocional, ya que la identidad ofrece coherencia narrativa, reduce ansiedad existencial, da sentido a experiencias internas difíciles de nombrar y funciona como un eje organizador del yo, es decir como la persona siente que es”, explicó. 

Según Benetti, el “Therianismo” tiene similitudes y diferencias con otras identidades no normativas, como las identidades queer, las identidades neurodivergentes y las identidades espirituales no hegemónicas. “En todos los casos hay autoidentificación, comunidad, relato de descubrimiento y tensión con la norma social. También tienen diferencias claves: el therianismo no reclama reconocimiento legal, no se basa en la orientación sexual, ni el género, ni en condiciones de salud. Se articula alrededor de la relación humano–animal, no de categorías sociales clásicas”.

“Estamos en presencia de un fenómeno que es inseparable de las comunidades online, los foros y las redes sociales. Los grupos therian establecen criterios de autenticidad, diferencian ‘ser therian’ del ‘roleplay’, generan relatos normativos de experiencia. Esto es clave: la identidad no existe aislada, se valida socialmente”, acentuó la psicóloga. Y continuó: “Esto es muy importante porque podemos hacernos la pregunta acerca de cuáles son los modelos de identidad que como sociedad ofrecemos a los jóvenes. Si te fijas, todo lo que menciono acerca de la identidad vale para cualquier armado identitario”.

“El therianismo no reclama reconocimiento legal. No se basa en la orientación sexual, ni el género, ni en condiciones de salud. Se articula alrededor de la relación humano–animal, no de categorías sociales clásicas”

Por otro lado, en el largo diálogo con La Mala, María Elisa contó que esta estructuración, que puede ser de múltiples formas, es lo que nos permite ser vistos y construir un vínculo con el otro, al tiempo que cuestionó: “Es por eso que me parece que como sociedad debemos preguntarnos qué hace que los modelos animales sean una mejor opción que los modelos humanos”.

“Los modelos identificatorios tradicionales (como familia nuclear rígida, roles sociales fijos, profesiones típicas, normas culturales uniformes) se han debilitado y pierden fuerza en la sociedad actual. Esto tiene efectos psicológicos y sociales profundos en los jóvenes, especialmente en el desarrollo de la identidad durante la adolescencia. Cuando esto sucede los jóvenes tienden a explorar una gama más amplia de identidades posibles, por ejemplo: roles de género flexibles, múltiples estilos de vida, diferentes orientaciones y formas de verse a sí mismos. Este proceso puede ser enriquecedor porque es expansivo y creador, pero también más complejo y menos seguro emocionalmente”, expuso Benetti.

ESTIGMA, REDES Y DISPUTA POR “LO NORMAL”

Benetti advirtió que algunos enfoques en salud mental señalan riesgos posibles vinculados a la sobre-esencialización del self (‘yo soy así porque soy X animal’), el cierre de otras alternativas identitarias que faciliten la adaptación a la vida cotidiana y la dependencia excesiva de comunidades online. Sin embargo, aclaró que toda identidad conlleva riesgos de rigidez y que eso no invalida su legitimidad: “El problema no es la identidad, sino la falta de acompañamiento crítico”.

Desde una perspectiva profesional, la pregunta central no sería “¿es verdadero?”, sino “¿cómo opera esta identidad en la vida de la persona?”; qué permite, qué restringe, qué recursos ofrece y qué límites produce.

La viralización del fenómeno ha generado un mar de lecturas superficiales, confusas y estigmatizantes. En redes sociales proliferan interpretaciones que reducen la identidad therian a lo “raro”, “extravagante” o “bizarro”, habilitando burlas, violencia simbólica y discursos de desprecio hacia quienes se identifican de este modo.

En esta línea, la psicóloga señaló que resulta especialmente llamativo el tipo de impacto emocional que generan estos fenómenos en comparación con otras noticias sociales: “Hay contenidos que provocan más reacción que noticias vinculadas a asesinatos, privación de derechos o abusos infantiles”. En ese marco, las redes funcionan como espacios donde el odio puede expresarse casi sin filtros, operando como descarga de frustraciones, violencias y malestares individuales.

“En redes sociales proliferan interpretaciones que reducen la identidad therian a lo “raro”, “extravagante” o “bizarro”, habilitando burlas, violencia simbólica y discursos de desprecio hacia quienes se identifican de este modo”

“Aparece el estigma, como una respuesta negativa hacia características, identidades o comportamientos considerados atípicos o fuera de la norma social. Cuando una persona o grupo es percibido como diferente, puede ser etiquetado como anormal o inferior, lo que lleva a prejuicios, rechazo e incluso violencia simbólica o física. Este proceso no depende tanto de si la identidad therian es dañina o no, sino de cómo la mayoría social define lo que es normal”, explicó la psicóloga.

“Las identidades que se desvían de las expectativas culturales pueden percibirse como una amenaza a la visión dominante de qué es ser humano o qué formas de identidad son válidas. Según teorías de psicología social, cuando un grupo desafía categorías sociales ampliamente aceptadas, la mayoría puede experimentar una amenaza a su identidad social y reaccionar con hostilidad o rechazo como forma de reafirmar sus propias normas”, sintetizó. 

Paralelamente (y afortunadamente), según la profesional, existen espacios de apoyo y pertenencia con redes y foros donde los jóvenes pueden compartir su experiencia, encontrar apoyo emocional y explorar su sentido de identidad sin juicio externo. “Esto puede ser muy valioso teniendo en cuenta la falta de comprensión de estas identidades en el entorno social externo”, concluyó Benetti.